miércoles, 14 de marzo de 2012

EL S.I.D.A. (IV)

¿Y LA FAMOSA VACUNA PARA CUÁNDO?


El desarrollo de una vacuna sería la forma más efectiva de parar el progreso de la pandemia. Pero, después de un cuarto de siglo de investigación, aún no estamos ni cerca de conseguir una vacuna efectiva, según declaraba en el 2008 el virólogo y premio Nobel Dabid Baltimore. En una entrevista de abril de 2009, Françoise Barré-Sinoussi, codescubridora del VIH y también premio Nobel, confirma que aún estábamos muy lejos de una solución y que sería necesario mucha más  investigación básica en el laboratorio para poder conseguir algún día el objetivo. Se cree que pasarán entre 10 y 15 años antes de que llegue al público. Atrás queda el anuncio de la secretaria de Salud de los Estados Unidos, que en 1984 proclamaba que la vacuna estaría a punto antes de dos años.



Actualmente se están probando clínicamente diversas vacunas. El principal obstáculo que hay que superar es la gran variabilidad del virus y su capacidad para cambiar de forma rápida para evitar las respuestas inmunes del cuerpo humano. La vacuna perfecta debería generar anticuerpos diferentes para hacer frente a todas las formas que fuesen apareciendo. Tampoco ayuda el hecho de que el VIH ataque precisamente la única cosa que nos sirve para plantarle cara: el sistema inmunitario. Por mucho que consigamos activarlo con una vacuna, si el virus ha destruido una parte importante del sistema inmunitario, la respuesta de nuestro organismo no será suficiente.



En los últimos años han habido buenas y malas noticias en el campo de la vacuna. En septiembre del 2008, Merck cancelaba las pruebas clínicas que estaba haciendo con una de las posibles vacunas candidatas, que llevaba el nombre de Ad5, un proyecto común entre la farmacéutica Merck y los Institutos Nacionales de la Salud del Gobierno de los Estados Unidos. Se trataba tan sólo de la segunda vacuna que llegaba a ser probada en humanos en un estudio de esta envergadura y, como su predecesora, había fallado estrepitosamente. Los expertos interpretaron este fracaso como una señal de que había que volver al laboratorio y continuar estudiando nuevas posibilidades, encontrar puntos de vista diferentes de los que se habían seguido hasta el momento, ya que las líneas que parecían prometedoras no habían cumplido las expectativas. Para otros, las consecuencias eran aún más graves. Consideraban que estos fracasos inesperados eran la prueba de la imposibilidad práctica de conseguir encontrar algún día una solución al problema. 



La International AIDS Vaccine Initiative (IAVI), con sede en New York, coordina los esfuerzos de laboratorios de investigación alrededor del mundo que trabajan en este campo, a parte de proporcionarles los recursos económicos. Hace unos cuántos años financiaban un buen número de ensayos clínicos, mientras que actualmente el presupuesto está equitativamente repartido entre estos y la investigación básica en el laboratorio, cosa que refleja la opinión de muchos científicos que reclaman más datos básicos antes de continuar con los ensayos con personas.



Debido al fracaso del Ad5 se pararon otras pruebas clínicas que estaban a punto de comenzar, para revisar los datos y completar más estudios previos. El clima que se respiraba era de un profundo pesimismo. Existen unas treinta y tres vacunas más en diferentes fases de desarrollo. Seis se encuentran en las etapas más avanzadas. Algunos investigadores temían que un nuevo fracaso  como el de la vacuna de Merck pudiese propiciar que se abandonase para siempre la investigación de la vacuna.

Los primeros resultados más o menos positivos de una vacuna contra el sida se presentaron a finales de septiembre de 2009. Después de unos experimentos realizados en 16.000 adultos tailandeses se anunciaba que la vacuna RV144 prevenía la infección en el 31% de los casos, una cifra que, sin ser espectacular ni significativa estadísticamente, permite renovar las esperanzas. Las vacunas se consideran efectivas cuando proporcionan una protección superior al 70%. Las pruebas clínicas, las más largas y extensas de la historia, habían durado seis años y habían costado 105 millones de dólares. La RV144 fue polémica desde el principio, ya que algunos científicos creían que los resultados obtenidos en el laboratorio no eran suficientemente contundentes para justificar un ensayo tan grande en la población. 


Los resultados iniciales del estudio se presentaron a la prensa en medio de grandes muestras de optimismo y sorprendieron a la mayoría de los expertos. Pero cuando pocas semanas después se hacían públicos todos los detalles, las interpretaciones no fueron tan positivas. Según qué análisis estadístico se aplicaba, la protección que se observaba perdía su supuesta relevancia. La conclusión fue que el estudio presentaba datos que indicaban una mejora respecto a las vacunas probadas anteriormente, ciertamente un paso adelante importante a escala teórica, pero nada hacía pensar que la RV144 se pudiese usar en un futuro próximo.



A causa del alto riesgo económico que comporta, la mayor parte de la financiación de esta investigación proviene del sector público: el 2006 era de 833 millones de dólares (los Estados Unidos destinaban 225 millones de dólares anuales), mientras que el sector privado contribuía sólo con 79 millones. 


Los inversores son reticentes en poner dinero en un producto que muchos ven que no tiene esperanza razonable. A pesar de todo, existen algunas iniciativas privadas, como la del Ragon Institute, en la zona de Boston, financiado con 100 millones obtenidos de la donación de un antiguo alumno del MIT (Massachussets Institute of Technology) que se hizo millonario con una compañía de software.


Pero todavía quedan más cosas por probar. Existen personas que una vez infectadas son capaces de fabricar unos anticuerpos muy efectivos contra el VIH. Suficientemente efectivos para prevenir la infección en animales de laboratorio. Este grupo reducido de pacientes, que tendrían unas defensas más potentes, consiguen frenar el virus sin ninguna ayuda médica. Existen algunas personas que mantienen a raya el virus desde hace más de 25 años. Se cree que por cada 300 infectados existen una de estas personas llamadas "controladores de élite" que pueden vencer el virus ellos solos. Según este cálculo, el 5% de pacientes infectados por el VIH no llegaría nunca a desarrollar la enfermedad. Es posible que tengan la clave que explique de qué manera puede hacer frente al sida nuestro sistema inmunitario. Si se descubre qué los hace diferentes del resto de personas, la posibilidad de encontrar una vacuna o una manera de hacer frente al virus sería mucho más elevada.



A principios de 2009, un estudio publicado en la revista Nature aportaba más datos sobre estas personas especiales. Según los científicos responsables del trabajo, tienen en la sangre una importante colección de anticuerpos de más de 400 tipos diferentes, que, aunque no sean de una gran potencia individualmente, juntos son más efectivos para mantener el VIH bajo control que no otros anticuerpos más especializados y agresivos.


La mayoría de las vacunas en estudio intentan precisamente inducir estos anticuerpos más específicos, que se han visto que son sólo de cuatro tipos diferentes. Algunos expertos proponen que a lo mejor habría que encontrar la forma de forzar al cuerpo a que produzca más variedades de anticuerpos simultáneamente, imitando lo que parece que pasa en los controladores de élite. Otros estudios corroboran que inducir unos niveles bajos de anticuerpos de forma constante puede ser más eficaz que no buscar una respuesta inmune agresiva.



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