viernes, 16 de marzo de 2012

EL S.I.D.A. (V)


LA MEJOR DEFENSA LA PREVENCIÓN


A falta de vacuna, la prevención es la mejor estrategia. Para frenar el contagio a través de la sangre se han puesto en marcha programas para evitar que se reutilicen jeringas y se hacen análisis buscando el virus en donantes. En el caso de la transmisión de madres a hijos, se practican cesáreas para evitar el contagio durante el parto, se toman antirretrovirales y se evitaba amamantar de forma natural, al menos hasta que recientemente se vio que el tratamiento frena eficazmente la transmisión del virus por la leche. Estas precauciones dan muy buenos resultados.


El sistema más eficaz en los casos de transmisión sexual sigue siendo el preservativo. A pesar de las campañas intensivas que se hacen desde hace décadas, el uso de preservativos aún no está suficientemente extendido en las áreas de especial riesgo, como el África subsahariana o el sudeste asiático. La oposición de ciertos grupos religiosos a su uso por motivos éticos agrava severamente el problema.


Otro de los campos de prevención son los microbicidas, cremas que se aplican en la vagina antes de mantener relaciones sexuales. Tienen la ventaja de que la mujer puede hacer uso del microbicida sin tener que pedir la colaboración de su pareja. Los microbicidas actúan formando una barrera que impide físicamente que los virus se unan a las células de la vagina. Estas cremas han tomado más importancia desde que se ha descubierto que las paredes de la vagina no son una barrera tan efectiva contra la entrada del virus como se creía en un principio. La Fundación Gates dio 100 millones de dólares a principios de  2009 para su desarrollo y estudio. El Gobierno del Reino Unido contribuyó con 30 millones más. Pero las compañías farmacéuticas no han invertido suficiente dinero: el 90% de la financiación viene una vez más del sector público. Pese a esto, ya existen 15 ensayos clínicos en marcha y se espera que pronto se doblará esta cifra. Actualmente se está estudiando también la posibilidad que los microbicidas se puedan hacer servir por vía rectal. No se sabe aún si serán útiles o no, ya que las paredes del recto son más frágiles que las de la vagina y costarán más de proteger.


El estudio de los microbicidas perdió en 2008 parte de su fuerza, cuando se acabó el primer ensayo a gran escala que se hacía con una de estas cremas, llamada Carraguard, y se vio que no era tan efectiva en la prevención como se esperaba. De las cinco pruebas clínicas que había en marcha, dos tuvieron que ser paradas, en uno de los casos porque la crema estaba dando los efectos contrarios a los buscados. Uno de los inconvenientes era que, a causa de su contenido, las cremas pueden provocar irritaciones e inflamaciones en las zonas donde se aplican y eso puede facilitar la entrada del VIH. El primer ensayo clínico con resultados positivos se vio finalmente en febrero de 2009: la llamada PRO2000 reducía el 30% el riesgo de infección. Los datos son aún iniciales y estadísticamente no suficientemente relevantes, pero han dado nuevas esperanzas.


Una estrategia que sí que se ha visto que es efectiva para frenar el virus es la circuncisión. Un estudio de 2007 demostraba que los hombres circuncidados tenían el 60% menos de probabilidades de infectarse por el virus VIH. En otras palabras, se se pudiese circuncidar a toda la población de riesgo, se podría evitar el 60% de muertes en los próximos 20 años. La explicación de este efecto es que la zona del prepucio es especialmente sensible al virus, y muchas infecciones comienzan en el prepucio. Parece que este beneficio se podría limitar sólo a los heterosexuales, ya que los estudios realizados en homosexuales no han encontrado ninguna diferencia importante. Tampoco parece que proteja a las mujeres con las cuales los circuncidados mantienen relaciones sexuales. Un peligro es que la circuncisión dé una falsa sensación de seguridad y que esto comporte la disminución del uso del preservativo, cosa que a la larga sería contraproducente.



Aunque sea una intervención común y sin muchas complicaciones, ciertas culturas africanas están en contra, cosa que hace difícil su implantación donde podría ser más útil.


Países como Níger, donde la comunidad es eminentemente musulmana (con hombres circuncidados y menos libertad sexual), el porcentaje de infectados es del 0,7%, mientras que en Botswana, donde las cifras de circuncisión son bajas y las relaciones sexuales múltiples son habituales, los seropositivos son el 25% de la población.



PREVENCIÓN RADICAL

En Indonesia, donde el sida aumenta velozmente, propusieron en 2008 "marcar" a los infectados con VIH con un microchip para poder tenerlos siempre controlados. Inicialmente se quería aplicar esta medida entre el 1 y el 2% de la población de infectados y multarlos o incluso apresarlos si se descubría que transmitían la enfermedad a alguien de forma intencionada. El Gobierno desistió cuando la comunidad internacional se le lanzó encima  acusándolos de no respetar los derechos humanos.

En 2009, un diputado de Swazilandia, un país con el 26% de infectados, proponía que los seropositivos fuesen tatuados en las nalgas, una variante del microchip menos tecnificada pero igual de discriminatoria. La idea ya había sido propuesta antes y fue rechazada, otra vez, con quejas unánimes.

¿UNA PREVENCIÓN ECONÓMICA?


En 2008 el World Bank proponía una nueva estrategia preventiva: pagar a la gente por protegerse. La idea era simple: para conseguir que las poblaciones de riesgo tomaran precauciones, se les pagaría una cantidad de dinero cada vez que un test periódico de infección saliese negativo. Esto iría acompañado de educación y asistencia para conocer los riesgos de infección. En Tanzania comenzó un ensayo clínico de tres años de duración que probará si esta estrategia, que ya ha levantado fuertes polémicas, puede ser realmente útil.

MITO Y RELIDAD

Alguien que recibe tratamiento contra el sida no puede infectar a otra persona a través del contacto sexual

Esta idea se basa en estudios que demuestran que los antirretrovirales frenan la secreción del virus por los fluidos sexuales. Siguiendo estos resultados, en Suiza se recomendó que los VIH positivos no tenían que usar preservativo si estaban siendo tratados.

Un estudio del verano de 2008 demostraba, usando modelos matemáticos, que, aunque es cierto que el riesgo de infección es bajo, no se puede recomendar a nadie que abandone la protección, ya que en una población bastante grande esto llevaría a un incremento de las infecciones de hasta 4 veces superior a la que se producía en aquel momento. 

¿DE DÓNDE SALE EL DINERO?

Los Estados Unidos son el principal donante de recursos para la lucha contra el sida. Del 2003 al 2008 invirtieron 18,8 mil millones en el tratamiento y prevención de esta enfermedad, y dedican anualmente 3 mil millones de dólares a financiar la investigación básica. El President´s Emergency Plan for AIDS Relief (PEPFAR, Plan de Emergencias del Presidente para la lucha contra el sida), el programa que se encarga de distribuir estos fondos, ha conseguido tratar ya a más de dos millones de infectados en todo el mundo. Se espera aumentar pronto a 2,5 millones, cosa que comportaría una prevención de al menos 12 millones de nuevas infecciones. Entre 2004 y 2007, el PEPFAR redujo las muertes de sida un 10% en 12 países africanos, con un coste de 2.700 dólares por cada vida salvada.

El presidente Barack Obama anunció durante su campaña electoral que destinaría mil millones de dólares al año al PEPFAR, pero a la hora de la verdad esta cifra se tuvo que reducir por culpa de la crisis económica (¿y cómo no iba a ser de otra manera?). En otros países pasaba lo mismo. Aunque desde 2002 se habían multiplicado por cinco el dinero invertido por los países desarrollados, a partir de 2008 existían dificultades para mantener el mismo ritmo. Por ejemplo, en 2009 bajaba por primera vez desde el año 200 el gasto en investigación sobre la vacuna.

En junio de 2009 el PEPFAR estrenaba un nuevo director y había de asumir reducciones en la mayoría de los programas para adaptarse al nuevo presupuesto. El objetivo era destinar a partir de entonces más recursos a la prevención que al tratamiento, al contrario de como se había realizado hasta el momento. Además, se destinaría parte del presupuesto a combatir la malaria y la tuberculosis, a la vez que se incrementaría la partida destinada a mejorar la salud y la educación en general.

UN REGALO CON CONDICIONES

El trabajo del PEPFAR comenzó con polémica 

Las normas para distribuir el dinero del fondo especificaban que había que destinar una parte importante a promover la abstinencia y que los destinatarios del dinero habían de condenar la prostitución. Esto, en la práctica, implicaba que no podía tratar ni asistir a ninguna prostituta, precisamente una de las poblaciones de riesgo más importantes.

Se comprobó ya que este tipo de iniciativas no son efectivas para parar la pandemia. El Congreso de los Estados Unidos eliminó esta provisión en 2008, pero el programa continuó financiando a ciertas organizaciones religiosas que alientan la abstinencia.

Como hecho curioso, el primer presidente del PEPFAR tuvo que dimitir cuando se le relacionó, precisamente, con un negocio de citas.

LOS NEGACIONISTAS: 
MÁS PELIGROSOS QUE EL VIRUS



Desde el principio de la epidemia han existido grupos de personas, entre las cuales científicos de renombre, que se han negado a creer que el VIH cause el sida. Son los llamados negacionistas. Ya en 1984 se publicaba un artículo en una revista científica seria que aseguraba que el sida era en realidad una epidemia de histeria colectiva. El negacionismo, dentro de unos parámetros lógicos, podía tener sentido cuando aún se desconocía la mayoría de datos sobre la enfermedad, pero, con el paso del tiempo y con la mejora de la información, el grupo de incrédulos, en lugar de disminuir, fue aumentando.

