lunes, 9 de julio de 2012

MARIHUANA



La marihuana es una antigua droga usada desde la prehistoria en algunas partes del Viejo Mundo. Es el producto de una planta de cáñamo, Cannabis sativa, especie que produce también una fibra de utilidad, una semilla comestible y una medicina. Todo esto es mucho para una sola planta, lo cual explica por qué ha sido siempre extensamente cultivada. El cannabis es probablemente originaria de Asia Central. Tiende a crecer en zonas no cultivadas, que rodean a los cultivos, y en las afueras de las poblaciones. Ha estado asociada al ser humano durante tanto tiempo que no se conoce en verdadero estado silvestre.



Las propiedades intoxicantes del cáñamo se encuentran en una resina aromática y pegajosa que exudan las puntas floridas de la planta y, en especial, las de la planta hembra. La fuerza de una preparación de cáñamo depende de su contenido en resina. Algunas especies producen gran cantidad de resina  y otras muy poca. Si se machaca la planta entera, con hojas, tallos y todo, las puntas ricas en resina quedan diluidas entre mucho material inerte. Las puntas de la planta hembra cosechadas con cuidado antes de que se formen las semillas están pegajosas de resina, son muy aromáticas y muy potentes. La resina puede ser recogida y comprimida en pequeños panes o pelotones: este es el hachís. La resina puede ser también extraída con solventes y concentrada en un líquido espeso y oleoso llamado "aceite de hash" (hash oil). Cualquiera de estas formas puede ser ingerida o fumada.



La marihuana es un caso único entre las drogas psicoactivas. En realidad, constituye en sí misma una clase aparte. La estructura molecular de las sustancias químicas que contiene no se parece a la de las otras drogas. Al contrario de la mayoría de las sustancias que posee, las moléculas del cannabis son insolubles en agua y solubles en aceites o grasas (lípidos). Por lo tanto se absorben muy irregularmente cuando se las ingiere. Permanecen en el cuerpo largo tiempo porque se acumulan en las grasas. La marihuana no es un estimulante ni un depresor, sino que combina propiedades de los dos. Muchos lo consideran un psicodélico suave, pero sus efectos son diferentes a los otros alucinógenos, y no son siempre tan suaves. Es más, el potencial de uso abusivo de la marihuana es muy superior al de los alucinógenos porque puede ser usada con frecuencia o continuidad, sin interferir con las actividades de la vida diaria.



Como droga psicoactiva, el cannabis tiene una historia mucho más larga en otras partes del mundo que en las sociedades occidentales. Durante muchos años, los europeos y los americanos, cultivaron la planta sólo por la utilidad de sus fibras. Incluso cuando la tintura de cannabis fue ampliamente usada en medicina en el siglo XIX, pocas personas la tomaron para entonarse ni contaron que se hubieran sentido entonadas al tomarla. El conocimiento de cómo fumar el cáñamo fue con probabilidad llevado por primera vez a Brasil por esclavos negros que habían usado la planta en África. La práctica se fue extendiendo por el norte de Sudamérica y, pasando por México, al final llegó a Estados Unidos.



El hábito de fumar marihuana empezó en Estados Unidos después de la primera guerra mundial. Fue introducido por trabajadores emigrantes mexicanos y al principio la adoptaron los negros de los estados del Sur. Muchos de sus primeros usuarios eran músicos. A lo largo de los años el uso se extendió a otros grupos sociales, pero rara vez a los blancos de clase media antes de la década de los años 60, cuando se convirtió en un prominente símbolo del movimiento juvenil de los campus universitarios. Desde entonces su crédito ha crecido con regularidad y hoy es la droga más consumida entre todas las drogas ilegales.



En el primer momento, la marihuana -que tiene muchos nombres en la jerga (porro, hierba, chocolate, etc...)- provocó gran rechazo, debido sobre todo a las asociaciones que hacían quienes la usaban; ya antes de llegar a los grupos hippies y revolucionarios, era la droga de las subculturas disidentes y de los grupos raciales minoritarios. A pesar de su condición de droga ilegal hoy más usada, la cultura dominante la sigue mirando como peligrosa, peor que el alcohol y el tabaco, inductora a la heroína.



En esta atmósfera cargada, los argumentos sobre la marihuana se inclinan a tener más de político que de realidad. Puesto que los farmacólogos y médicos están tan interesados en los aspectos políticos de la marihuana como el resto de la gente, es difícil conseguir información imparcial sobre la droga. Mucha de la investigación dedicada a la marihuana se hace para probar ideas preconcebidas y lo que se escribe normalmete no es digno de ser leído.

Política a un lado, los efectos de la marihuana son difíciles de describir por lo variable que son. Mucho más que los de las otras drogas. Algunas de estas diferencias se deben a la actitud y al ambiente, pero otras a la droga en sí.



Es frecuente que quienes fuman marihuana por primera vez no sientan absolutamente nada, ni siquiera si se trata de dosis altas de droga fuerte. Como en el caso de otras sustancias psicoactivas, la gente debe aprender a diferenciar los efectos sobre los cambios de conciencia de los efectos físicos de la droga. Sin embargo, comparados con los efectos físicos de otras drogas, los de la marihuana no son espectaculares. Hacen que el corazón lata algo más deprisa, causan sequedad en la boca y los ojos, y enrojecen el blanco de los ojos. De todos estos efectos, el más notorio es el de la sequedad de la boca. La irritación ocular la suelen sentir sólo las personas que usan lentes de contacto. La aceleración del corazón deja pronto de notarse, aunque puede provocar una reacción de pánico en quienes están ansiosos porque prueban el porro por primera vez y llegan a creer que están sufriendo un ataque cardíaco.



Cuando la gente aprende a entonarse con marihuana, sus primeras experiencias con la droga suelen ser muy placenteras. Todo les resulta gracioso y todas las experiencias sensoriales les parecen interesantes. Oír música, comer o hacer el amor pueden hacerse más que agradables. El tiempo se alarga y se vive intensamente. Algunos experimentan a veces ilusiones, tales como sentir que la habitación se ensancha o que sus piernas se han alargado muchísimo.



Con el uso repetido, estas experiencias extraordinarias tienden a desaparecer. Los consumidores habituales encuentran que la marihuana los hace relajarse y ser más sociables, sin que esa sensación vaya acompañada de percepciones extrañas ni francos cambios de ánimo. Los que consumen la droga con exceso no sienten por lo general nada especial. Fuman, simplemente, porque han adquirido el hábito de fumar.



Las malas reacciones a la marihuana aparecen con más frecuencia en altas dosis, sobre todo cuando la droga se toma en ambientes desfavorables y los fumadores carecen de experiencia. La mayoría de estas reacciones es sólo un momento de pánico, que se trata fácilmente, convenciendo al fumador de que es un fenómeno normal, que desaparecerá totalmente en cuanto pase el efecto de la droga. Por lo común, los efectos de la marihuana disminuyen al cabo de una hora y desaparecen después de dos o tres horas. Hay personas que si fuman mucho, al día siguiente se sienten cansados o confusos.

LICOR  DE  MARIHUANA

Ciertos consumidores dicen que la marihuana los estimula y los mantiene despiertos por la noche. Otros la toman para dormirse. Causa depresión e irritabilidad en algunos. Otros se sienten adormecidos durante varias horas. Es posible que determinada marihuana sea más sedante que otra. En los últimos años han aparecido en el mercado marihuanas cada vez más potentes. Algunas de las variedades de marihuana llamadas "sinsemilla" son tan potentes como el hachís, cosa que puede tomar por sorpresa a las personas acostumbradas a las variedades normales.



