jueves, 17 de mayo de 2012

EJERCICIO Y TEJIDO ÓSEO


Dentro de ciertos límites, los huesos pueden modificar su resistencia en respuesta a cambios en los esfuerzos mecánicos. Cuando el tejido óseo es sometido a éstos, inicia un proceso de adaptación para adquirir más resistencia mediante mayor depósito de sales minerales y producción de fibras de colágena. Los esfuerzos mecánicos producen otro efecto que consiste en aumentar la producción de calcitonina, hormona que inhibe la resorción ósea. Cuando no hay tales esfuerzos, los huesos no se remodelan de manera normal porque la resorción supera la formación ósea. La falta de esfuerzos mecánicos debilita los huesos por efecto de la desmineralización (pérdida de minerales óseos) y la reducción del número de fibras de colágena.



Los principales esfuerzos mecánicos que actúan sobre los huesos son producto de la contracción de los músculos y de la fuerza de la gravedad. Cuando una persona queda recluida al lecho o tiene un vendaje enyesado para proteger un hueso fracturado, disminuye la resistencia de sus huesos no sometidos a esfuerzo. Los astronautas también pierden masa ósea en virtud de la microgravedad que hay en las naves espaciales. En ambos casos, la pérdida de tejido óseo puede ser impresionante (hasta de 1% semanal). Por el contrario, los huesos de deportistas, sometidos a esfuerzos muy intensos y repetitivos, son mucho más robustos que los de personas que no ejercitan su cuerpo. 



Las actividades que conllevan apoyo de peso, como la caminata o el levantamiento de pesas moderado, ayudan a conservar y aumentar la masa ósea. En años recientes se ha comprobado que los adolescentes y adultos jóvenes deben realizar un programa regular de ejercicios de apoyo de peso antes del cierre de las placas epifisarias. Esto sirve para conservar la masa ósea total antes de su reducción inevitable con el envejecimiento. Incluso los ancianos pueden fortalecer los huesos al practicar ejercicio con frecuencia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario