sábado, 24 de marzo de 2012

LA MALARIA


Entre 350 y 500 millones de personas se infectan de malaria cada año, y un millón aproximadamente acabará cabalgando a espaldas de la muerte. La gran mayoría de ese millón aproximado serán niños. Se calcula que cada 30 segundos muere una persona de esta enfermedad, sin contar las veces que la malaria agrava una infección anterior. Actualmente, el 60% de los casos pasan en el África subsahariana. Un cuarto, concretamente, se lo reparten entre el Congo y Nigeria.


Desde que la Fundación Gates volvió a hablar en 2007 de erradicar esta enfermedad, un término que hacía décadas que no se usaba, se han renovado los esfuerzos. Se ha propuesto una fecha para declarar la victoria sobre la enfermedad: el 2025. Existen muchos que creen que es un hito imposible. La investigación sobre la malaria está viviendo una época dorada, y con las armas que se tienen en estos momentos podría haber suficiente para eliminarla. Sólo se ha encontrado la forma de aplicarlas allí donde es necesario. Aún nos faltan unas cuantas innovaciones importantes y, una vez más, una vacuna que sea eficaz.

LA CAUSA: UN SIMPLE MOSQUITO


La malaria es una enfermedad que está con el ser humano desde hace milenios. Se han encontrado restos en momias egipcias del 3.000 a.C. y se ha hablado de esta enfermedad en tratados de medicina china del año 2.700 a.C. Los síntomas principales son fiebre, dolores en las articulaciones, vómitos, anemia e incluso convulsiones. Se presenta a menudo como ciclos de frío repentinos acompañados de rigidez, seguido de fiebre y sudor abundante que duran de cuatro a seis horas. Entre un ciclo y otro pueden pasar dos o tres días. Los casos severos aparecen normalmente una o dos semanas después de la infección y pueden acabar en coma y muerte, a veces sólo en cuestión de horas. 


La mortalidad es de el 10 y el 20%, y los niños que sobreviven pueden presentar secuelas en su desarrollo. Parte de las víctimas infantiles son por las consecuencias de la infección en el cerebro (la malaria cerebral mata en el 20% de los casos).



La malaria no la causa ni una bacteria ni un virus, sino un tipo de microbio llamado protozoo, que está emparentado con las algas y las amebas. 

PLASMODIUM  
El protozoo responsable de la enfermedad es el género Plasmodium y se descubrió a finales del siglo XIX. 

PLASMODIUM  FACIPARUM

En 2002 se secuenció el genoma de uno de los cuatro Plasmodiums responsables de la malaria (el llamado faciparum), y en 2008 el de otro (llamado vivax). Nuestra ignorancia sobre estos microorganismos queda patente cuando nos damos cuenta que, aunque hemos podido leer el ADN, aún no sabemos que función tienen más de la mitad de sus genes.

PLASMODIUM  VIVAX

El microbio entra en el cuerpo humano a través de la picadura de un mosquito. El mosquito es un lugar ideal para que los Plasmodiums puedan crecer, desarrollarse y dividirse (se almacenan en las glándulas salivares del mosquito), pero les agrada también cambiar de residencia. Una vez han pasado a un ser humano a través de una picadura de mosquito, van directamente al hígado, donde se multiplicarán antes de salir a la sangre. El ciclo se cierra si otro mosquito pica a una persona enferma y captura así los Plasmodiums que circulan en la sangre. Después transmitirá el parásito a otra persona con una nueva picada, y así sucesivamente. La infección puede ser latente y no manifestarse hasta meses o años después de la picada.


Los mosquitos que transmiten la malaria son del género Anopheles, del cual existen 50 especies diferentes. Muchas de las especies no resultan nocivas, y dentro de una misma especie existen mosquitos que tampoco transmiten la enfermedad. Esto quiere decir que existe algun determinante genético que hace que unos insectos puedan infectar y otros no. Si lo descubriéramos, tendríamos mucho ganado en el control de la propagación de la enfermedad.

Mosquito  Anopheles 

En el verano de 2009, gracias a una compleja serie de estudios genéticos, se dedujo que la malaria se originó en los monos, igual que pasó con el sida. Pasó a los humanos hace más de diez mil años, posiblemente por culpa de la picadura de un sólo mosquito. Se extendió por toda la zona tropical y después por todo el mundo hace unos 5.000 años, coincidiendo con los principios de la agricultura.



