domingo, 20 de mayo de 2012

ALUCINÓGENOS INDÓLICOS

LSD 
(DIETIL-AMIDA DEL ÁCIDO LISÉRGICO, "ÁCIDO", LSD-25)

El LSD es el más famoso de los psicodélicos y tal vez el que haya sido probado por más personas. Es una droga semisintética, que no se encuentra en la naturaleza. Un químico suizo, Albert Hofmann, la preparó por primera vez en su laboratorio en 1938 a partir del ácido lisérgico, un compuesto químico del cornezuelo de centeno (un hongo que ataca a los cereales y, en especial, al centeno). En esa época, Hofmann estaba interesado en desarrollar drogas de uso medicinal a partir de compuestos del cornezuelo. En 1943 consumió un poco de LSD por accidente y descubrió así su psicoactividad. A partir de finales de la década de los años cuarenta, la compañía farmacéutica suiza para la cual trabajaba proveía el LSD como droga que debían investigar los médicos y hospitales de todo el mundo.


El LSD es una de las drogas conocidas más potentes, ya que produce sus efectos en dosis tan pequeñas como 25 microgramos (un microgramo es la millonésima de un gramo; un sello postal de peso medio pesa unos 60.000 microgramos). Un "viaje" de LSD dura entre 10 y 12 horas.


A lo largo de la década de los años cincuenta el LSD permaneció principalmente en manos de los investigadores, en especial de los psiquiatras. Pero muchas personas que probaron la droga la encontraron muy interesante, dieron publicidad a sus efectos y empezaron a tomarla por su cuenta. Al principio, la mayoría de la droga era químicamente pura y procedía del laboratorio suizo que originalmente la produjo. Pero en la década de los sesenta, con la aparición del movimiento psicodélico en Europa y Norteamérica empezó también el mercado negro de la droga.


La mayor parte de las personas que tomó LSD en los primeros tiempos tuvo viajes positivos. Hablaba de haber experimentado intensas sensaciones de amor, comunión mística con todas las cosas, comunión con Dios y un conocimiento más profundo de él mismo. Algunos describían vívidos cambios sensoriales, tales como ver la respiración de las flores, el resplandor de la energía de los objetos y dibujos mosaicos en todas las superficies. Tales descripciones hicieron que otras personas, y en especial los jóvenes, sintieran el deseo de experimentar con la droga por su cuenta.



Sin embargo, desde el principio quedó claro que no todo el que toma la droga lo pasa bien. Algunas personas tenían malos viajes. Se sentían ansiosos o caían en el pánico. Sentían miedo de estar perdiendo la razón y de no poder volver a la realidad ordinaria. Cuando el efecto de la droga se agotaba, doce horas más tarde, casi siempre volvían a la normalidad. Pero algunos de ellos permanecían deprimidos y ansiosos días después y, en algunos casos, quedaron problemas psicológicos duraderos.

CENTENO  CON   CORNEZUELO

Cuando la gente entra en el pánico, reacciona a menudo de manera violenta e irracional. En la década de los sesenta algunos malos viajes pueden haber provocado accidentes y conducido al suicidio. Aunque estos casos fueron excepcionales, los medios de publicidad los exageraron e hicieron aparecer el LSD como una nueva droga, que amenazaba convertir a los adolescentes en lunáticos.



Los malos viajes tienen más probabilidades de aparecer cuando la gente toma LSD en ambientes inapropiados, especialmente cuando no lo han tomado nunca antes y lo están usando en dosis altas. Durante la década de los años sesenta, el LSD del mercado negro era poco fiable, a veces estaba contaminado con otras drogas y, como no había muchas personas que conocieran los efectos del LSD, los malos viajes eran frecuentes. Para la década de los setenta éstos eran raros, no porque hubiera menos gente que consumiera LSD, sino porque habían aprendido a usarlo con más inteligencia. Tomaban dosis razonables de LSD en ambientes favorables -tales como una habitación conocida o un pacífico paisaje campestre-, y con amigos que sabían lo que podían esperar.



El LSD de la calle viene en una increíble variedad de formas multicolores, que contienen la droga: pequeñas tabletas, diminutas laminillas transparentes de gelatina, pedacitos de papel embebidos en una solución de la droga  o estampados con dibujos de tinta. Las laminillas y los papelitos suelen ser los más seguros, debido a que son demasiado pequeños para contener contaminantes que puedan actuar como refuerzo.



A pesar de los altisonantes argumentos y la muy mala prensa acerca de los daños médicos del LSD propagados en la década de los años setenta, no hay evidencia de que el LSD dañe los cromosomas ni el cerebro, ni de que provoque otros males físicos. Sin embargo, lo mismo que otros derivados de las ergotaminas -producidos por el cornezuelo de centeno-, el LSD induce contracción de las fibras del músculo uterino, de manera que las mujeres embarazadas no deben tomarlo.






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