miércoles, 29 de febrero de 2012

EL CORAZÓN (XV)

EL PRIMER TRASPLANTE

HOSPITAL DE LA SANTA CREY I SANT PAU
Septiembre de 1981;el Dr. Juan Nolla, director médico del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, organizó una reunión de médicos interesados en trasplantes de órganos para decidir la estrategia a seguir por el centro. Participaban urólogos y nefrólogos de la Fundación Puigvert, y algún cirujano general, todos habían expresado con anterioridad al Dr. Nolla el deseo de realizar un programa de trasplante de corazón.



Se habló de muchas cosas, pero en el recuerdo está que el Ministerio de Sanidad había solicitado que se le informara del tipo de trasplantes que se querían realizar en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau para poder autorizarlos.

Se solicitó permiso para realizar trasplantes de corazón y nunca se recibió un no por respuesta. La comisión de trasplantes se reunió periódicamente, y en la reunión de finales de 1983 se hizo saber que se estaba ultimando los detalles para, en un futuro próximo, iniciar un programa propio de trasplantes de corazón.

Lejos quedaban los intensos trabajos en el laboratorio de cirugía experimental en perros que el Dr. Antonio Caralps i Massó, había montado con el dinero de su bolsillo, dinero particular, en unas habitaciones de los sótanos del Sanatorio de Terrassa, hospital al que acudía por las mañanas para practicar cirugía pulmonar y cardíaca.

Antiguo Sanatorio de Terrassa
En el recuerdo está que se iba al sanatorio los martes y jueves. Se empezaba a operar a las 6:30 de la mañana, lo que, en el año 1966, quería decir que se salía de Barcelona a las 5:30 de la madrugada. Por la mañana se operaban pacientes y por las tardes se acudía al laboratorio para realizar trasplantes de corazón y de pulmón en perros.

Aparte del Dr. Caralps i Massó, venían los doctores Alonso Segura y Ferrer Recuero, compañeros de curso y amigos, que siguieron ayudando cuando en junio de 1967, el Dr. Josep Mª Caralps hijo se fue a EEUU, recién casado, para iniciar la especialización en cirugía cardíaca.

Es obligado mencionar a dos personas sin cuyo concurso entusiasta  hubiera sido del todo imposible llevar a cabo aquellos experimentos: Kiko, técnico de quirófano y un trabajador incansable que hacía las anestesias, rasuraba y preparaba a los perros para la intervención; y Manuel, que se encargaba de procurar animales abandonados para realizar los experimentos y, junto a Kiko, de cuidarlos después de la intervención.

Se hicieron docenas de experimentos y se despertó allí un interés especial hacia los trasplantes de corazón que no les ha abandonado nunca. Tuvieron la fortuna de poder hacer que aquel sueño se convirtiera en realidad.

En EEUU. el Dr. Josep Mª. Caralps asistió en New York en el Maimonides Medical Center a la realización del segundo y del cuarto trasplante de corazón en humanos. Desgraciadamente no tuvieron éxito. Ambos pacientes fallecieron a las pocas horas de finalizar la operación.

Maimonides Medical Center de New York
Durante bastante tiempo se colaboró con el laboratorio de cirugía experimental del citado hospital con el Dr. Yasunori Koga, un cirujano japonés que realizaba en cachorros de perro dos trasplantes de corazón diarios de lunes a jueves. Con él se desarrolló una técnica de preservación de injertos de corazón que se publicó en la revista Experimental Medicine and Surgery. Para mantener el entrenamiento del equipo de trasplantes, el hospital organizó un programa de resucitación de corazones de donantes. Se iban a buscar en ambulancia a los hospitales de la ciudad, y a otros de zonas vecinas, se trasladaban al Maimonides y se intentaba resucitar los corazones con la técnica que desarrolló el Dr. Koga y otros.

Dr. Yasunori Koga (derecha)
Pero el fracaso de los trasplantes realizados fue el detonante para que las autoridades del hospital iniciaran una serie de acciones encaminadas a expulsar al Dr. Kantrowitz, director de cirugía y autor y alma del programa de trasplantes de corazón del Maimonides Medical Center. Aquella época acrecentó el interés por los trasplantes de corazón.

Dr. Kantrowitz

Al regreso del Dr. Josep Mª Caralps a Barcelona, comenzó a leer, estudiar y reestudiar todo lo que se había publicado al respecto; anotaba los detalles que le parecían más relevantes y empezó a ordenar todas sus ideas en un esbozo de protocolo que requería, para finalizarlo, acudir a algún centro europeo donde se realizaran trasplantes de forma periódica. 

Hospital La Salpêtrière (París)
Sólo había dos centros de prestigio en Europa: el hospital La Salpêtrière, en París, y los hospitales ingleses Harefield, en Londres, y Pagworth, en Cambridge. 

Harefield Hospital (Londres)
Pagworth Hospital (Cambridge)
El Dr. Caralps hijo conocía al Dr. English, director del programa en Cambridge, y como su inglés era mejor que su francés, se inclinó por Papworth. Escribió una carta al Dr. English explicándole sus intenciones, le envió su currículum y esperó su respuesta. Recibió su contestación muy de prisa aceptándole en su servicio para que conociera cómo estaba organizando un programa de trasplantes, asistiendo, si podía, a una intervención y seguir, de este modo, los pormenores del curso postoperatorio.

Llegó a Papworth a mediados de febrero de 1984. Tras una breve conversación de bienvenida, el Dr. English le pidió que a la mañana siguiente, si no tenía ningún inconveniente, les acompañara a él y al Dr. Wallworth al Humana Hospital de Londres, donde los martes intervenían a pacientes alemanes de bypass aortocoronario, dadas las largas listas de espera que había en Alemania. El Dr. Caralps hijo le dijo que iría encantado. Se despertó a las 5:00 de la mañana y a las 6:00 salió con el coche del Dr. Wallworth. En Londres les ayudó en las intervenciones que practicaron. Estaban cerrando al último paciente cuando llamaron de Papworth para comunicar que estaba en marcha un trasplante, que el donante estaba en Londres y que se fijaba la hora de extracción a las 19:00 horas. El Dr. English decidió que ambos realizarían la extracción y el Dr. Wallworth volvería a Papworth para realizar la implantación del injerto.

Fueron al Hospital Neurológico de Wimbledon. La donante era una mujer joven con muerte cerebral tras una caída desafortunada montando a caballo por Hyde Park. Mientras se preparaba la intervención, el Dr. Caralps hijo pesó en lo afortunado que había sido al poder asistir a un trasplante nada más llegar a Inglaterra y poder participar activamente en la extracción, que iba a ser múltiple: riñones, hígado y corazón.

El Dr. English le explicó y puso en práctica los pormenores más importantes de la operación  para obtener el corazón en una extracción múltiple. Más tarde, un Rover de gran cilindrada de la policía londinense los llevó de vuelta con el corazón a Cambridge. Pasó mucho miedo, pues hicieron el trayecto en unos 45 minutos, a unos 200 km/h. Tras una curva en la que chirriaron todos, neumáticos incluidos, el Dr. English le preguntó al policía cuánto hacía que no cambiaba las ruedas: no fue el único que tuvo miedo aquella noche. Llegaron sanos y salvos y se realizó el trasplante. El Dr. Caralps hijo se quedó en el quirófano hasta que finalizó la intervención, memorizando todos los detalles que le parecieron relevantes para transcribirlos después en la libreta en la que anotaba todo lo que creía importante para una intervención con éxito. Permaneció una semana más en Papworth analizando, estudiando y tomando notas del postoperatorio. Dos días antes de volver, Carmina, su esposa, le llamó para decirle que en Barcelona se había hecho el primer trasplante de hígado con éxito, por los doctores Jaurrietas y Margarit. Se alegró mucho. Al volver a Barcelona finalizó el protocolo.

A primeros de marzo asistió a la reunión del comité de trasplantes del Hospital de San Pablo. Les comunicó que había hablado con todos los servicios del hospital que tendrían que arropar el trasplante y que todos estaban de acuerdo en colaborar y que además lo harían desinteresadamente. Les informó de que en menos de un mes se iniciaría la búsqueda de un receptor en el Servicio de Cardiología, y que contaríamos con el total apoyo del Dr. García Moll, jefe del Servicio de Cardiología, y del Dr. Antonio Oriol, jefe de Hemodinámica, que tendría un papel más que relevante en el postoperatorio de los pacientes.

También hizo una afirmación que creía imprescindible: si algún otro servicio de cirugía cardíaca del país iniciaba un programa de trasplantes de corazón antes que el Hospital de San Pablo, se pararía el programa. Un solo programa era más que suficiente, sobre todo al principio, para adquirir experiencia y monopolizar una técnica que requería tanto esfuerzo. También hizo la observación de que se iniciaba un programa de trasplantes de corazón, no que se hacía un trasplante, y que, por tanto, si el primer paciente fallecía en la intervención, el programa seguiría adelante. Todos estuvieron de acuerdo.

Los responsables de la Unidad Coronaria y del Servicio de Cuidados Intensivos sabían que si llegaba un paciente con enfermedad cardíaca no tratable por métodos convencionales, se pondrían en contacto con el Dr. Caralps hijo para evaluar la posibilidad de considerarlo un receptor adecuado.