NO ES SUFICIENTE LA BUENA VOLUNTAD


Los esfuerzos para frenar la malaria han tenido poco éxito. En 1955 la OMS inició la primera campaña global, que se desinfló durante la década de los años 60. En 1998, gobiernos, ONG y particulares formaron una agrupación llamada Roll Back Malaria que aspiraba a reducir a la mitad los casos de malaria antes del 2010, pero el progreso fue mínimo, por no decir que fue un fracaso. Era el mismo objetivo de la Declaración de Abuja, firmada por un grupo de países africanos en el 2000, que tampoco tuvo muchas consecuencias. Más modestos y asequibles eran los Objetivos del Milenio (Millenium Development Goals) establecidos por la ONU: parar el crecimiento de los casos de malaria antes del 2015, objetivo más factible, pero que de momento no tiene resultados.



Los recursos humanos y económicos invertidos en los últimos años parecen indicar que el interés actual para vencer la enfermedad es elevada. Sólo en el 2007 se destinaron 1.500 millones de dólares. En septiembre del 2008, Roll Back Malaria hizo público un Plan de Acción Global; se calculaba que hacían falta más de 6.000 millones de dólares para ponerlos en marcha. La sede de la presentación fue la Asamblea General de las Naciones Unidas, y el portavoz fue Bono, el cantante del grupo de rock U2. 




La mitad del dinero necesario se reunieron inmediatamente, con el soporte de la Fundación Gates, el World Bank y el Global Fund to Fight AIDS, Tuberculosis and Malaria. 




La Fundación Gates es actualmente donante privado que más ha invertido en la investigación contra la malaria. El ambicioso objetivo del plan era reducir prácticamente a cero las muertes antes del 2010, y después, poco a poco, ir erradicando totalmente la malaria de los países donde es endémica. Muchos expertos lo encontraron demasiado optimista y la prueba la tenemos en que a fecha de marzo de 2012, la malaria sigue siendo una de las principales enfermedades que causan más muertes al año. Se dice que no será posible erradicarla en los próximos 50 años, y eso contando que los donativos y los esfuerzos continúen incrementándose.




MITO Y REALIDAD

Uno de los tópicos que a menudo se repiten es que el dinero que donan los países del Primer Mundo para tratar enfermedades desaparecen antes de llegar a quien lo necesita. En la inmensa mayoría de los casos no es así.

Una excepción es Uganda. Un informe del año 2006 demostraba que la corrupción había hecho desaparecer 45,3 millones de dólares que el Global Fund to Fight AIDS, Tuberculosis and Malaria había asignado al país. El dinero fue a parar a los bolsillos de oficiales y mandos intermedios, a través de ONG´s falsas y facturas por servicios inexistentes.

Uganda no tiene dinero ni recursos para perseguir todos los defraudadores, así que en el 2008 sólo se había conseguido recuperar medio millón de dólares robados.

ATRAPAR AL MOSQUITO

Para recoger datos sobre las poblaciones de Anopheles de una zona y las frecuencias de sus picaduras, la técnica más común que usan los investigadores es la llamada human landing capture (captura de aterrizaje humano): un voluntario se sienta con los pantalones arremangados hasta las rodillas; se espera quieto, pacientemente, hasta que un mosquito le pica. Entonces, un compañero captura al mosquito usando un aparato que requiere la succión con un tubo de goma. Suena primitivo, pero es muy eficaz.

LOS MOSQUITOS 
TAMBIÉN SON GOURMETS



No todo el mundo tiene el mismo riesgo de que le pique el mosquito. Esta afirmación, que parece estar basada en la sabiduría popular, se ha demostrada científicamente. Existe, por tanto, gente que tiene más probabilidades de contraer la malaria que otras. ¿Quién tiene más riesgo? Según los estudios, los Anopheles prefieren picar a las mujeres embarazadas, personas con un índice de masa corporal bajo (es decir, a los más delgados), y la gente a la que le huelen los pies. Los motivos que explicarían estas curiosas preferencias no están muy claras.

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