viernes, 17 de febrero de 2012

LA GRIPE (II)

EL RESFRIADO ASESINO



La gripe se transmite de un individuo a otro gracias al hecho de que el virus viaja en las gotas de saliva. 



A parte del contagio directo si estamos cerca de un enfermo cuando tose o estornuda, también nos podemos infectar dando la mano o tocando cualquier superficie contaminada y después tocándonos la nariz, la boca o los ojos.



La razón es que el virus puede sobrevivir fuera del cuerpo humano hasta 24 horas. Después de un período de incubación, que puede ser de días o hasta una semana, comenzará la enfermedad propiamente dicha. Hemos de tener presente que una persona suele ser contagiosa sólo mientras le duren los síntomas de la enfermedad.



No sabemos aún por qué la gripe puede llegar a ser mortal en un porcentaje pequeño de casos. Una de las teorías es que el virus paraliza las defensas, cosa que facilita que aparezcan infecciones simultáneas, como por ejemplo, una neumonía. Serían estas otras infecciones las que, en realidad, acabarían matando al enfermo. Se especula que hasta un tercio de las muertes por neumonía en niños menores de dos años en África podrían ser consecuencia de la gripe. Si se llega a confirmar esta teoría, el número total de muertes por gripe aumentaría las estadísticas, ya que la neumonía es la enfermedad que más víctimas infantiles causa: hasta dos millones cada año.

También se ha propuesto que la causa de la muerte puede ser por los motivos contrarios, por la llamada "tempestad de citoquinas": una activación exagerada y descontrolada del sistema inmunitario que puede atacar a los pulmones de forma irreversible. 



Las citoquinas son sustancias químicas que el cuerpo libera para "despertar" nuestras defensas cuando llega un invasor. Si se fabrican más de las necesarias se produce una reacción inflamatoria excesiva y una acumulación de células y líquidos en los lugares equivocados, cosa que puede llegar a bloquear la función de nuestros órganos y, en casos extremos, matarnos. Se ha visto que algún virus (como el H5N1 de la gripe aviar o el de la gripe de 1918) tienen especial habilidad para desencadenar esta reacción. Es por esto que afectan sobretodo a gente joven con el sistema inmunitario intacto, a diferencia de la mayoría de tipos de virus de la gripe, que hemos visto que causan efectos más severos en personas con las defensas poco activas.

Finalmente, se sabe que una dieta deficitaria puede contribuir a un peor reacción del virus. En estudios realizados en animales de laboratorio se ha visto que si se les recortan las calorías que ingieren, en al menos el 40% mueren más fácilmente cuando se les infecta. Además, los que sobreviven tardan más en recuperarse. La razón es, otra vez, una debilidad del sistema inmunitario. Es, por tanto, importante estar en las condiciones más óptimas cuando comienza la temporada de la gripe.

UNA ENFERMEDAD DE INVIERNO



Es sabido que el riesgo de contraer una gripe no es igual todo el año, sino que la enfermedad aparece cíclicamente. Estos brotes aparecen alrededor del mundo y siguen una pauta que se llama estacional: comienzan puntualmente en el invierno, con la llegada del frío, y acaban alrededor de la primavera. Es un ritmo conocido ya desde la antigua Grecia, y gracias a ello podemos preparar las vacunas y otras estrategias para hacer que el impacto sea más leve.

¿Qué causa que la gripe siga este patrón?



Según estudios recientes realizados por científicos del Hospital Mount Sinaí de New York, el virus es más estable y por tanto más infeccioso cuando las temperaturas y la humedad son bajas, condiciones propias de los mesos más fríos. Otras razones que podrían contribuir son el hecho que en el invierno la gente tiende a pasar más tiempo en lugares cerrados que no en lugares exteriores, cosa que facilitaría el contacto y la transmisión. También podría influir una bajada teórica de la eficacia de nuestro sistema inmune a causa del frío y de la falta de melatonina y vitamina D que obtenemos del sol. Ninguna de estas teorías explica por qué se ven casos de gripe en climas tropicales, así que seguramente existen otros motivos aún desconocidos.



Pero el gran peligro para los seres humanos no viene de los brotes invernales. Cada cierto tiempo, y de forma totalmente imprevisible, aparece una pandemia global. Estas pandemias no suelen seguir los mismos patrones: la primera ola de la gripe de 1918 en Dinamarca fue en pleno verano, por ejemplo. Suelen estar causadas por formas mucho más agresivas del virus, que se transmiten más rápidamente y que pueden ser responsables de otra mortalidad. Aunque el número de víctimas que deja la gripe estacional cada año no es menospreciable, no se puede comparar con la devastación que puede causar una de estas pandemias si se dan las condiciones adecuadas.

BROTES AGRESIVOS



Sólo en casos muy concretos la gripe estacional provoca brotes especialmente agresivos, que suelen ser más propios de las gripes pandémicas. Por ejemplo, en julio de 2002, el 70% de los 2.160 habitantes del pueblo de Sahafata, en Madagascar, contrajo la gripe de la temporada y murieron 27 personas. Debido a un complejo conjunto de problemas sociales y sanitarios y el hecho de que fuese un invierno especialmente frío contribuyeron al alto porcentaje de contagio.