El Dr. Caralps hijo habló con los responsables de trasplantes de los diversos hospitales de Barcelona para hacerles partícipes de los propósitos del programa de trasplante de corazón y solicitarles que les avisaran cuando tuvieran pacientes con muerte cerebral que pudieran ser donantes de corazón.

Hospital Clínic de Barcelona

Tuvo una conversación con el Dr. Jordi Vives, jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona, que realizaba los emparejamientos de donante y receptor de todos los trasplantes de riñón e hígado que se realizaban en Barcelona, y le prometió su colaboración.

A finales de abril ingresó en la Unidad Coronaria un paciente de 33 años afectado de una miocardiopatía dilatada, una enfermedad que no podía tratarse por medios convencionales. Fue a verlo y le explicó que la única posibilidad de volver a poder hacer una vida normal y evitar una muerte cercana era mediante un trasplante de corazón. Todavía recuerda cómo le miró y le preguntó qué posibilidades tenía de sobrevivir y cuántos trasplantes había hecho. Le contestó que ninguno, pero que si él ponía su confianza en el equipo y confiaba en su destino, el equipo entero estaba seguro de que todo saldría perfecto. Le dijo que se lo pensara y de inmediato le contestó que no tenía nada que pensar, que como su enfermedad no tenía otra solución, que adelante, que lo consideraran un receptor. Hicieron todas las pruebas y análisis pertinentes; no había contraindicaciones.

Volvió a ponerse en contacto con aquellos que podrían recibir posibles donantes y llamó de nuevo al Dr. Vives, esta vez para decirle que tenían un receptor y que le harían llegar la sangre para realizar un emparejamiento (matching) en caso de que llegara un donante adecuado. Empezó la espera.

Hospital Universitari de Bellvitge

El día 8 de mayo, estaba en su despacho cuando la secretaria, Isabel, le comunicó que un tal Dr. Vives quería hablar con el Dr. Caralps hijo. Jordi le dijo que había un donante en el Hospital Universitari de Bellvitge cuya familia había donado los riñones y el hígado y que era adecuado para Juan Alarcón; que se pusiera en contacto con los responsables de trasplante renal del Hospital Universitari de Bellvitge para que solicitaran también la donación del corazón. LLamó al Dr. Griño, nefrólogo, y le solicitó que hiciera el favor de pedirle a la familia la donación del corazón. Le respondió que así lo haría y que se pusiera en contacto con el Dr. Jaurrieta, que realizaría la extracción del hígado, por si había algún problema logístico que desaconsejara la extracción del corazón.

Habló con el Dr. Jaurrieta y éste aseguró que no tenía ningún inconveniente. Hizo la observación, sin embargo, de que sería una extracción múltiple, la primera en España, y que quizá lo ideal para el primer trasplante de corazón sería un donante exclusivo de este órgano. Le agradeció la sugerencia, pero contestó que el receptor que disponían se estaba deteriorando y que quizá no llegara otro donante a tiempo.

El Dr. Griño obtuvo una respuesta positiva de la familia y la extracción múltiple empezó a las 6:00.

Se comunicó entonces con el Dr. Casas, de Anestesia, y con los responsables de la UCI y organizó con los cirujanos cardíacos la táctica más adecuada. El Dr. Oriol Bonnín se desplazaría al Hospital Universitari de Bellvitge para dirigir la extracción con un equipo de cirujanos y enfermeras.

Avisó al Dr. Bonnín de que negociara con los cirujanos generales para que fueran generosos y no castigaran mucho la anatomía del corazón al extraer el hígado y que, como estaba previsto, en cuanto viera el corazón nos dijera cómo era la contracción. Debía volver a llamarlos al iniciar la extracción para que el Dr. Caralps hijo pudiera empezar la intervención en el receptor y evitar retrasos en la sutura del nuevo corazón.


Aquel día se aprendieron muchas cosas, sobretodo que los horarios no existen en los trasplantes. La extracción se fue retrasando y las enfermeras que iban a participar en la intervención mataron la espera de muchas maneras, incluso jugando al parchís.

Había hecho bajar al antequirófano a Juan Alarcón (receptor del corazón). Se tenía que iniciar una medicación con control cardiológico y hemodinámico estricto y el Dr. Casas y su colaborador, el DR. Reñe, le colocaron las vías y los controles necesarios al paciente.

Cada vez que sonaba el teléfono se tenía la esperanza de que fuera el Dr. Bonnín, pero la llamada tan esperada no se produjo hasta las 21:00 hores de la noche: el corazón estaba bien.

