sábado, 23 de junio de 2012

EL LARGO PROCESO DE LA CONCEPCIÓN


La forma de tener un bebé no ha cambiado desde los primeros cavernícolas o desde Adán y Eva según otras versiones, la realidad es que el sexo es lo más importante para poder tener un bebé... a pesar de que los bebés probetas lo pongan en entredicho o la inseminación artificial prescinda del factor sexual. 


Cuando el espermatozoide y el óvulo se unen, este último queda fecundado.


Un espermatozoide y un óvulo son células especiales. Ambos tienen la mitad del material genético (los cromosomas) que tienen el resto de células. Todas las células necesitan cromosomas para saber cómo dividirse y crear un nuevo ser.


El proceso de fertilización mezcla los cromosomas y los genes de ambos padres. Así, se combinan los cromosomas del espermatozoide y del óvulo en una sola célula que se conoce con el nombre de cigoto. Como resultado, en lugar de una copia idéntica de uno de los padres (que sería un clon), la fertilización crea un individuo único que comparte características del padre y de la madre, es decir de ambos progenitores. Así que ahora ya se sabe por qué tenemos la nariz de nuestro padre y los pies de nuestra madre: al menos una vez en su vida, sus padres mezclaron en la alquimia del amor o del sexo su material genético.


Las hembras humanas se diferencian de casi todas las hembras del reino animal porque en lugar de estar dispuestas para el coito sólo cuando son capaces de concebir, o sea, cuando están en celo, las mujeres pueden mantener relaciones sexuales en cualquier momento; siempre y cuando no les duela la cabeza, claro; bromas a parte, a pesar de esta diferencia, las mujeres sí comparten con las demás hembras mamíferas el rasgo que les permite concebir sólo en determinados momentos; casi siempre entre uno y tres días cada mes.


No vayamos a pensar, por el hecho de que una mujer sólo sea fértil durante unos días al mes, sólo puede quedarse embarazada durante ese tiempo si mantiene una relación sexual sin protección. Los órganos reproductivos femeninos son mucho más complicados de lo que parece a simple vista.

A diferencia de lo que sucede con los hombres, quienes continuamente producen espermatozoides (más de 26 millones al año), una mujer ya posee todos los óvulos cuando nace (unos 200.000) en sus dos ovarios. Aproximadamente cada 28 días, un pequeño saco lleno de líquido en uno de los ovarios, llamado folículo, libera uno de los óvulos. Cuando esto sucede, muchas mujeres sienten un dolor suave en el área alrededor del ovario.

Reconocer el momento en que se produce este dolor es un buen punto de referencia para quienes practican el método natural de planificación familiar. 

¿CÓMO SE UNEN EL ÓVULO 
Y EL ESPERMATOZOIDE?

Todo el mundo habla de lo que sucedió anoche en el Falopio Club: El señor espermatozoide y la señora Óvulo se encontraron y ahora andan tan juntos que no se separan.


Del mismo modo que las personas tienen que encontrarse para poder establecer una relación, el proceso de fertilización no puede comenzar hasta que un espermatozoide llega a las trompas de Falopio y allí se reúne con el óvulo. Esto sucede como resultado del coito, que no es más que el hecho de que un hombre introduzca su pene en la vagina de una mujer. 


Cuando el hombre alcanza el orgasmo, libera millones de espermatozoides en el interior de la vagina. Estos espermatozoides se adhieren al moco cervical y nadan a través de él hasta la entrada del útero, llamada cuello uterino o cérvix. Después atraviesan el útero y se internan en las trompas de Falopio. Cada uno de ellos va detrás del óvulo, y, si uno lo encuentra, seguramente el espermatozoide más veloz, se llevará el premio.


