domingo, 19 de febrero de 2012

EL ESTREÑIMIENTO Y LA DIARREA (II)

¿QUÉ ES LA HALITOSIS?



El mal aliento, o halitosis, se define como cualquier olor molesto de la boca. Se trata de un problema sin duda leve, pero de importancia no desdeñable, ya que es desagradable para el paciente y también para las personas que conviven con él, y conlleva serias consecuencias sociales. Puede provocar problemas de pareja, tensión con los compañeros de trabajo y crear inquietud, aislamiento social e incluso verdaderos estados de ansiedad a quien lo padece.



Por otro lado, hay que diferenciar entre mal aliento y mal gusto o mal sabor de boca, conceptos que a veces pueden confundirse. El mal aliento es el mal olor de la boca, un olor que perciben más bien las personas más próximas que el propio paciente. El mal aliento se produce en todas las edades, desde adolescentes hasta la tercera edad.

¿QUÉ PUEDE PRODUCIR HALITOSIS?

Alimentos o bebidas

Alimentos como ajos, cebollas y curries (guisados hechos con curry, típicos de la cocina oriental) pueden provocar mal aliento. El ajo y la cebolla, si se toman crudos, provocan un aliento fuerte e inconfundible que, a veces, es desagradable. La halitosis se produce porque los alimentos que se ingieren se absorben por el intestino delgado y sufren una serie de transformaciones químicas que llegan a la sangre. Algunos de sus productos metabólicos alcanzan los pulmones, donde son expulsados con el aire expirado en la respiración y desprenden su olor característico.



Tabaco y alcohol



Es conocido el mal aliento de los fumadores. Además, los fumadores tienen más posibilidades de enfermedad periodontal (enfermedad de las encías). El alcohol también provoca mal aliento. Con todo, el mal aliento producido por alimentos, alcohol o tabaco desaparece al cabo de unas horas y puede ser disimulado, pero no eliminado, con enjuagues o inhalación de preparados refrescantes de boca.



Algunas enfermedades

Son infrecuentes las halitosis debidas a problemas gástricos o intestinales (5-8%: estenosis esofágicas, vaciado gástrico lento, estenosis gástricas, etc...), a enfermedades de nariz (2%: sinusitis, amigdalitis, etc...), y a enfermedades pulmonares (2%: bronquitis crónica, bronquiectasias, abscesos pulmonares, etc...).

También puede aparecer halitosis como signo acompañante de algunas descompensaciones de enfermedades crónicas, por ejemplo, en pacientes diabéticos mal controlados o de difícil control, en los que el aliento tiene el olor característico de la llamada "acetona"; en pacientes con hepatopatía crónica severa (cirrosis descompensada), en los que se produce la llamada encefalopatía hepática, que habitualmente va acompañada de un olor especial y típico llamado "fetor hepático", que desaparece al mejorar esta complicación, y en pacientes con importante insuficiencia renal, con el típico "fetor urémico".

Sin embargo, la mayoría de las halitosis (85-90%) se producen en la boca.



La halitosis es provocada por la descomposición, en la boca, de restos de alimentos, células, sangre y componentes de la saliva, que llevan a cabo las bacterias presentes en la boca (encías, lengua, etc...), que producen compuestos sulfúricos volátiles, gases de olor desagradable y son responsables del mal aliento.

Estos gases (metionina, fisteina y cistina) se mezclan con el aire cuando se habla o simplemente se abre la boca y se expulsan al respirar, generando aliento desagradable. Una higiene bucodental inadecuada es la causa principal de la halitosis, aunque hay personas que mantienen una higiene correcta de su boca y, no obstante, padecen mal aliento.



Si no se cepillan los dientes ni se usa el hilo dental diariamente o el chorro de agua a presión, hay partículas de alimentos que se quedan en la boca, sobre todo entre los dientes, alrededor de las encías y sobre la lengua. La placa dental es una película fina e incolora de bacterias que se sitúa en los dientes, descompone los restos alimenticios y produce una serie de sustancias que irritan las encías. Es la primera etapa de la enfermedad periodontal o gingivitis (enfermedad de las encías).

Enfermedad periodontal o gingivitis
(enfermedad de las encías)

Por tanto, la mala higiene dental ayuda a la instauración de gingivitis o inflamación de encías, y puede afectar al hueso y a otras estructuras de soporte de los dientes. Además, la gingivitis es un terreno abonado para que se mantengan las bacterias que degradan los restos de alimentos y otros elementos (células de la mucosa bucal, saliva, etc...) responsables de la producción de productos volátiles derivados de sulfuro, que son los causantes del mal aliento. La halitosis se ve favorecida en pacientes que sufren xerostomía (boca seca), que ocurre cuando hay disminución en la secreción de saliva. La saliva es necesaria no tan sólo en la masticación, mezcla y primera parte de la digestión de los alimentos, sino también para limpiar la boca y remover las partículas que pueden causar mal aliento.