A las 22:30 les avisaron de que el equipo extractor estaba a punto de intervenir. Se entró a Juan Alarcón al quirófano. El Dr. José M. Padró le ayudó a abrir al paciente y a establecer la circulación extracorpórea una vez extirpado el corazón enfermo de Juan. Posteriormente, el Dr. Bonnín le ayudó a suturar el nuevo corazón. La intervención se desarrolló según lo previsto: se tardó 57 minutos en suturar el nuevo órgano en su sitio. Al restablecer la circulación en el corazón trasplantado, éste empezó a latir espontáneamente y la intervención finalizó sin ningún problema.

Los doctores García Moll y el Dr. Oriol, fueron para darles su apoyo, y todos junto al equipo mostraron una alegría inmensa por el éxito y por las posibilidades que se abrían para Juan Alarcón. No se hicieron fotos. Llamó al Dr. Nolla, el director médico, para explicarle el éxito de la intervención y dio las gracias a todos los colaboradores porque sin ellos no hubiera sido posible realizar el trasplante de corazón. 


Se quedó al lado de Juan Alarcón toda la noche, con el Dr. Bonnín y el Dr. Casas. A la mañana siguiente, Juan Alarcón estaba consciente y contento.

Se había hecho realidad un sueño a base de fe, trabajo y compromiso. Habían conseguido reiniciar en Barcelona y España una técnica que con los años iba a modificar la vida de muchos pacientes que carecían de esperanza sin ella.

Habían abierto una puerta a la ilusión, que sigue estándolo hoy y continúa generando esperanza, sobre todo, vida. 27 años después de aquel primer trasplante, todavía se ven a pacientes que recibieron un corazón nuevo hace 25 o 26 años y que siguen llevando una vida absolutamente normal.

Valió la pena, a pesar de todas las piedras que se fueron poniendo en el camino tanto al Dr. Caralps hijo como al programa.

Programa que no hubiera sido lo que fue y es sin el apoyo total, desinteresado y completo de los doctores Manuel Ballester y Damià Obrador, que se encargaron de hacer el seguimiento de los paciente, de estudiarlos minuciosamente y de analizar todas las reacciones que presentaron. Todos los estudios que ellos llevaron a cabo y publicaron en las mejores revistas de la especialidad, en muchos casos como primicias mundiales, sirvieron para dar un amplio reconocimiento tanto al programa como al Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.

Pero, hay cosas que van más allá de un cambio de órganos. Hoy se sabe que existen cambios de actitud a muchos niveles en los receptores, que son exactos a los que exhibían los donantes antes de morir.

Son estudios difíciles de realizar, pero las coincidencias que se han observado en un conjunto de 74 pacientes trasplantados no pueden atribuirse de forma exclusiva a alteraciones inducidas por la medicación o a variaciones en el estado de ánimo.

En la Universidad de Arizona, se llevan a cabo estudios con más de 300 trasplantados para esclarecer aún más este fenómeno de coincidencias entre donantes y receptores, especialmente en los trasplantados de corazón. La teoría de que las células de este órgano poseen memorias, y que éstas se transmiten electromagnéticamente del corazón al cerebro, es el punto de partida de este estudio que, si fructifica, representará una verdadera revolución en el ámbito de la fisiología y de la medicina clínica.

Será verdad, como creen los hawaianos, que el corazón "es un órgano espiritual que piensa, siente y se comunica". Será verdad que existen sentimientos más allá del cerebro.



Autor: Dr. Josep Maria Caralps Riera. Director de la Unidad de Cirugía Cardíaca del Hospital Quirón, desde 1995. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona. Académico numerario de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Catalunya (1994). Entre los años 1984 y 1985 dirigió y realizó el primer trasplante de corazón con éxito en España, así como el primer trasplante heterotópico de corazón del país. Tras su paso entre 1967 y 1974 por EEUU., fue cocreador y jefe de la Unidad de Cirugía Cardíaca y del Departamento de Cardiología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. Asimismo fue presidente de la Sociedad Europea de Trasplante Cardíaco entre los años 1988 y 2000. Con más de 130 publicaciones, el Dr. Caralps ha sido distinguido con numerosos premios, entre los que destacan el Abraham Mandelberg Fellowship Award (Centro médico de Brooklyn, 1970), la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad (1986), el premio Boi de la Sociedad Española de Cardiología (1987 y 1991) y el Premio Fenin a la Innovación Tecnológica (2010). Pero el mayor premio es el agradecimiento de todos aquellos pacientes que pudieron seguir sus vidas gracias a su fe, su trabajo y su tenacidad.

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