POR FIN TENEMOS TRATAMIENTO

Durante muchos siglos hemos estado totalmente a merced de la gripe. No podíamos hacer gran cosa que no fuese tratar los síntomas y esperar que la enfermedad completase su curso. No hace mucho tiempo que hemos descubierto una serie de fármacos que atacan el virus de una forma bastante efectiva para reducir considerablemente las complicaciones de la infección. Estos antivirales matan al virus bloqueando específicamente proteínas imprescindibles para su supervivencia.



El principal tratamiento contra la gripe es el oseltamivir, conocido por su nombre comercial, Tamiflú, que ataca la neuroamidasa del virus. Para fabricar el Tamiflú hay que usar un componente natural, el anís estrellado, que no se encuentra fácilmente, y esto hace que no se pueda obtener tanto como se quisiera. Se está estudiando la manera de sustituirlo por uno sintético para realizar que el proceso de producción sea más rápido y efectivo.



El zanamivir (comercialmente como Relenza) es otro fármaco del mismo grupo, menos eficaz pero también con menos efectos secundarios. Mientras que el Tamiflú es una pastilla, el Relenza se administra en forma de espray nasal. Puede parecer sorprendente que hace diez años no existiese ninguno de estos medicamentos tan importantes: se presentaron en sociedad en 1998 y en Europa se comenzó a usar en 1999.



Como era previsible, han aparecido virus que sobreviven a los fármacos. Hasta 2007, las resistencias al Tamiflú eran raras. Pero al principio de la temporada 2008-2009 circuló un virus que en el 98% de los casos no respondía al Tamiflú. La temporada anterior, en cambio, la resistencia era de poco más del 1%. Normalmente estos virus resistentes son de agresividad baja y siguen siendo sensibles a otros antivirales, por eso hasta ahora no han representado un gran problema. Pero ninguno nos asegura que continuarán así en el futuro. El hecho que el virus pueda volverse resistente al Tamiflú es un inconveniente grave, porque los gobiernos del mundo entero ya hace años que acumulan dosis de este fármaco para poder hacerlo servir con urgencia si se declara una pandemia. Actualmente se está investigando para obtener nuevos antivirales, aunque es un proceso lento, y es difícil predecir cuando estarán a punto.

¿UNA VACUNA O MUCHAS VACUNAS?



A causa de la capacidad del virus de cambiar en cada temporada, por mínimo que sea este cambio, no hay una vacuna que sea capaz de inmunizarnos contra todos los tipos posibles de gripe. Es necesario diseñar una nueva cada año. 



Los científicos estudian cuales son los brotes que circulan meses antes del inicio de la temporada. Entonces preparan una vacuna contra aquellas que creen que aparecerán más frecuentemente cuando llegue el frío, y la producción masiva comienza tan pronto como la pruebas necesarias se hayan completado. Todo el proceso puede durar unos seis a ocho meses, desde que se identifican los virus (normalmente a principio de primavera) hasta que la vacuna está a punto para usarse, alrededor de octubre, justo cuando comienzan los primeros brotes.



Las decisiones sobre como ha de ser la vacuna se toman bajo la supervisión del Global Influenza Surveillance Network (GISN, Red Mundial de Vigilancia de la Gripe), un grupo de 110 centros repartidos por 85 países que se establecieron en 1947 y que dependen de la OMS. 



La GISN organiza dos encuentros anuales a puerta cerrada con científicos y compañías farmacéuticas para tomar las decisiones oportunas. En una de estas reuniones (en febrero) se escoge la vacuna para el hemisferio norte, y en la otra la vacuna para el hemisferio sur, coincidiendo con la llegada del invierno a una y otra mitad del globo.



A pesar de los esfuerzos de los científicos, la eficacia de la vacuna es variable. La de 2008, por ejemplo, resultó tener sólo el 44% de efectividad, comparada con el 70-90% habitual. La causa debió ser probablemente a un error de previsión a la hora de escoger cuales serían las cepas más importantes de aquel año. El resultado fue un incremento de las víctimas de la gripe estacional. Es por esta razón que algunos expertos reclaman más transparencia y participación en las reuniones en que se decide la composición de la vacuna, ya que una elección errónea como la de 2008 puede tener consecuencias sanitarias muy graves en todo el mundo.



La investigación de una posible vacuna universal que se pudiese utilizar año tras año y que no se tuviese que cambiar nunca sigue adelante. Pero para ello tendríamos que encontrar primero zonas conservadas del virus que no variasen mucho y que además pudiesen inducir una respuesta inmune potente. Esta combinación no suele ser frecuente. 

¿Se está haciendo algún progreso en este campo? 

En abril de 2009, un grupo de científicos de la Universidad de Sant Louis, en los Estados Unidos, anunciaban que habían probado en unos cuantos centenares de voluntarios una vacuna diseñada para frenar un buen número de variantes del virus. Era la primera prueba clínica de este tipo que se hacía y los resultados aún no se han dado a conocer oficialmente. Otros experimentos anteriores habían conseguido bloquear en ratones nuevos tipos diferentes de virus, entre ellos el responsable de la gripe de 1918 y el de la gripe aviar H5N1. Los primeros resultados, pues, parecen prometedores.


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