Tomada por la boca -en vez de fumada-, la marihuana es una droga más fuerte, cuyos efectos tardan más en aparecer y duran más. Como la marihuana es insoluble en agua, no es muy efectiva bebida como té. Pero se puede agregar marihuana a los alimentos y se extrae fácilmente con alcohol o con grasas. Aunque hay a quien le gusta ingerir la marihuana, la mayoría prefiere fumarla porque el método es más simple y porque hace efecto más deprisa. El principal riesgo de la ingestión oral es la sobredosis. Como el estómago absorbe la droga de manera desigual, la dosis es difícil de calcular y es fácil tomar demasiada. La sobredosis del cannabis es desagradable aunque no médicamente peligrosa. Las sobredosis pueden causar desorientación extrema y delirio (como si estuviera sufriendo una fiebre muy alta). Semejantes estados son con frecuencia seguidos por estupor y resaca. Pero precisamente porque la toma oral de marihuana requiere más preparación, produce fuertes y desagradables efectos y es más difícil de manejar, quienes ingieren marihuana tienen menos probabilidades de hacerse dependientes de ella que quienes la suelen fumar.

MANTEQUILLA  DE  MARIHUANA


La ingieran o la fumen, las personas que consumen marihuana la combinan con frecuencia con otras drogas como el alcohol, los depresores, los estimulantes e, incluso, los psicodélicos. Los efectos de estas combinaciones son poco predecibles y dependen más del individuo que de la droga. Dado que esta planta no es tan potente ni tan tóxica como las otras drogas, no hay peligros farmacológicos especiales que resulten de la mezcla (como los que existen, por ejemplo, en la combinación de alcohol y depresores). De todas maneras los consumidores deben estar avisados de qué combinaciones a las cuales no están acostumbrados pueden diferir de las que conocen y producir intensos e inesperados efectos.



La seguridad médica de la marihuana es grande. No mata a las personas por sobredosis ni produce otros síntomas de franca toxicidad. El uso ocasional de marihuana no es más peligroso para la salud que el uso ocasional del alcohol.



Fumar marihuana con regularidad puede, a lo largo del tiempo, producir una clara irritación en las vías respiratorias y consecuente tos seca y crónica que se parece a la del fumador de cigarrillos. Es necesario tener en cuenta que el humo de la marihuana contiene más alquitrán que el del tabaco y, probablemente, produzca enfermedades pulmonares y bronquiales en individuos susceptibles. El riesgo depende de cuánto fuma el consumidor y durante cuánto tiempo.



Más allá de la irritación respiratoria, el uso considerable de marihuana no parece producir otros trastornos médicos. Por supuesto se ha dado gran publicidad a los peligros del cannabis, con informes sobre toda clase de enfermedades, desde daño cerebral hasta agresión al sistema inmune y reproductor. Pero estos informes están basados en una deficiente investigación, a menudo guiada por apasionados enemigos de la droga. El estudio de poblaciones que han fumado cannabis durante muchos años no revela enfermedades que puedan estar obviamente relacionadas con la marihuana.



Se ha dado mucha importancia al hecho de que el tetra-hidro-cannabinol (THC), la sustancia química más activa en la resina del cannabis, se acumula en las grasas del cuerpo donde puede quedar hasta semanas después de fumada la última dosis. Aunque es verdad y, a pesar de que en este aspecto la marihuana difiera mucho de otras drogas psicoactivas que son hidrosolubles, no es en sí mismo un problema. Si el THC fuera una sustancia muy tóxica, su persistencia en las grasas del cuerpo sería un problema serio, pero el THC y la marihuana son menos tóxicos que la mayoría de las otras drogas que se describen.



Los problemas psicológicos relacionados con el uso regular de la marihuana son también un tema controvertido. Quienes se oponen a la droga sostienen que interfiere con la memoria y el buen funcionamiento intelectual y que conduce a un síndrome de falta de motivación en el cual la gente pierde iniciativa y voluntad para el trabajo. No hay duda de que los jóvenes faltos de motivación suelen fumar marihuana y es prácticamente lo único que hacen. Pero es dudoso que sea la marihuana la que los lleva a actuar así. Fumar marihuana en excesiva cantidad es un síntoma de falta de motivación más bien que su causa. Lo más probable es que esos mismos jóvenes estuvieran perdiendo el tiempo en otras cosas o consumiendo otras drogas si no consiguieran marihuana.

