jueves, 8 de marzo de 2012

EL DESPERTAR DEL PENSAMIENTO

En cooperación con antropólogos, genetistas y neurólogos, los arqueólogos intentan reconstruir los orígenes de nuestro pensamiento y, con ello, el inicio de nuestras sociedades, tradiciones y culturas. Tales investigaciones constituyen los pilares de un prometedor enfoque multidisciplinar: la arqueología cognitiva.

Australopithecus

Puede que todo empezase hace dos millones y medio de años con un Australopithecus que, al mordisquear con mala fortuna una nuez, se partió un diente. Quizá fue entonces cuando la necesidad despertó al ingenio y, por vez primera, aquel remoto antepasado nuestro decidió emplear una piedra para cascar el fruto. Y, ¿quién sabe?, tal vez al hacerlo se desprendiesen del guijarro algunas esquirlas con las que, más tarde, aprendió a desmembrar presas.

Australopitecinos

Así o de manera semejante pudo haber comenzado la historia cultural del hombre. En cualquier caso, con tan revolucionaria innovación (la fabricación intencionada de una herramienta) dio comienzo al Paleolítico. Por entonces ya habían transcurrido unos cuatro millones de años desde que nuestros primeros antepasados se separaron de la rama de los simios antropomorfos y evolucionaron hasta convertirse en prehomínidos o australopitecinos. Más tarde, de estos descenderían los primeros homínidos que, con Homo ergaster, abandonaron el continente africano hace 1,9 millones de años.


El proceso evolutivo que condujo a la aparición del hombre moderno no siguió una trayectoria lineal. Entre los australopitecinos se encontraban también especies más robustas, los "hombres cascanueces", cuya evolución continuó por una senda independiente de la del género Homo. En vez de utensilios líticos, usaban sus poderosas mandíbulas para partir los alimentos duros. Finalmente, solo los homínidos consiguieron adaptarse al entorno; un desarrollo que culminó hace 200.000 años con la aparición de Homo sapiens.

Homo sapiens

Esos millones de años de evolución establecieron los requisitos indispensables para el salto cultural del hombre. Desde comienzos del Paleolítico, el encéfalo había ido incrementando paulatinamente su tamaño; algunas regiones cerebrales sufrieron cambios genéticos y aumentaron su eficiencia. Todo ello permitió el desarrollo de facultades cognitivas extraordinarias: la capacidad para la planificación, el diseño creativo o el habla, así como la competencia para aprender nuevas técnicas y combinarlas. Todas esas facultades se encuentran asociadas a la evolución de nuestro cerebro.

Sin embargo -y a menos que, a falta de haber hallado otra clase de objetos, contemos con una visión distorsionada de aquella época-, parece que nuestros predecesores se limitaron durante largo tiempo a aplicar dichas capacidades a la fabricación de utensilios de piedra y al uso del fuego. La diversidad cultural comenzó hace 200.000 años, después de que, según los cálculos actuales, el 90% de la historia evolutiva del hombre ya hubiera transcurrido. Entonces, nuestros antepasados aprendieron nuevas técnicas líticas, inventaron un pegamento sintético y elaboraron diversos tipos de herramientas hasta entonces desconocidas.

Hace 40.000 años, mucho después de que Homo sapiens ya hubiera adquirido sus rasgos anatómicos modernos, llegó a Europa una revolución cultural. Provenientes de África, los humanos comenzaron a agruparse en sociedades complejas, crearon objetos artísticos, pintaron las paredes de sus cavernas y entonaron las primeras melodías musicales. 

Neandertales

Poco después, Homo sapiens había desplazado a los últimos representantes contemporáneos de su propio género, los neandertales.



Autor: Karin Schlott, profesora de arqueología en la Universidad de Heidelberg.


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