domingo, 15 de julio de 2012

DIAGNÓSTICO DEL TDAH





La presencia de alguno o de todos los síntomas descritos anteriormente no implica necesariamente el diagnóstico de TDAH en los adultos. Los criterios para el diagnóstico de TDAH se especifican en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR). El diagnóstico de TDAH se encuentra clasificado dentro del grupo de trastornos iniciados en la infancia, la niñez o la adolescencia. En otra clasificación internacional de los trastornos mentales, la Décima Revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10), también se incluye el trastorno bajo el nombre de Trastornos Hipercinéticos.




CRITERIOS PARA EL DIAGNÓSTICO DE TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD

A. Existen 1 o 2

1. Seis (o más) de los siguientes síntomas de desatención han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo:

Desatención

(a) A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.

(b) A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.

(c) A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente.

(d) A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos u obligaciones en el centro de trabajo (no se debe a comportamiento negativista o a incapacidad para comprender instrucciones).

(e) A menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades.

(f) A menudo evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (como trabajos escolares o domésticos).

(g) A menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades (por ejemplo, juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros o herramientas).

(h) A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.

(i) A menudo es descuidado en las actividades diarias.

2. Seis (o más) de los siguientes síntomas de hiperactividad-impulsividad han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo:

Hiperactividad

(a) A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.

(b) A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.

(c) A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud).

(d) A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.

(e) A menudo "está en marcha" o suele actuar como si tuviera un motor.

(f) A menudo habla en exceso.

Impulsividad

(g) A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.

(h) A menudo tiene dificultades para guardar turno.

(i) A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (por ejemplo, se entromete en conversaciones o juegos).

B. Algunos síntomas de hiperactividad-impulsividad o desatención que causaban alteraciones estaban presentes antes de los 7 años de edad.

C. Algunas alteraciones provocadas por los síntomas se presentan en dos o más ambientes (por ejemplo, en la escuela [o en el trabajo] y en casa).

D. Deben existir pruebas claras de un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral.

E. Los síntomas no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno generalizado del desarrollo, esquizofrenia u otro trastorno psicótico, y no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (por ejemplo, trastorno del estado de ánimo, trastorno de ansiedad, trastorno disociativo o un trastorno de la personalidad).




Como se observa en la tabla anterior, existen 5 criterios (A, B, C, D y E) que se tienen que cumplir para realizar un diagnóstico de TDAH (DSM-IV-TR).




En primer lugar, la presencia de los síntomas. Se requiere un mínimo de seis síntomas, bien de inatención o bien de hiperactividad o impulsividad. Estos síntomas tienen que estar presentes de forma persistente y con una intensidad que sea perjudicial. Por ejemplo, olvidarse las llaves de vez en cuando no representaría un síntoma de TDAH: sí lo sería, en cambio, olvidarse constantemente las llaves o la cartera, perder algunos móviles y no saber nunca donde dejamos las herramientas o papeles que utilizamos cotidianamente. Y así debería ocurrir con todos los síntomas, que son fácilmente reconocibles en todos nosotros si aplicamos el adjetivo temporal "de vez en cuando", pero que no lo son si requerimos la frecuencia de "a menudo" o "casi siempre".




El TDAH es un trastorno de inicio en la infancia, por lo que se requiere que algunos de los síntomas actuales, aunque no todos, se hayan iniciado en la infancia. El DSM-IV-TR especifica que la edad de inicio sea inferior a 7 años. Este criterio puede ser difícil de evaluar cuando el adulto con TDAH no ha sido diagnosticado anteriormente, ya que en estos casos se requiere una evaluación retrospectiva de los síntomas. De todas formas, cuando un adulto con TDAH expone la presencia de los síntomas actuales, en muchos casos suele referirse a ellos, como conductas que ha "sufrido" durante toda la vida, desde siempre.




El tercer criterio diagnóstico hace referencia a la generalización de los síntomas. Tenemos ya claro que los síntomas son graves, que se aprecian con una frecuencia superior a la que presenta la mayor parte de la gente y que están presentes desde siempre o desde la infancia temprana.

Ahora, es importante saber en qué situaciones los observamos. Un paciente que fue a consultar con un elevado grado de ansiedad contó que notaba que esta ansiedad era producida por no poder mantener el orden necesario en su trabajo. Se le acumulaban las tareas, llegaba tarde a citas y reuniones, no encontraba papeles importantes y tenía dificultades para planificar el tiempo necesario para realizar las tareas, por lo que nunca acababa los trabajos en el día que tenía programado. Además, notaba que de un tiempo a esta parte todo lo que requería un esfuerzo suplementario lo dejaba, inconscientemente, de lado y lo sustituía por tareas más sencillas que podían ser asumidas por personal destinado a ello.






