miércoles, 11 de abril de 2012

EL PACIENTE Y LA ÉTICA DE LA INFORMACIÓN

¿DEBE EL PACIENTE DECIDIR 
SOBRE SU SALUD?


Prácticamente nadie duda hoy en día de que el paciente puede y debe decidir sobre su salud después de recibir una información suficiente y comprensible del médico responsable de su asistencia. Pero, a pesar de ello, deberíamos reflexionar en cuanto a la importante cuestión de la relación entre el paciente y su médico.

La medicina es una actividad humanitaria al servicio de la salud, basada en la relación personal médico-paciente. Desde tiempos remotos el médico ofrecía sus conocimientos a la sociedad y obtenía honorarios de los pacientes que podían pagarle, o cuando no era así ejercía su profesión de forma gratuita, habitualmente en hospitales llamados de beneficiencia. La sociedad le compensaba con consideración social y exclusividad (sólo el médico podía ejercer actividades curativas). Además, el médico se comprometía a estar en todo momento a disposición del paciente para cumplir el código profesional y anteponer el interés del paciente y la sociedad al interés suyo propio.

A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el pacto tácito entre sociedad y médico se resiente, ya que unos pocos médicos obtenían beneficios abusivos y una mayoría lo permitía de forma directa o indirecta. Este hecho, unido a la revolución científica y tecnológica, comportó trascendentes cambios en la organización de hospitales y, sobre todo, cambios tecnológicos (instrumentos complejos de diagnóstico y tratamiento) que conllevaban crecientes necesidades económicas. Todos estos cambios llevaron, de forma lenta pero inexorable, a la socialización de la medicina y a la intermediación en la asistencia sanitaria a través del seguro médico público y privado. Todos estos elementos tienen una influencia en la relación paciente-médico.


DECÁLOGO DE LAS ENFERMERAS Y ENFERMEROS

Una de las cuestiones más espinosas de la práctica sanitaria se refiere al derecho de los pacientes a conocer la verdad de su enfermedad. Este derecho, que no es negado por nadie, a menudo es contradictorio con el hecho de que algunos pacientes no están preparados para recibir una noticia que les puede afectar. Pero esconder la información verídica al paciente es infantilizarlo, mantenerlo en una situación de engaño permanente, en un clima falso y artificial, en el que todos conocen lo que le está pasando excepto el interesado (el paciente), único protagonista y autor de su propia historia de vida.

Debemos desterrar de entre nosotros, de forma prudente pero con convicción, las "conspiraciones de silencio" por parte de algunas familias que pretenden, evidentemente con una equivocada buena intención, ocultar como sea el mal que padece su pariente enfermo.

¿QUÉ ES EL CÓDIGO DE DEONTOLOGÍA Y CUÁLES SON LAS NORMAS QUE HACEN REFERENCIA A LA INFORMACIÓN A LOS PACIENTES?


Las normas éticas o deontológicas son el instrumento normativo de las actitudes y los comportamientos exigibles a los médicos en el ejercicio de su profesión. En estas normas se indica que el paciente está por encima de cualquier otra conveniencia y se indica la trascendencia de una información adecuada y comprensible. El destinatario de la información es el paciente o la persona legitimada para recibirla. En caso de menores o incapaces se recurrirá al vinculado responsable (padres, tutores, familiares más directos, etc...) El artículo 6.2 del convenio sobre derechos humanos exige ponderar el grado de capacidad del destinatario y, cuando hay dudas sobre su capacidad para decidir, aún cuando sea mayor de edad y legalmente capaz, es conveniente recabar de los vinculados responsables que asuman o no la decisión del paciente y, en caso de discordancia, se recurra a mediadores o en última instancia al juez.

El deber de la información incumbe al médico responsable del paciente, sin perjuicio de la que corresponde al médico que practica la intervención diagnóstica o terapéutica. El artículo 10 del código de la Organización Médica Colegial Española (OMC) y el capítulo III del Código de Deontología de Catalunya hacen referencia a la información que el médico debe dar a sus pacientes. Debería ser necesario y casi obligatorio que la sociedad los conociera, ya que son de obligado cumplimiento por parte de los médicos.



Artículo 10.1 (Código de la OMC,1999). "Los pacientes tienen derecho  a recibir información sobre su enfermedad y el médico debe esforzarse en dársela con delicadeza y de manera que pueda comprenderla. Respetará la decisión del paciente a no ser informado y comunicará entonces los extremos oportunos al familiar o allegado que haya designado para tal fin"

Artículo 10.4 (Código de la OMC,1999). "Cuando las medidas propuestas supongan para el paciente un riesgo significativo, el médico le proporcionará información suficiente y ponderada a fin de obtener, preferentemente por escrito, el consentimiento específico imprescindible para practicarlas".

Artículo 10.5 (Código de la OMC,1999). "Si el enfermo no estuviese en condiciones de dar su consentimiento por ser menor de edad, estar incapacitado o por la urgencia de la situación, y resultara imposible obtenerlo de su familia o representante legal, el médico deberá prestar los cuidados que le dicte su conciencia profesional".

Artículo 10.6  (Código de la OMC,1999). "La opinión del menor será tomada en consideración como un factor que será tanto más determinante en función de su edad y grado de madurez".

Artículo 22 (Código de Catalunya, 2005). "El médico tiene el deber de dar al paciente la máxima información posible sobre su estado de salud, los pasos diagnósticos, las exploraciones complementarias y los tratamientos. La información debe ser dada de forma comprensible y prudente, y comprenderá también las medidas preventivas para evitar el contagio y la propagación de la enfermedad. También debe informar a la persona en el caso de que sea objeto de investigación, experimentación o docencia".

Artículo 24  (Código de Catalunya, 2005). "El médico debe informar al paciente de las alteraciones que sufre y del pronóstico de la enfermedad de forma comprensible, verídica, mesurada, discreta, prudente y esperanzadora. Cuando se trate de enfermedades de pronóstico grave, el médico debe procurar igualmente informar al paciente, y tiene que plantearse en conciencia cómo conseguir que tanto la misma información como la forma de darla no le perjudiquen. Debe hacerlo de forma comprensible, verídica, mesurada, discreta, prudente y esperanzadora. El médico tiene que respetar el derecho del enfermo a no ser informado".

Artículo 25  (Código de Catalunya, 2005). "El médico informará a las personas vinculadas al paciente cuando éste así lo autorice o cuando el médico intuya que no existe la posibilidad de una comprensión lúcida por parte del paciente".




Por tanto, los códigos de deontología actualmente vigentes en España delimitan las responsabilidades en cuanto a la información y hacen hincapié en la necesidad de que el paciente contribuya de forma activa e incluso prioritaria a la toma de decisiones.



¿QUÉ ES EL CONSENTIMIENTO INFORMADO Y QUÉ PAPEL JUEGA EN LA INFORMACIÓN A LOS PACIENTES?



Los códigos de ética indican la importancia de la información, pero la ley exige, además, que el consentimiento, tácito en la mayoría de los actos médicos, deba hacerse por escrito en actos médicos de riesgo. Es el consentimiento informado. La importante ley 41/2002 sobre autonomía del paciente define el consentimiento informado en su artículo 3 como: "la conformidad libre, voluntaria y consciente de un paciente, manifestada en el pleno uso de sus facultades después de recibir la información adecuada, para que tenga lugar una actuación que afecta a su salud".

La ley 41/2002 de 14 de noviembre, reguladora de la autonomía del paciente y de los derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, establece las bases del consentimiento informado con la intención de asegurar el derecho de los ciudadanos a recibir una correcta información antes de recibir cualquier procedimiento diagnóstico o terapéutico que pudiera producir algún efecto adverso de importancia para el paciente. Es decir, el consentimiento informado debe obtenerse en procedimientos que sean invasores, entendiendo por tales aquellos que supongan riesgos o inconvenientes previsibles que puedan repercutir en las actividades de la vida cotidiana, especialmente cuando puedan derivarse complicaciones que afecten a la salud o incluso a la propia vida. Además, cuando más dudosa sea la efectividad de un procedimiento diagnóstico o terapéutico, más necesario es un cuidadoso proceso de información y consentimiento.

Sin embargo, la propia ley reconoce excepciones de esta obligatoriedad:
  • Situaciones de urgencia: el consentimiento informado e incluso el propio deber de información se anula en los casos en que la urgencia no permita demoras y en los que el paciente no esté en condiciones de recibirla, ni sea posible acudir a familiares.
  • Caso de pronóstico fatal: no conocer un pronóstico ominoso es un derecho que corresponde a todo paciente.
  • Renuncia del destinatario: el artículo 10.2 del Convenio sobre Derechos Humanos dice: "deberá respetarse la voluntad de una persona a no ser informada", aunque debe quedar este extremo muy bien documentado.

Es conveniente y de interés general conocer el propio redactado de la Ley, que es tan claro que puede ser entendido por los que no son profesionales del derecho.



Artículo 8. Consentimiento Informado.

8.1. Toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado, una vez que, recibida la información prevista en el Artículo 4, haya valorado las opciones propias del caso.

8.2. El Consentimiento será verbal por regla general. Sin embargo, se prestará por escrito en los casos siguientes: intervención quirúrgica, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores y, en general, aplicación de procedimientos que suponen riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente.

8.5. El paciente puede revocar libremente por escrito su consentimiento en cualquier momento.

Algunos de los actuales consentimientos informados introducen, según algunos de forma exagerada, todas las complicaciones posibles, incluso las muy infrecuentes, y provocan en los pacientes miedos innecesarios y, lo que puede empeorar la situación del paciente, que éstos se nieguen a la realización de un procedimiento necesario para su salud. Por eso muchos piensan que es preciso transformar las listas de peligros de la medicina defensiva en mecanismos de confianza, con el objetivo de afrontar conjuntamente, el paciente y el equipo asistencial, los problemas que se puedan presentar durante y después de un procedimiento diagnóstico o de tratamiento, con la seguridad de que la institución donde se va a realizar está preparada para afrontar las complicaciones que puedan derivarse y de que el médico responsable, como depositario de la confianza del paciente, le acompañará en todo el proceso.

¿PUEDE NEGARSE EL PACIENTE 
A FIRMAR EL 
CONSENTIMIENTO INFORMADO?



Una vez que el paciente haya recibido la información del médico y leído el consentimiento informado, puede negarse a firmarlo, pero ello conlleva que, muy probablemente, el médico, de manera legítima, no se decida a realizar el procedimiento que se ha considerado necesario para él. Pero el médico no puede ni debe rendirse a la primera negativa; debe intentar de nuevo convencer al paciente de la conveniencia del procedimiento propuesto y, en caso de nueva negativa, recomendar una mediación o una segunda opinión que ayude al paciente en la toma de la decisión. 

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