jueves, 19 de abril de 2012

ENFERMEDADES DEL HÍGADO Y DEL PÁNCREAS (I)

HEPATITIS AGUDAS

¿QUÉ ES LA HEPATITIS AGUDA 
Y QUE SÍNTOMAS PRODUCE?

La hepatitis aguda es una inflamación del hígado producida por diversos agentes, sobre todo ciertos virus, pero también algunos tóxicos y fármacos que le agreden. La inflamación tiene habitualmente una duración corta, ya que en la mayoría de veces se resuelve con o sin tratamiento, pero en algunos casos persiste más allá de 6 meses (hepatitis crónicas) y, excepcionalmente, llega a ser grave e incluso a poner en peligro la vida del paciente por fallo hepático fulminante, que es una urgencia médica que suele necesitar de trasplante hepático para su resolución.



Las hepatitis agudas de cualquier causa, pueden ser poco sintomáticas (pequeños síntomas que no se diferencian de los producidos por una gripe, por ejemplo). Otras veces, provocan un intenso cansancio (astenia) que imposibilita al paciente llevar una vida social y laboral normal. Se puede acompañar de dolor en el abdomen superior derecho, dolor articular y muscular, picor por todo el cuerpo y décimas de fiebre. Con estos síntomas, suele aparecer además una coloración amarilla de la piel (ictericia), que es más visible en los ojos, orina más oscura (colúrica) y heces blanquecinas (acolia).



¿QUÉ PROVOCA LA HEPATITIS AGUDA?




A) VIRUS: es, sin duda, la causa más frecuente. Algunos atacan específicamente al hígado (virus de la hepatitis) y otros, los menos, atacan al hígado, entre otros órganos:
  • Virus de la hepatitis A. Provoca una hepatitis aguda que se cura sin dejar ninguna alteración en el hígado y nunca se hace crónica. Excepcionalmente esta hepatitis aguda puede llegar a ser grave. La transmisión es por vía fecal-oral, persona a persona, por una higiene deficiente, o bien por aguas o alimentos frescos contaminados por este virus. 


Las  evidentes mejoras higiénico-sanitarias registradas en España en las últimas décadas (adecuada cloración de las aguas, tratamiento de las aguas residuales, mejoras en las condiciones de vida en las viviendas, control de los alimentos, etc...), han hecho que nuestro país se encuentre entre los de baja prevalencia de hepatitis por virus A.



En zonas con saneamiento deficiente, la enfermedad es endémica, es decir, que se infectan casi todos los niños antes de los 10 años y, por tanto, quedan inmunes (protegidos). En países desarrollados, sólo llega a afectar a un 20% de los sujetos, por lo que el 80% restante no está inmunizado y puede infectarse si viaja a países poco desarrollados (cuidado en estos países con el marisco sin cocer, el agua no embotellada y el hielo en las bebidas).

Una vez ha entrado el virus en el organismo, se localiza preferentemente en el hígado y hay un período de 2-4 semanas en que no aparecen síntomas. Después, se inicia falta de apetito, náuseas, dolores articulares y a veces diarrea. Por todo ello, no es de extrañar que en esta fase a veces se diagnostique al paciente gastroenteritis.

Pasados unos días, aparecen los síntomas más típicos que conducen al diagnóstico, como son las orinas oscuras y la ictericia, cuya aparición coincide curiosamente con la mejoría de los síntomas generales de náuseas, dolor articular, etc... La gran mayoría de pacientes se cura a los 2-4 meses.
  • Virus de la hepatitis B. Provoca una hepatitis aguda, sintomática o sin síntomas, que se trasmite por vía sanguínea, perinatal y sexual. La mayoría de pacientes adultos que se infectan curan espontáneamente la infección y producen anticuerpos de por vida contra el virus B, que los hacen inmune a una reinfección. Sin embargo, un 5-10% de pacientes desarrollan infección crónica caracterizada por la presencia persistente de los virus en sangre que a veces no lesionan el hígado (postados del virus) y otras veces producen afectación hepática. En la infección perinatal (contagio madre-hijo) el desarrollo de infección crónica en el bebé es mucho más alto (casi el 90%).

La transmisión por vía sanguínea se produce a través de jeringuillas compartidas (consumidores de drogas), tatuajes, "piercings" y acupuntura sin las necesarias medidas de higiene. 



También hay que considerar la utilización inadecuada de cuchillas de afeitar y cortauñas por parte de familiares que conviven con el paciente y la vía sexual en relaciones sin protección con personas infectadas. El virus no se contagia por tos, estornudos, besos o por compartir vasos o platos. Los hijos de madres portadoras del virus B se contagian en el parto y desarrollarán hepatitis crónica en un 90% de los casos sino se recurre al tratamiento.