¿TIENE ALGÚN PAPEL LA LENGUA EN LA HALITOSIS?

lengua saburral

Las bacterias implicadas en la halitosis también pueden acumularse en la lengua, sobre todo en la denominada "lengua sucia" o "lengua saburral". El cepillado dental y los enjuagues bucales de la mayorías de nuestros conciudadanos pasan frecuentemente por alto esta zona, por lo que la lengua se convierte en un refugio excelente para las bacterias, que se colocan en y entre las papilas gustativas. Las bacterias presentes también tienen la facultad de descomponer proteínas de los restos alimenticios, de las células descamadas, etc., con posibilidad de provocar los gases implicados en la halitosis.



Así pues, la higiene de la lengua es básica para personas que padezcan halitosis y para las que  un simple cepillado de dientes no sea suficiente para acabar con el mal aliento. El cepillado de la lengua, menos habitual que el cepillado de dientes, debe ser tenido muy en cuenta por los pacientes con halitosis.

¿CÓMO SE PUEDE DIAGNOSTICAR LA HALITOSIS?

La halitosis se diagnostica hoy en día igual que hace siglos, es decir, a través de su percepción por parte de familiares directos o del propio personal sanitario (médico y enfermera). Es obvio que este diagnóstico es subjetivo y muy difícil de cuantificar.

Así pues, frente a la subjetividad de diagnosticar la halitosis a través de una evaluación "humana", actualmente se pueden utilizar algunas técnicas para detectar el mal olor de boca, consistentes en la medición de los gases sulfurosos, responsables de la mayoría de las halitosis, a través de cromatógrafos de gases o monitores portátiles. Sin embargo, esta técnica se utiliza de forma muy esporádica y en caso de duda.

Hay que considerar que hay pacientes, y este hecho no es infrecuente, obsesionados con su "halitosis", cuando en realidad ésta no existe. Es una forma de hipocondría conocida como "halitosis engañosa o ilusoria", que consiste en que el paciente cree tener mal aliento. Este problema, en realidad inexistente, puede llegar a convertirse en una obsesión que a veces es tan acusada e importante que para su corrección es necesaria ayuda psicológica.

¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR 
(PROFILAXIS) LA HALITOSIS?



La prevención y el tratamiento más efectivo y seguro de la halitosis es una higiene bucodental correcta, que debe incluir: el cepillado regular de los dientes (ideal después de desayuno, comida y antes de acostarse), pasar el hilo dental por la dentadura (ideal una vez al día) y la limpieza de la capa de recubrimiento de la lengua, mediante un cepillado dirigido sobre todo a la parte posterior de la lengua (la más profunda), que es donde se suele acumular la saburra (capa blanquecina que da el típico aspecto de "lengua sucia").



Las visitas regulares al dentista permitirán, mediante la limpieza de la boca, prevenir la enfermedad periodontal y tratar las caries si las hubiere. También permitirán un diagnóstico precoz de gingivitis y, por tanto, un tratamiento precoz y más eficaz.



¿CÓMO SE PUEDE TRATAR LA HALITOSIS?

Sabiendo que la boca es la causa de casi el 90% de los pacientes con halitosis, es el dentista el primer profesional sanitario a consultar. En el caso de que detecte algunos de los procesos patológicos que hemos descrito (fundamentalmente gingivitis o inflamación en las encías) y, sobre todo, si detecta algún proceso infeccioso, el tratamiento local y el antibiótico por vía general que el profesional prescribirá ayudan a la resolución de la halitosis. Sin embargo, muchas veces el dentista no detecta patología bucal clara y entonces indicará la mejor forma de conseguir una buena higiene bucodental, de acuerdo con los consejos descritos en el apartado de profilaxis.



Es importante recordar el cepillado de la lengua, que completa el cepillado de dientes y encías. El cepillado de la lengua se puede realizar con el mismo cepillo de dientes o con cepillos específicos raspadores o limpiadores de lengua. Ambas cosas se han demostrado útiles para disminuir o eliminar la lengua suburral, lo que consigue descender el número de bacterias y también la producción de los gases sulfúricos responsables del mal aliento.



La limpieza de la lengua se puede hacer simplemente con el paso del cepillo (no hacerlo demasiado fuerte para no dañarla), al que se puede añadir algún antiséptico. También son recomendables los enjuagues bucales que eliminan las infecciones y que ayudan a disminuir la placa dental. Algunos de los más utilizados son: Oraldine, Betadine, Denticelso, Givalex, Lema Ern, etc... Además, las personas con tendencia a padecer mal aliento deberán evitar en la medida de lo posible el tabaco, beber alcohol en exceso y alimentos como el ajo y la cebolla cruda.



Los chicles, las pastillas refrescantes y los productos similares son sólo una medida de urgencia que ayudará a disimular el mal aliento durante un período limitado de tiempo. Los productos refrescantes del aliento tienden a ser bactericidas, por lo que son positivos, pero no son la solución al mal aliento; pueden ser útiles en casos de urgencia: ante una entrevista de trabajo, reunión, conferencia, acto público,..., pero solamente mitigan los efectos de la halitosis, no la solucionan. La higiene bucodental correcta (cepillado de dientes y de lengua) es la medida más eficaz para acabar con el problema, que puede complementarse con enjuagues de antisépticos.



Si con estas medidas no se consigue la eliminación de la halitosis, entonces debemos acudir a nuestro médico de confianza, que intentará averiguar la causa que produce la halitosis o nos remitirá al especialista correspondiente cuando lo considere oportuno y dependiendo de la sospecha diagnóstica.

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