jueves, 26 de abril de 2012

PSICODÉLICOS O ALUCINÓGENOS



Las plantas y algunas sustancias químicas son unas de las más pintorescas y controvertidas de todas las drogas. Algunos consumidores las han recomendado con entusiasmo y sostienen que son la clave para poder comprender nuestras mentes y el origen de nuestros sentimientos religiosos. Muchos de quienes no las usan, las temen y las consideran agentes peligrosos capaces de llevar a la gente a la locura y al suicidio.

PEYOTE



Tan candente es el debate sobre si estas drogas son buenas o malas, que hasta resulta difícil encontrar un nombre neutral para definirlas. Cuando en la década de los 50 llamaron por primera vez la atención de los científicos de Europa y Norteamérica, se las llamó "psicótico-mimético", en la creencia de que producían estados temporales de locura (los psiquiatras reconocen hoy que las psicosis y los estados que producen estas drogas son cosas muy diferentes).

HONGOS


A muchos de los sujetos, que se prestaron voluntariamente para las primeras investigaciones de estas drogas, les entusiasmaron los efectos. En contra de los médicos que estudiaban, las creyeron beneficiosas y solían querer repetir las experiencias con sus amigos fuera del laboratorio. A medida que el número de devotos de tales drogas fue creciendo, buscaron un nombre más atractivo para ellas y crearon el de "psicodélicos" -palabra acuñada del griego que quiere decir "descubridor de la mente"-. La implicación era que la droga permite el desarrollo de potenciales no utilizados de la mente humana.

AMANITA MUSCARIA



Al mismo tiempo, en medicina se empezó a usar para los mismos compuestos la palabra "alucinógeno", que quiere decir "generador de alucinaciones". Dado que las alucinaciones son manifestaciones frecuentes de la esquizofrenia, la denominación implica la sugerencia de que el estado que produce la droga es anormal y malsano. Y la batalla de los nombres sigue aún. En este blog usaremos indistintamente las palabras "psicodélico" o "alucinógeno".

El cornezuelo que crece en el centeno. Las negras y duras espuelillas
del hongo reemplazan al grano y contienen varias drogas, incluido el
ácido lisérgico, precursor del LSD

LSD

Las sustancias de esta clase tienen probablemente los más bajos potenciales de llevar al abuso de droga psicoactiva alguna. Los psicodélicos no matan, ni siquiera en enormes sobredosis. Mucha gente los toma con frecuencia durante toda su vida sin sufrir daños físicos ni dependencia. En manos expertas pueden incluso producir espectaculares curas de enfermedades físicas y mentales. Y, sin embargo, estas mismas drogas pueden causar las más aterrorizadoras experiencias posibles de imaginar y dejar cicatrices psicológicas de larga duración.



Los pueblos primitivos descubrieron plantas alucinógenas y las empezaron a usar en tiempos prehistóricos. Aunque existen muchas de estas plantas, la mayoría de ellas se concentra en Norteamérica y Sudamérica. Su uso es más frecuente entre los indios de México y Colombia. Muy pocos psicodélicos naturales proceden del Viejo Mundo y su uso tradicional es muy raro. El principal psicodélico del Viejo Mundo es una planta llamada "iboga", de cuyas raíces se prepara una bebida que toman en rituales religiosos algunas tribus del África Occidental.



Por el contrario, cientos de tribus indias del Nuevo Mundo utilizan docenas de plantas alucinógenas en las zonas tropicales de Norteamérica y Sudamérica. Entre estos pueblos el uso de los alucinógenos está ligado a prácticas mágicas, médicas y religiosas, en particular las relacionadas con la religión primitiva llamada chamanismo. En el chamanismo, individuos con entrenamiento especial intentan controlar las fuerzas del bien y del mal dentro de la comunidad tribal, a través de la comunicación entre el mundo humano y el espíritu del universo. Para ponerse en contacto con el espíritu universal, los chamanes alcanzan estados alterados de conciencia, con frecuencia mediante el uso de plantas alucinógenas. Los chamanes (o los médicos hechiceros) toman también psicodélicos para conseguir visiones que después utilizan con el fin de localizar personas u objetos perdidos y diagnosticar enfermedades. A menudo tratan enfermedades administrando a los enfermos plantas psicodélicas. En algunas tribus, numerosas personas consumen la droga en reunión, por lo general en rituales grupales de búsqueda de visiones.



Muchas plantas alucinógenas tienen sabor amargo y, cuando empieza a actuar la droga, causan náuseas, vómito y otros síntomas físicos desagradables. Después inducen estados no usuales de conciencia y visiones fantásticas, que se "ven" con los ojos cerrados. Sin embargo, las visiones y otros cambios de la sensación parecen en gran medida consecuencia de la manera de ingerir estas plantas y no ocurren en modo alguno de forma constante. Es mucho más probable que experimenten estas visiones los indios que creen en la importancia de tales visiones, comen las plantas alucinógenas por la noche alrededor de fogatas y cantan y oran bajo la dirección de expertos chamanes, que quienes no son indios y comen las mismas plantas sólo con propósitos recreativos. En verdad, los efectos mentales de los psicodélicos dependen esencialmente de la actitud y el ambiente; es decir, de quien los toma, de por qué se los toma y de cómo se toman los psicodélicos.



Los efectos físicos son más constantes, porque todas las drogas alucinógenas tienen algunas acciones farmacológicas en común. Todas ellas son por ejemplo en alto grado estimulantes y causan intensa actividad cerebral y vigilia. Y también todas ellas estimulan el sistema nervioso simpático, produciendo intensa dilatación pupilar, sensación de revoloteo en el estómago y sensación de frío en las extremidades. Los diferentes psicodélicos difieren sobre todo en la duración de su efecto y en la rapidez con que el efecto llega.



Estas sustancias caen dentro de dos grandes familias químicas. La primera, la "indólica", contiene una estructura molecular conocida como el anillo o núcleo indólico y se relaciona con hormonas que produce en el cerebro la glándula pineal. Las drogas de la segunda familia carecen del núcleo indólico. En su lugar se parecen estrechamente a la molécula de adrenalina y a las anfetaminas.



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