BOB  MARLEY


En cuanto a los efectos sobre la memoria y el intelecto, los consumidores regulares dicen con frecuencia que la marihuana tiende a llevarlos a estados de confusión y a interferir con la memoria. Esos efectos desaparecen en apariencia cuando los fumadores disminuyen el uso o lo interrumpen del todo.



La dependencia de la marihuana existe con seguridad y ha ido aumentando a medida que se ha incrementado el consumo. No es exactamente igual que la dependencia de otras drogas psicoactivas. En el peor de los casos, la adicción a la marihuana consiste en "fumado encadenado", desde el momento de levantarse por la mañana hasta el momento de acostarse, una conducta muy similar a la del fumador de cigarrillos. Pero cuando las personas interrumpen de súbito el uso de la marihuana los dramáticos síntomas de la abstinencia no se producen, y la necesidad ansiosa de la droga no es, ni de lejos, tan intensa como la del tabaco, el alcohol o los narcóticos.



La tolerancia a la marihuana también existe. Hasta las variedades más potentes pierden su poder si se las fuma día tras día. Esto induce a los consumidores en gran escala a tratar y tratar de conseguir droga más potente para sentirse entonados otra vez. En realidad, todo lo que necesitarían hacer es diminuir la frecuencia del uso. Hasta una interrupción de sólo 24 horas hace que un fumador empedernido vuelva a sentir los efectos psicoactivos de la marihuana.



Aunque la dependencia de la marihuana tiene menos efectos físicos que la adicción a drogas más tóxicas, puede ser muy difícil cortar el hábito. Y es muy desagradable para los fumadores que deciden dejarlo reconocer que están enganchados con la droga. Muchos fumadores empedernidos son incapaces de dejar de fumar aunque ya no sólo no sienten los efectos agradables que persiguen, sino que sienten los que les disgustan, como el exceso de efecto sedante y la tos. Ahora existen programas de autoayuda para personas con hábitos de fumar marihuana, programas parecidos a los de Alcohólicos Anónimos. 



El desarrollo de la dependencia de la marihuana puede ser muy insidioso. No aparece de la noche a la mañana como en el caso del cigarrillo, ni en cuestión de semanas como la adicción a la heroína; se desarrolla a través de tiempos relativamente largos. En la mayoría de los casos, la gente empieza a fumar marihuana sólo en ocasiones especiales, por lo común en reuniones sociales. Al principio, como la droga produce efectos tan intensos -cercanos a la borrachera-, a los fumadores no se les ocurre la idea de que pudieran fumar marihuana fuera de esos momentos especiales. Sin embargo, con la persistencia del uso, la tolerancia se va desarrollando y hay quien empieza a sentirse sólo entonado y no borracho. De tal manera, pronto se aprende también a realizar las tareas habituales bajo la influencia de la marihuana. Los consumidores comienzan entonces a fumar de día, a veces también a solas. Con el tiempo, si no se toman precauciones, fumar marihuana se va extendiendo a todas las horas en las que se está despierto. Cuando se llega a ese punto, el hábito ya no es fácil de romper.



La marihuana no lleva al consumo de heroína, ni siquiera cuando se consume en exceso. Hay muchos yonquis que han fumado marihuana antes de empezar con los opiáceos, pero pocos fumadores de marihuana usan opiáceos. Muchos yonquis han bebido también alcohol antes de descubrir la heroína, pero a nadie se le ocurre sostener que el consumo de alcohol conduce a la heroína. La razón es por suspuesto que el alcohol goza de aprobación social en general, en tanto la marihuana tiene reputación de droga "mala". Es posible que los consumidores de marihuana tengan más probabilidades que los no consumidores de usar psicodélicos y cocaína, porque las redes distribuidoras de estas drogas trabajan en combinación. Pero la marihuana no tiene en sí propiedad alguna que conduzca a los fumadores a consumir otras drogas.



La adaptación a la marihuana permite a los consumidores realizar bien sus tareas. Al contrario que el alcohol, la marihuana no deprime los reflejos ni los tiempos de reacción. Las personas que no están acostumbradas a los efectos de esta droga no pueden conducir bien ni hacer otras tareas rutinarias mientras están entonadas. Incluso los fumadores experimentados necesitan tiempo para llegar a practicar una tarea dada si están bajo la influencia de la marihuana, hasta ser capaces de hacerla normalmente. Hay quienes sostienen que la marihuana los ayuda a concentrarse y les permite trabajar mejor, pero incluso esas personas tienen que aprender a adaptarse a sus efectos. La mayor parte de los tests científicos enseña que la marihuana perjudica el desempeño de toda tarea. Es fácil conseguir esos resultados si se les da marihuana a personas que no están adaptadas a ella, administrándosela en dosis muy superiores a la que están acostumbrados o se les dan tareas difíciles de hacer, especialmente cuando no las han realizado nunca entonados.



Muchos fumadores de marihuana conducen autos, pilotan aviones, hacen scuba-diving y otras actividades de riesgo después de fumarla. Lo hacen bien porque tienen experiencia, tanto en la actividad como en el hábito de fumar. Lo cual no cambia el hecho de que la marihuana puede interferir drásticamente con el rendimiento en algunas circunstancias. Fumar y conducir puede no ser tan grave como beber alcohol y conducir pero, ciertamente, no es una práctica recomendable. Para adolescentes, que ya para empezar tienen la tendencia a conducir sin prudencia, puede ser especialmente peligroso.



A los devotos de la marihuana les gusta defender las virtudes de la droga y tratan de convencer a otros de que es realmente beneficiosa. De hecho, el cannabis se usaba en medicina en el pasado. Algunos médicos creen hoy que es un remedio valioso para el tratamiento de ciertas enfermedades. Las leyes federales de Estados Unidos en vigor prohíben todo uso de la marihuana, pero el THC está disponible con fines de investigación y muchos estados han permitido ahora el uso legal de la planta para tratar determinadas enfermedades.



Tanto el THC como la marihuana son buenos remedios para el tratamiento de las náuseas y el vómito. Los médicos las han usado con éxito en pacientes de cáncer tratados con quimioterapia que, al utilizar drogas muy tóxicas, produce intenso malestar gástrico. Este efecto fue al principio descubierto por adolescentes adeptos a la marihuana, que recibían tratamiento para la leucemia. El cannabis puede conseguir también ayudar a la respiración de los asmáticos pero, cuando se lo fuma regularmente, suele producir tos. La marihuana es asimismo un tratamiento específico para el glaucoma, una grave enfermedad de los ojos, que aumenta la presión de los fluidos intraoculares y puede conducir a la pérdida de la visión. Por último, la marihuana reduce la rigidez muscular en un síndrome llamado parálisis espástica resultante de daños cerebrales y, a veces, de la esclerosis múltiple.



Aunque muchos pacientes prefieran el efecto de la marihuana natural al del THC, los organismos federales no permiten a los médicos recetar la planta natural. Sin embargo, el THC no es lo mismo que la marihuana entera y su empleo puede ser menos seguro. Hace poco las compañías farmacéuticas  han aparecido en el mercado ofreciendo drogas sintéticas relacionadas con el THC y han tratado de venderla como drogas para el tratamiento de las náuseas. Por lo general son menos efectivas y más tóxicas que la marihuana.



Aparte de estos usos médicos específicos, muchas personas encuentran que la marihuana alivia los síntomas de varias enfermedades leves, desde el dolor de cabeza hasta las contracciones dolorosas de la menstruación. Lo más probable es que usen la droga para entonarse y que entonarse les ayude a apartar la atención de sus malestares. Algunas veces, cuando se logra distraer la atención del síntoma en una enfermedad menor cualquiera, el dolor disminuye o deja de notarse, que viene a ser lo mismo. Cuando menos frecuentemente se fume marihuana, más probabilidades tiene de actuar como medicina.



Por supuesto, el mismo principio es válido para entonarse. Cuando menos marihuana se use, mayor y más intensa será la experiencia que se obtenga. El mayor peligro de la marihuana es que sus efectos se nos escapan de las manos. El consumo se va haciendo cada vez más un hábito repetitivo y cada vez menos efectivo a fin de cambiar el estado de conciencia. La facilidad con que el uso de la marihuana se hace compatible con todas las actividades -desde las actividades sociales hasta la de mirar la televisión-, favorece el uso habitual. Además, la tolerancia a los efectos interesantes de la droga motiva a los pacientes a fumarla más, cuando en realidad lo que se debe hacer es tomarla con bastante menos frecuencia para que produzca más efecto. La ausencia  de otras consecuencias negativas dramáticas -tales como la resaca- favorece aún más la tendencia a la sobredosis. A menos que uno establezca reglas sobre cuándo y dónde ha de fumar, se está cerca del hecho real de consumir más droga de la debida, al punto de que se pierden todos los efectos atractivos y queda sólo el hábito pertinaz y desagradable.






SUGERENCIAS 
SOBRE EL USO DE LA MARIHUANA

  • En algunos países, la marihuana es ilegal. Ser encontrado en posesión de marihuana puede costar el puesto de trabajo y propiciar una cantidad de problemas. Hay que ser consciente de los peligros de comprar una droga ilegal.
  • Es necesario definir qué beneficios se esperan de la marihuana. No se debe usar por la única razón de que otros la consumen o porque sea fácil de conseguir.
  • Si se logran los efectos apetecidos de la marihuana, deben tomarse precauciones para seguir gozando de ellos.
  • Hay que ponerle límites al uso. Por ejemplo, consumir marihuana sólo en compañía de ciertos amigos, sólo los fines de semana o sólo cuando no se está trabajando. Estas precauciones son necesarias si no se quiere caer en la transformación de un hábito agradable en un hábito que no da satisfacción alguna.
  • Es necesario recordar que puede ser peligroso conducir, manejar maquinaria o efectuar operaciones de riesgo bajo la influencia de la marihuana. La droga puede causar ilusiones de tiempo y de espacio, y se tarda en aprender a manejarse con ellas.
  • Si se encuentra que los efectos apetecidos de la marihuana están disminuyendo o desapareciendo del todo, hay que interrumpir el uso. Después de una pausa se puede volver a fumar  y lograr tales efectos otra vez. El secreto está en mantener la frecuencia de uso al ritmo necesario para que no se pierdan los efectos interesantes sobre la conciencia. Por extraño que suene, lo menos es lo más, y eso cualquiera puede comprobarlo fácilmente por sí mismo.
  • Si se ve que los efectos apetecidos están desapareciendo, lo peor que se puede hacer es incrementar la dosis o fumar más a menudo. Esta conducta aumentará el problema.
  • Se debe considerar la posibilidad de consumir marihuana por la boca en vez de fumarla. Es más difícil inferirla por boca y los efectos son diferentes, pero el riesgo de crear dependencia es menor.
  • Es preciso ser cuidadoso al combinar la marihuana con otras drogas psicoactivas.
  • Hay que tener cuidado sobre la actitud y el ambiente, especialmente cuando se consume marihuana por primera vez.
  • No se debe emplear marihuana en la escuela ni en el trabajo. La mayor parte de las personas no toma alcohol en esos sitios y el hecho de que sea más fácil dominar la situación con la marihuana que con el alcohol no es una buena razón para usarla. Cuantas más condiciones "especiales" se permita uno a sí mismo para el uso de la marihuana, más fácilmente se llega a la dependencia.
  • Si aparecen tos o silbidos pectorales, la marihuana puede estar dañando las vías respiratorias. Hay que interrumpir el uso, disminuirlo o decidir consumir marihuana por vía oral.
  • Si se está usando marihuana más de lo que se quisiera sin sentir los efectos apetecidos, debe darse cuenta de que no está controlando la droga sino que la droga lo está controlando a usted. Hay que tratar de supender el consumo durante un tiempo. Si no se es capaz de hacerlo, es posible que se necesite ayuda exterior para tratar el problema.

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