Es importante tener en cuenta dos puntos importantes sobre los espermatozoides:
  • Los espermatozoides pueden vivir entre dos y siete días dentro de la vagina. Así que, aunque el óvulo tenga un período fértil muy breve, los espermatozoides depositados por el hombre dentro de la mujer pueden llegar a fertilizar un óvulo en esa semana de vida y provocar un embarazo.
  • Antes de la eyaculación, el pene masculino, libera algo de líquido. Es el llamado fluido preeyaculatorio o fluido de Cowper, porque los producen las glándulas que llevan ese nombre. Este líquido actúa como lubricante y ayuda a que los espermatozoides se desplacen a lo largo del pene. En este fluido viven miles de espermatozoides y, si bien esa cifra es mucho menor que los millones que hay en el semen, ¿cuántos se necesitan para fertilizar un óvulo? Sólo uno que nade suficientemente rápido.

A través del fluido de Cowper el hombre deposita una cierta cantidad de espermatozoides en el interior de una mujer incluso antes de alcanzar el orgasmo. Es por eso que el método de retirar el pene, la marcha atrás, no funciona como medio para prevenir el embarazo.

EL LARGO VIAJE


En el extremo de cada trompa de Falopio hay unos apéndices en forma de dedos, llamados fimbrias, que ayudan a guiar al óvulo hacia el interior de la trompa, a través de la cual llegará hasta el útero. Si durante este trayecto el óvulo encuentra espermatozoides nadando hacia él, el primero que lo alcance y penetre la capa exterior, llamada zona pelúcida, comenzará el ciclo creador de la vida conocido como fertilización o fecundación.



El óvulo fertilizado continúa su viaje por la trompa de Falopio hasta el útero, trayecto que dura unos tres días. Durante las primeras 30 horas después de la fecundación, los cromosomas del espermatozoide y del óvulo se fusionan y las células comienzan a dividirse. Ese nuevo ser se conoce como embrión. Cuando el embrión termina su viaje y llega al útero, se alimenta de las secreciones uterinas; las células continúan dividiéndose, lo que hace que crezca. Aproximadamente 6 días después de la fertilización, el embrión rompe su duro "cascarón" y se implanta en el recubrimiento del útero, también conocido como endometrio.



El embrión libera una hormona llamada GCh que, al llegar a la sangre de la madre, indica a su cuerpo que está embarazada, lo que provoca que los ovarios sigan produciendo estrógeno y progesterona, dos hormonas necesarias para mantener el embarazo.

Si el óvulo no es fecundado, atraviesa el útero. Alrededor de dos semanas más tarde, el útero se desprende de su recubrimiento, el endometrio, en su proceso conocido como menstruación. Un nuevo recubrimiento empieza a crecer, listo para recibir un óvulo fecundado al mes siguiente.

EL NACIMIENTO


Después de que el embrión se hay implantado en el endometrio, crece hasta llegar a tener forma humana completa, con todos sus órganos; un proceso que dura unas doce semanas. En ese momento el embrión pasa a llamarse feto.

El feto crece dentro del útero hasta que pasan unos 9 meses. Después, en un proceso denominado parto, un niño completamente formado sale del útero a través de la vagina; siempre que el médico no tenga que sacar al niño con una operación quirúrgica, lo que se conoce como cesárea.

De manera que una consecuencia posible, e importante, de una relación sexual es un niño que nacerá 9 meses después. Claro está que dar a luz es sólo el principio de un sinfín de cuidados que va a requerir el niño. Tener un bebé implica grandes responsabilidades, que no deben tomarse a la ligera, y que tampoco deben pasarse por alto al tener una relación sexual.

CONCEBIR UN NIÑO 
TAMBIÉN PRODUCE PLACER

Una cosa más sobre las relaciones sexuales y sus placeres: así como experimentamos una sensación increíble cuando alcanzamos el orgasmo, la gran mayoría de las parejas dirán que sienten un placer aún mayor cuando están tratando de concebir un hijo. Se siento algo especial al saber que un posible resultado de la unión entre dos personas que se aman puede ser otro ser humano. Todo ello siempre expresado dentro de un contexto de madurez de los progenitores para poder traer un bebé y poder mantenerlo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario