viernes, 6 de abril de 2012

LA MALARIA (III)

LUCHAR CONTRA LOS INSECTOS: 
MOSQUITERAS E INGENIERÍA GENÉTICA


A parte del tratamiento y la vacuna, las estrategias preventivas más simples pueden tener un impacto muy importante en el control de la malaria. Gambia es un ejemplo. Una iniciativa que comenzó en 2003 ha conseguido una reducción en las muertes por malaria en el país de hasta el 90%. Todo gracias principalmente a insecticidas, mosquiteras y tratamientos preventivos dirigidos a la infancia. El 50% de los menores de cinco años de Gambia ya duermen protegidos con una mosquitera.


En Zambia, hace dos años que el Gobierno puso en marcha un ambicioso plan para reducir un 75% los casos de malaria, y las muertes han bajado ya un 30%. Una vez más, el uso de mosquiteras e insecticidas, así como el tratamiento preventivo a embarazadas y las ACT durante las primeras 24 horas de infección, están teniendo un efecto importante. En los últimos años, el impacto de la enfermedad también ha bajado mucho en otros países africanos como Eritrea, Zanzíbar y Rwanda. Las mejoras son de entre el 50 y el 75%, simplemente por el hecho que más gente usa mosquiteras y el acceso a los fármacos está más extendido. Se calcula que las mosquiteras solas ya han reducido  a la mitad las infecciones desde el año 2000 en los países donde se han implantado.


Como se ha visto que es una forma de prevención muy eficaz, se están estudiando nuevas técnicas destinadas a atacar a los insectos transmisores. Por ejemplo, si existiese un mosquito que pudiese competir con el Anopheles normal, pero fuese incapaz de transmitir el plasmodium, la población de mosquitos capaces de infectar humanos acabaría disminuyendo o desapareciendo. ¿Podemos "fabricar" este tipo de mosquitos resistentes? 


Con las nuevos instrumentos de la ingeniería genética, no es un sueño imposible. Se han estudiado ejemplos en el laboratorio y los resultados son prometedores, pero debemos decir que hasta el momento ha sido imposible diseñar un Anopheles que no se infecte con el plasmodium. Ni los más optimistas creen que los mosquitos de laboratorio puedan ser la solución definitiva a la malaria, pero, combinados con otras mejoras en el tratamiento y la prevención, pueden resultar un arma importante.


Otra opción es actuar contra las bacterias que infectan normalmente el Anopheles. Igual como nos pasa a los humanos, el Anopheles tiene una flora de bacterias que conviven con el mosquito pacíficamente. En el caso de la malaria, estas bacterias "buenas" ayudarían a evitar que el mosquito se infecte por el plasmodium. Existen científicos que están estudiando la posibilidad de incrementar la concentración de estas bacterias en los intestinos de los mosquitos para mejorar las defensas del insecto.



ACCIÓN MUNDIAL


La paradoja de la malaria es que, aunque no se tiene todavía una vacuna, el tratamiento es efectivo y la prevención muy útil: sobre el papel, no tendría que haber más víctimas, pero ya hemos visto que la realidad desmiente esta afirmación. Por eso existen expertos que opinan que, a parte de invertir dinero en el laboratorio para fomentar la investigación de nuevos fármacos y vacunas, habría que extraer antes todo el provecho a los instrumentos que se tienen.



El Dr. Jordi Gómez i Prat, jefe de la Unidad de Medicina Tropical y Salud Internacional de Drassanes en Barcelona, trabaja en la lucha contra la malaria en el Parque Nacional de Jaú, en el corazón del Amazonas, en Brasil. Según su experiencia, la lucha contra la malaria se ha de adaptar específicamente en cada zona afectada. Primero se necesita un conocimiento amplio del terreno para comprender cuales son las estrategias que pueden ser útiles, como descubrir las áreas y los momentos en que se transmite la enfermedad con más frecuencia. Esto permite cambiar los hábitos, cosa que puede tener un gran impacto en la salud. Por ejemplo, si se observa que la mayoría de las infecciones tienen lugar en el río a ciertas horas, se buscan otros lugares y momentos del día para ir a pescar. A la vez debemos buscar y perseguir una mejora en la salud general, luchar contra la desnutrición y otras enfermedades que pueden complicar de forma importante los efectos de la malaria.


Debemos trabajar directamente con la comunidad afectada: conseguir informar sobre las medidas preventivas, implicar a la población, que sepa como detectar la malaria y entiendan la gravedad para que se pueda actuar con celeridad. De esta manera, con medidas que no cuestan mucho dinero, se pueden evitar mucho de los casos graves. El equipo del Dr. Gómez i Prat, por ejemplo, ha editado libros informativos dirigidos a las poblaciones locales en los cuales se explica como luchar contra la malaria de forma inteligible usando dibujos y testimonios de niños.


