sábado, 21 de abril de 2012

ENFERMEDADES DEL HÍGADO Y DEL PÁNCREAS (II)

¿CÓMO SE PUEDE DIAGNOSTICAR 
LA HEPATITIS AGUDA?

Ante la presencia de síntomas de hepatitis, y sobre todo si se acompañan de ictericia y coluria, el médico hará una exploración clínica para detectar signos tales como el agrandamiento del tamaño del hígado (hepatomegalia) y a continuación solicitará un estudio analítico en el que se valora la bilirrubina -su incremento en sangre es la responsable de la ictericia- y las transaminasas. Si los valores de ambas están por encima de los valores normales (en las hepatitis agudas elevan más de 10 veces su valor normal), ello indica que se está produciendo una destrucción de células en el hígado. Una vez hecho el diagnóstico de hepatitis aguda, es preciso conocer cual es su causa.



Para ello se dispone de pruebas analíticas que, básicamente, se pueden clasificar en dos grupos:

1ª) Las pruebas serológicas, que identifican con gran fiabilidad los anticuerpos (las defensas del organismo) contra los virus de las hepatitis e indican si ha habido exposición al virus. En el caso del virus C, no pueden diferenciar por sí solas si se trata de una infección aguda, crónica o de una infección resuelta.

2ª) Las pruebas virológicas, que son capaces de detectar la presencia del virus y que se utilizan sobre todo para controlar la respuesta al tratamiento antiviral.

¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR
LAS HEPATITIS AGUDAS?

PREVENCIÓN DE LA HEPATITIS POR VIRUS A

La prevención o profilaxis de esta hepatitis se debe contemplar desde dos aspectos:
  • a) Uno de carácter general que consiste en una buena cloración de las aguas de consumo doméstico, la formación higiénica de manipuladores de alimentos (fundamentalmente un correcto lavado de manos), etc...
  • b) Otro, de carácter individual que consiste en el lavado de manos después de ir al baño, no beber aguas no tratadas y la vacunación.



La vacuna, muy eficaz, se administra en dos dosis por vía intramuscular en el deltoides (músculo del hombro-brazo) con un intervalo de un año. La vacuna induce la producción de anticuerpos, pero su eficacia tarda un cierto tiempo, ya que la formación de anticuerpos no es rápida. Cuando se desee un efecto inmediato (contacto con un paciente infectado, viaje imprevisto a un país en vías de desarrollo, etc...) hay una gammaglobulina que proporciona anticuerpos que protegen al sujeto, aunque su duración se limita a unas pocas semanas (gammaglob Pasteur Grifols, globuman Berna).

La vacunación universal frente al virus de la hepatitis A no se ha impuesto (la hepatitis A no se cronifica), aunque se recomienda unos meses antes de hacer un viaje programado a un país con prevalencia elevada de esta infección viral (países en vías de desarrollo). Hoy en día existen vacunas combinadas (Twinrix) muy recomendables contra los virus A y B de la hepatitis. Se presentan en forma de suspensión de virus inactivados y las hay de dos tipos: la infantil y la de adultos (para más de 15 años de edad). Se administra por vía intremuscular en tres dosis: inicial, al mes y a los 6 meses.

PREVENCIÓN DE LA HEPATITIS POR VIRUS B

La mejor prevención para la hepatitis B es tener en consideración las medidas para evitar el contagio, así como la vacuna, que es muy eficaz y está al alcance de todos. Por ello, se recomienda como vacunación universal. Se administra en tres dosis por vía intramuscular, la 2ª un mes después de la 1ª. Más del 90% de los vacunados desarrollan anticuerpos que les protegen de por vida de la infección.

Los hijos de madres portadoras del virus adquieren la infección (si no se realiza alguna terapéutica activa) con el agravante de que la hepatitis resultante se hace crónica en casi todos (a diferencia de los adultos en los que se hace crónica sólo en un 5%). Por ello, a los recién nacidos de madres portadoras del virus de la hepatitis B se les administra gammaglobulina hiperinmune (efecto protector inmediato) que se repetirá al mes y a los 6 meses. Conjuntamente, se aplicará la vacuna (de efecto más tardío, pero de duración de por vida). La gammaglobulina se obtiene de sangre de donantes sano inmunizados (gamma antihep Grifols, hepuman Berna).

PREVENCIÓN DE LA HEPATITIS POR VIRUS C

No hay vacuna contra este virus y, por tanto, la prevención se ha de basar en evitar el contagio que proviene de la sangre de pacientes infectados. Por ello, no se debe compartir cuchilla de afeitar, cepillo de dientes, ni jeringuillas y hay que tener cuidado con la acupuntura, los tatuajes y los "piercings" realizados en lugares sanitariamente deficientes.



En cuanto a la posibilidad de prevención de la transmisión de madre a hijo del virus de la hepatitis C, hay pocas acciones a realizar, ya que no hay vacuna contra el virus C (a diferencia del virus B) y el tratamiento con fármacos antivirales está contraindicado durante el embarazo. En embarazadas portadoras del virus C, no deben realizarse procesos invasivos intraparto y se debe actuar según el resultado de los registros externos. La lactancia no está contraindicada.



Toda mujer con infección por virus C debe ser informada antes de la concepción de los riesgos de la transmisión madre-hijo de la infección (5%) y de la imposibilidad de tratamiento antiviral durante la gestación.




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