Las teorías de los negacionistas han sido rebatidas una por una en multitud de ocasiones (por ejemplo, se pueden ver las respuestas en la página web www.aidstruth.org), de manera que actualmente no hay ningún razonamiento científico que permita defender la idea de que el VIH no causa el sida. Muchos negacionistas han acabado aceptando la realidad y han abandonado sus posiciones, pero existen aquellos que aún siguen empeñados en ignorarlas. Las estrategias de los negacionistas han sido comparadas con la de los que creen que la teoría de la evolución no es correcta, los que dudan que exista un calentamiento global  o los que aún están convencidos de que las vacunas causan autismo: tienden a quedarse sólo con las pruebas que les interesan y a ignorar las numerosas evidencias que demuestran lo contrario.

El negacionismo podría haber sido simplemente una anécdota si no fuese porque fue responsable de un gran número de muertes en Sudáfrica a principios del siglo XXI. 

Thabo Mbeki
Cuando Thabo Mbeki llegó a la presidencia del país se encontró delante de un porcentaje muy importante de población infectada por el VIH. Consciente del problema que representaba el sida, reunió en el año 2000 a un grupo de expertos para que le aconsejasen sobre la cuestión. Pero la mayoría de consultados eran "disidentes" contrarios a los antirretrovirales. Como el punto de vista de estos coincidía con el del presidente, nadie quiso escuchar al reducido grupo de científicos objetivos que se encontraban en el comité. 

Manto Tshabalala-Msimang 
Para complicar más las cosas, Manto Tshabalala-Msimang, otra firme creyente de la teoría de que el VIH no causaba el sida, fue nombrada ministra de Sanidad. Estas decisiones políticas hicieron que el Gobierno de Sudáfrica comenzase a promover estrategias inútiles, como recomendar el consumo de ajo y zumo de limón y oponerse a la distribución de antirretrovirales. Esto causó miles de muertes evitables durante el tiempo que Mbeki estuvo en el poder: se calcula que al menos unas 330.000 entre el 2000 y el 2005, por no hablar de los 35.000 niños que nacieron infectados con sida.

Barbara Hogan  
Con la elección de Kgalema Montanthe´s como nuevo presidente del país en septiembre de 2008, Barbara Hogan sustituía a la ministra de Sanidad en Sudáfrica. Una de las primeras declaraciones que dijo Hogan era que estaba avergonzada de las dimensiones del problema del sida en el país y que la era del negacionismo había acabado. El cambio de política se vio con buenos ojos y la esperanza alrededor del mundo.

Kgalema Motlanthe 


MITO Y REALIDAD

Las vitaminas son efectivas para luchar contra el sida

Pese a todo lo que proponen algunas voces poco partidarias de los antirretrovirales, un tratamiento con vitaminas no cura ni permite controlar el sida.

En junio de 2008, un juez de Sudáfrica distaminaba que no se podía promover el uso de vitaminas como estrategia para prevenir y tratar el sida en sustitución de los antirretrovirales. Otra bofetada en contra de los que habían aprovechado que Thabo Mbeki era al Gobierno para hacer el agosto, entre ellos Mathias Rack y David Rasnick, dos médicos que vendían complejos vitamínicos como medio efectivo y que los antirretrovirales eran tóxicos.

Eso sí: se cree que la malnutrición pude favorecer el desarrollo de la enfermedad. Siguiendo esta teoría, un estudio de septiembre de 2008 hecho en Tanzania en más de 1000 mujeres embarazadas demostró que un tratamiento multivitamínico podía frenar el progreso de la enfermedad en el 50% de los casos. Esto podría ser especialmente útil en África, ya que el tratamiento con vitaminas es barato y podría compensar en parte las deficiencias de los tratamientos con antirretrovirales.

LOS TENEMOS ENTRE NOSOTROS


Los negacionistas no se encuentran únicamente en África. Existe un grupo numeroso en Estados Unidos que incluye al premio Noble Karis Mullen, famoso por haberse metido también en otras polémicas científicas.



Una activista importante del negacionismo en el Reino Unido fue Christine Maggiore, Maggiore era seropositiva cuando se quedó embarazada. Decidió rechazar  el tratamiento porque no creía que el VIH causase el sida, pese a las pruebas que demuestran que los fármacos frenan en un porcentaje importante la transmisión a los hijos. También decidió dar el pecho. 

Christine Maggiore 
Como era previsible, su hija murió a los 3 años, víctima del sida. Christine Maggiore murió en 2008 por las mismas causas. Maggiore hizo campaña y apareció en numerosas revistas explicando sus teorías hasta el último momento. Lo más importante fue el soporte que recibió de ciertos periodistas del Sunday Times, cosa que llevó a la revista Nature a escribir una editorial denunciando el desastre sanitario que podían causar campañas como aquella. Nunca sabremos la cantidad de personas que pueden haber muerto por culpa de la tozudez de Maggiore.

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