Uno de los factores clave es el diagnóstico rápido: cuanto más se tarda en identificar la enfermedad, más se facilita el contagio de otros individuos, a parte del peligro que esta tardanza comporta para la salud del enfermo. Por eso debemos formar personas que sean capaces de usar un microscopio para identificar el plasmodium en muestras de sangre, y montando centros de salud bien preparados en las áreas más problemáticas. El objetivo es que todo aquel que se presenta con fiebre pueda tener un diagnóstico en menos de 24 horas. Según el Dr. Gómez i Prat, aún falta mucho para conseguir diagnósticos y tratamientos para todos. 



En la zona de Jaú hay dos médicos para zonas siete veces más extensas que Catalunya, en un lugar donde no hay carreteras y a menudo se han de desplazar con canoa. Por eso debemos educar a los habitantes para que puedan implicarse en la detección y el tratamiento de la enfermedad. Un uso inteligente de los recursos disponibles, dirigido por alguien que conozca los problemas disponibles, dirigido por alguien que conozca los problemas específicos de cada región, puede tener resultados importantes. "Faltan más neuronas que dinero", dice el Dr. Gómez i Prat "y conseguir implicar a todos los gobiernos".



¿UNA ENFERMEDAD ÚNICA 
DE LOS TRÓPICOS?


La enfermedad se ve sobretodo en países en vías de desarrollo, climas húmedos y áreas de pobreza. Pero, no hace mucho, estaba mucho más extendida. No fue hasta mediados del siglo XX que se consiguió erradicar de Europa y América del Norte. Fueron precisamente los italianos, en el siglo XIX, los que comenzaron a nombrarla por el nombre con el cual se conoce actualmente, a partir de mal aria (aire malo), ya que creían que se transmitía por los "miasmas" que se alzaban de los pantanos. En España el año 1940 hubieron 5.000 víctimas, y a mediados de los años 60 del siglo XX, aún se vieron casos en Barcelona. La malaria se ha podido erradicar de nuestro entorno gracias a la desaparición de los lugares donde criaban los mosquitos (zonas pantanosas, aguas estancadas,...).


Así pues, al sur de Europa se dan las condiciones para que puedan vivir el Anopheles: no es un mosquito que haya de encontrarse exclusivamente en los trópicos. ¿Hay peligro de que la malaria vuelva en forma de epidemia en nuestro entorno? No hay duda que se puede extender a países desarrollados, gracias a los frecuentes viajes a zonas donde es endémica. 


El turismo es responsable de los casos esporádicos que vemos en Europa, sobretodo porque muchas veces no se toman las precauciones adecuadas. Se calcula  que en el Reino Unido más de 2,4 millones de personas visitaron durante el 2004 países donde la malaria es endémica, muchos de ellos emigrantes que iban a ver a sus familiares. Sólo el 42% de estos viajeros siguió un tratamiento preventivo. De los casos de malaria registrados en Barcelona entre 1989 y 2005, el 96% no habían realizado profilaxis completa. Hubieron 6 víctimas mortales (de prácticamente 1.600 infectados), todos ellos turistas, lo cual hace suponer una mortalidad de cerca del 4%. La falta de conciencia y el poco conocimiento por parte de los europeos de los síntomas de la malaria hace que a muchos pacientes no se pueda comenzar un tratamiento hasta que la enfermedad está avanzada.


Existen agencias de viajes que son reticentes a recomendar vacunas y tratamientos preventivos, porque creen que puede afectar al turismo, y por este motivo muchas veces no hacen las advertencias necesarias. 



El Dr. Jordi Gómez i Prat recomienda acudir siempre a un experto en enfermedades tropicales antes de viajar a alguno de estos países: "Si conoces los riesgos puedes actuar en consecuencia y protegerte mejor". Sabiendo como se transmite la malaria, planificar la prevención es más fácil y los riesgos pueden reducirse prácticamente a cero. "Es como mirar bien a ambos lados antes de cruzar la carretera", dice el Dr. Gómez i Prat.


A este problema del turismo, hay que sumarle el fenómeno conocido como la "malaria de aeropuerto". Se da cuando un mosquito viaja como polizón en un avión desde una zona endémica a un país libre de malaria, normalmente a Europa o América del Norte. 


Se sabe que los mosquitos Anopheles toman el avión, porque, en un radio de un par de kilómetros alrededor de un aeropuerto internacional importante (por ejemplo el de New York o el de Los Ángeles), se encuentran casos puntuales, sobretodo en épocas cálidas, cuando los mosquitos pueden sobrevivir mejor. Por este motivo no nos ha de sorprender que recientemente se haya visto malaria incluso en Suiza. 


El hecho que exista un calentamiento global en todo el planeta aumenta las posibilidades de que el mosquito se extienda. Y esto pasa no sólo con la malaria, sino también con el dengue y otras enfermedades transmitidas por insectos. Todo ello puede, en teoría, causar en el futuro epidemias de enfermedades tropicales fuera de las zonas endémicas.


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