jueves, 8 de marzo de 2012

VITAMINAS, MINERALES Y MICROARN

"Somos lo que comemos"

Este antiguo dicho ha preocupado durante décadas a los consumidores que intentaban seguir una buena alimentación. ¿Qué pasaría si el dicho fuera literalmente cierto?¿Y si algunos componentes de la comida que ingerimos llegaran a introducirse en los centros más profundos de control de nuestras células y se hicieran cargo de la expresión de genes fundamentales?


De hecho, así es como sucede en la realidad, según un estudio reciente sobre la transferencia de microARN entre plantas y animales dirigido por Chen-Yu Zhang, de la Universidad de Nanjing. El microARN consiste en pequeñas secuencias de nucleótidos, las piezas clave del material genético. El microARN no codifica proteínas, pero impide que ciertos genes den lugar a las proteínas que estos codifican. En el estudio, se analizaron muestras de sangre de 30 voluntarios para detectar la presencia de microARN procedente de vegetales cultivados, como el arroz, el trigo, las patatas o la coliflor.


Los resultados, publicados en Cell Research, revelaron que la sangre de los participantes contenía unos treinta tipos de microARN de vegetales que forman parte de nuestra comida habitual. Parece ser que los microARN pueden modificar también las funciones celulares. Se demostró así que cierto microARN del arroz se unía a los receptores que controlan la eliminación del colesterol LDL (el colesterol "malo") de la sangre. Al igual que las vitaminas y los minerales, el microARN podría representar un tipo de molécula funcional obtenida de los alimentos que no había sido tenida en cuenta hasta ahora.


El descubrimiento de que el microARN de las plantas interviene en la fisiología humana subraya también el hecho de que nuestros cuerpos son ecosistemas con un alto grado de integración. Zhang afirma que el hallazgo podría ayudar a comprender mejor el fenómeno de la coevolución, un proceso en el que los cambios genéticos en una especie desencadenan cambios en otra. Por ejemplo, nuestra capacidad de digerir la lactosa de la leche surgió después de que domesticásemos ganado vacuno. ¿Es posible que las plantas que cultivamos también nos hayan modificado? El estudio de Zhang nos recuerda, una vez más, que en la naturaleza nada existe de forma aislada.


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