Parecía claro que describía de forma espontánea muchos de los síntomas de inatención que se han descrito anteriormente y que se presentaban con una elevada frecuencia y gravedad. Al ser preguntado en qué situaciones se daban los síntomas respondió que actualmente su vida era un caos y que no daba "pie con bola" en ninguna esfera de su vida (trabajo, familia o amigos). Cuando se le preguntó desde cuándo le pasaba esta situación, nos explicó que hacía un año había sido ascendido en su empresa a un cargo de mayor responsabilidad. Al explicarnos su vida anterior, nos relató que, si bien a lo largo de los 9 años en que trabajaba en la empresa cada vez se había sentido más estresado, no fue hasta el último año cuando empezó a tener problemas de  llegar tarde cuando iba a buscar a sus hijos a la escuela, o cuando quedaba con sus amigos. Tampoco, hasta ahora, se mostraba despistado en sus quehaceres domésticos, ni tenía olvidos significativos. Fue en el último año cuando todo se había desbordado. De pequeño, se recordaba como un buen estudiante y sin más problemas que los habituales.


Esta situación que se ha descrito se asemeja mucho a los síntomas de TDAH. No obstante, la no generalización de los síntomas (parece que son sólo significativos en el medio laboral) y su inicio en la edad adulta nos sugieren que padece un problema de estrés laboral y no un TDAH. Éste es un claro ejemplo de que síntomas muy parecidos no confirman necesariamente la presencia de un TDAH.






Otro criterio importante es que "deben existir pruebas claras de un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral", es decir, aquellos síntomas de TDAH que están presentes y que además nos perjudican de forma clara en nuestras actividades de cada día. En los niños son muy claras las consecuencias de presentar síntomas de inatención o hiperactividad en el ámbito escolar. En los adultos requeriremos también que aquellos síntomas que estén presentes hagan mucho más difícil el trabajo, o las relaciones familiares o sociales de la persona que los padece.


No obstante, muchos adultos han adaptado todo su ambiente a sus síntomas de TDAH. Por ejemplo, encontramos un gran número de ellos que prefieren trabajar como autónomos, ya que tienen muchas dificultades para adaptarse a horarios y condiciones más rígidas. En sus hogares, encuentran parejas más o menos dispuestas a llevar el orden que ellos no pueden seguir. Otras veces este deterioro se describe como una sensación de llevar una carga extra encima. Un profesor universitario comparaba sus dificultades en el trabajo a tomar parte en una carrera cargado con una mochila llena de piedras. Conseguía alcanzar las metas propuestas, pero el esfuerzo realizado era muchísimo mayor que el del resto de sus compañeros de profesión.






El diagnóstico de TDAH es un diagnóstico médico. En último término siempre será un médico, habitualmente psquiatra, el que realice un diagnóstico de TDAH, y este punto es muy importante para la valoración de la presencia de otros trastornos psiquiátricos que expliquen mejor la sintomatología actual. Para concluir el diagnóstico tenemos que descartar otras patologías médicas y psiquiátricas que puedan presentar síntomas iguales o parecidos a los del TDAH. La atención es una de las funciones básicas que se encuentra alterada en diversas patologías, desde la ansiedad o depresión hasta los trastornos psicóticos. También los trastornos bipolares presentan inquietud, dificultades de concentración y verborrea: niños con retraso mental leve presentan dificultades escolares y en ninguno de estos casos estos síntomas son exclusivos del TDAH.


Con el repaso de los criterios en los que se basa el diagnóstico de TDAH se puede observar que no es un diagnóstico superficial. Es preciso que se cumplan toda una serie de requisitos para poder afirmar que alguien padece un TDAH. Un adulto olvidadizo sin más, no tendrá un TDAH, es preciso que se presente el conjunto de criterios explicados anteriormente. De esta forma, el diagnóstico será riguroso y fiable.






Un adecuado diagnóstico por parte de un profesional puede dar respuesta a muchos de los problemas que se han originado a lo largo de la vida. Debemos de tener en cuenta que el diagnóstico es el primer paso para un tratamiento correcto. Una vez el trastorno se ha diagnosticado se puede ofrecer al adulto con TDAH el mejor tratamiento disponible que puede incluir desde simples recomendaciones hasta tratamientos farmacológicos o psicológicos. 

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