Una vez infectados por el virus B, un 30% de los pacientes presentan síntomas similares a los reseñados para el virus A, pero en el otro 70% la infección aguda pasa prácticamente desapercibida. Por ello, no es infrecuente que la hepatitis por virus B se diagnostique por la constatación de alteraciones discretas de las transaminasas en sangre en análisis practicados por otros motivos (revisiones de empresa, embarazo, etc...).

VIRUS   DE   HEPATITIS B

  • Virus de la hepatitis C. Provoca una hepatitis aguda, generalmente sin síntomas, por lo que son pocos los pacientes en los que se diagnostica la enfermedad en fase aguda. Tan solo el 20% de los individuos infectados tienen los signos característicos de hepatitis aguda de malestar general, náuseas, vómitos e ictericia. Éstos suelen aparecer unas 6 semanas después de haber adquirido el virus. Desgraciadamente, un 70% de infectados adultos desarrollan hepatitis crónica. Las vías de transmisión son parecidas a las del virus B, pero es excepcional la transmisión por vía sexual (excepción: relación sexual durante la menstruación en mujer infectada por el virus).



Hasta hace 20 años la causa más frecuente de transmisión del virus ha sido la transfusión sanguínea o los tratamientos realizados con derivados de la sangre. Hoy día, este riesgo es casi nulo, gracias a la existencia de técnicas que permiten la detección del virus en estos productos.

VIRUS  DE   HEPATITIS  C


Se estima que alrededor de un 2% de la población adulta en España está infectada por este virus y los datos de prevalencia realizados en embarazadas están alrededor del 1%. El riesgo de transmisión del virus C en el parto de la madre portadora al recién nacido es bajo (alrededor del 5% del total de casos, porcentaje bien diferente de la transmisión del virus B por esta vía que, recordemos,  es del 90%).



El curso clínico de la hepatitis por virus C es variable, pero la mayoría de infectados permanecen sin síntomas durante muchos años (20-30 años). Tan solo un 20% de los pacientes se sienten cansados. La primera evidencia de la enfermedad suele aparecer por el hallazgo de transaminasas altas en un análisis de rutina. El 70-80% de pacientes con virus C permanecen con una hepatitis crónica aceptablemente bien tolerada durante toda su vida. Mientras que el 20-30% restante derivan a una cirrosis hepática. Hay también, como en el caso del virus B, portadores sanos del virus C, es decir tienen el virus pero éste no produce lesiones en el hígado.
  • Otros virus no específicos. Hay virus que pueden originar una hepatitis aguda en el contexto de una infección general, como ocurre con el llamado citomegalovirus o el virus de Epstein Barr (produce la enfermedad de la mononucleosis infecciosa o "enfermedad del beso"). Se transmiten por la saliva. Estas hepatitis no llegan a la cronicidad y se curan sin dejar secuelas.
B) Tóxicos. La toma o ingestión de algunas sustancias que son tóxicas para el hígado o el consumo de otras en cantidades que sobrepasan las toleradas, como el alcohol en un plazo de tiempo limitado, pueden provocar hepatitis agudas.
  • Alcohol. La enfermedad hepática por consumo excesivo de alcohol comprende una variedad de lesiones. En el contexto de afectación crónica del hígado por alcohol se puede producir hepatitis aguda alcohólica por toma importante y en poco tiempo (horas) de alcohol (vino, cerveza, whisky, etc...), que provoca cansancio, pérdida de apetito, ictericia, fiebre y una alteración seria del estado general que suele obligar al ingreso hospitalario.
  • Drogas de diseño ( "éxtasis" ). Pueden provocar una hepatitis aguda por toxicidad a las células del hígado.
  • Setas venenosas. Además de la conocida y temida "amanita phalloides" que provoa hepatitis aguda muy grave, hay algunas plantas medicinales que la pueden producir, aunque con una intensidad y gravedad mucho menor.
C) Medicamentos. El hígado es el órgano encargado de metabolizar (eliminar) la mayoría de medicamentos. Cuando se produce una intoxicación por tomar dosis altas (por ejemplo, intentos de suicidio con dosis muy altas de sedantes tipo benzodiazepinas o de paracetamol), o bien por una sensibilidad especial de una persona a un determinado medicamento, el hígado puede sufrir una hepatitis aguda. Las hepatitis tóxicas por fármacos son un hecho realmente muy poco frecuente.

D) Infecciones bacterianas. Las infecciones bacterianas generales pueden afectar al hígado con un grado muy variable desde alteraciones mínimas en los análisis que miden la función hepática (lo más frecuente) y que tienen muy poca trascendencia, hasta una verdadera hepatitis con ictericia y mal estado general, que se añade al propio de la infección general (neumonía, infección urinaria o intestinal por salmonellas, etc...).

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