domingo, 22 de julio de 2012

TEORÍA DE LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES





Howard Gardner, psicólogo e investigador de la Universidad de Harvard (EEUU.), está seguro que no fué el pionero en reconocer la multiplicidad de talentos. Pero cree que hay dos cuestiones que distinguen su trabajo respecto a otros pioneros. La primera es que contaba con una serie de criterios por los que se podía juzgar si algo merecía ser considerado una inteligencia. Y la segunda es que usaba la palabra inteligencia en lugar de talento. Recibió el premio Príncipe de Asturias por sus descubrimientos. Tomó la palabra inteligencia, que era propiedad de los seres humanos del coeficiente intelectual, y dijo que la música es un talento y las matemáticas son inteligencia, pero ¿por qué se debe llamar inteligentes a las personas buenas con los números y solo talentos a aquellos que dominan el tono, la armonía o el timbre? Todavía nadie le ha respondido con un buen argumento.




Desde el concepto genetista que exponía que todos los seres humanos somos prácticamente iguales al concepto de Howard Gardner de que los niños y los adolescentes no eran tan parecidos y que no tan solo eran distintos sino que tenían inteligencias múltiples pasaron 20 años. Pero la introducción de sus ideas, como experto, tuvieron mucha oposición. Al comienzo dijeron que estaba equivocado y luego, unos años más tarde, lo aceptaron, para asegurar años después que habían pensado en ello. Lo cierto es que el trabajo de este investigador, así como el trabajo de Goldman sobre las inteligencias emocionales y sociales han pasado a ser parte del conocimiento colectivo del planeta. Howard expone que si vas a una empresa, a la formación o a la política, se reconoce que quizás tengas un coeficiente intelectual muy superior a la media. Pero si no sabes cómo comprender a los demás, si no te entiendes a ti mismo, si no sabes cómo abrirte camino en la calle, en el estudio de televisión, en el ambiente deportivo o en el artístico, aunque tengas el mayor coeficiente intelectual jamás observado, no serás inteligente en otras áreas.




Se ha pasado a medir el coeficiente intelectual (IQ.), pero cuando los seres humanos utilizan la palabra inteligencia sin pensar, suele referirse a la inteligencia en la escuela. Si eres bueno en lenguas y en matemáticas, te irá bien en la escuela y, mientras estés en la escuela, pensarás que eres inteligente. Como todos los expertos de Occidente, Howard, creía que había algo llamado test de inteligencia y que si lo hacías bien eras bueno en todo; si lo hacías regular eras regular en todo y si lo hacías mal tenías mala suerte. La tendencia de los test de inteligencia era medir la inteligencia de un ser humano.




Cuando Alfred Binet descubrió o, mejor dicho, creó el test de inteligencia hace aproximadamente unos 100 años, fue un logro para su época. Era una buena manera de predecir cómo les iría a los estudiantes en un determinado tipo de escuela. Pero hay una manera mucho mejor de predecirlo: las notas del curso anterior. Si sabes cómo te fue el curso pasado, no tenemos por qué hacer un test de inteligencia. El problema de las mediciones no son las mediciones en sí mismas sino las personas que les atribuyen demasiada importancia. Lo peor del coeficiente intelectual es que a las personas que se les decía que el resultado del test no era muy bueno, aceptaban su estupidez y entonces.... Creer en la inteligencia única con la que hemos nacido es muy occidental. En Asia, se cree en la importancia del esfuerzo. Howard siempre dice lo mismo: debes elegir bien a tus abuelos y trabajar mucho. Por desgracia, no puedes escoger a tus abuelos, no tienes elección. Así pues, lo realmente importante es en qué decidimos trabajar y cuánto nos aplicamos a una tarea, la calidad de la enseñanza y los recursos de los que disponemos. Y eso, al final, tiene mucho más que ver con las oportunidades que uno tiene en la vida que los resultados de un test que alguien elaboró en París hace cien años. Porque no ha habido muchos cambios desde entonces.




Todos los seres humanos tienen un repertorio de capacidades adecuadas para resolver distintos tipos de problema. Por tanto, el objetivo de las escuelas deberían de ser el de desarrollar las inteligencias y ayudar a la gente a alcanzar los fines vocacionales y aficiones que se adecúen a su particular sentido del espectro de inteligencias.

Howard Gardner cree en la inteligencia como una metáfora. Si los seres humanos creemos en una inteligencia única, quiere decir que sólo tenemos un ordenador en nuestro cráneo. Si ese ordenador funciona y es eficiente y rápido, no comete muchos errores, entonces eres bueno en todo. En cambio, si funciona a trompicones, entras dentro de la media y, si va lento y comete muchos errores, es que eres estúpido. La reivindicación de las inteligencias múltiples es que tenemos una serie de ordenadores independientes: uno se encarga de la información musical, otro de la información espacial, otro de la información corporal. Evidentemente, no es un ordenador pequeño, no tenemos una lata vacía en el cráneo, pero es un argumento que los cerebros son muy diferentes y pensar que solo hacen una cosa no es correcto. La disponibilidad de ordenadores, dispositivos portátiles, tabletas gráficas,... significa que ya no tenemos que enseñar la misma cosa del mismo modo ni examinar de una sola manera. Hemos tenido de vivir en la época de la información, de la informática, en la era de las nuevas tecnologías. Quienes parecen que no lo entienden son los ministros de educación.




Desde el momento de su reconocimiento de la inteligencia múltiple y pasados 20 años, Howard Gardner ha podido hablar de algo impensable hace dos décadas, la formación personalizada, puesto que todos somos distintos, hay que dar una formación distinta a cada uno, posible en la actualidad gracias a la revolución digital.

Estamos, como quien dice, en el principio del comienzo, pero el software y el hardware es cada vez más versátil y, si alguien quiere aprender algo, ya sea esquiar o a vender, cálculo o genómica, no hay ningún motivo por el que todos tengan que aprender de la misma manera. Según Howard sería una estupidez. Cuanto más versátil sea el software y cuanto mejor guía sea el maestro para decir "¿Por qué no aprendes de esta manera?", "dime cómo te gusta aprender" o "cuéntame qué has aprendido de una manera que te resultaba cómoda", y cuanto más me repitan lo mismo, más personas recibirán formación. Así que la cuestión es descubrir cómo aprende una persona, descubrir sus pasiones, que son muy importantes, y utilizar todos los recursos humanos y tecnológicos que nos sirvan de ayuda. Por supuesto, se trata de un ideal, pero se está mucho más cerca de ese ideal de lo que se había estado nunca antes de la revolución digital.




Las personas son diferentes, los estudiantes son diferentes y hace falta una formación personalizada y la formación también ha de ser diferente para cada ser humano. Los maestros deben cambiar porque una materia concreta no se enseña de una manera determinada, puede enseñarse de múltiples maneras distintas. El maestro debería convertirse en el guía del alumno. Así los maestros sabrán algo de los estudiantes, los estudiantes sabrán algo de sí mismos y los padres sabrán algo de sí mismos, y trabajarán en equipo para decidir cuál es el mejor camino o la mejor manera de aprender para una persona. Todos debemos aprender una serie de cosas, pero no hay ninguna manera para que las aprendamos de la misma manera. Las sociedades con materiales informáticos versátiles y maestros que actúan como guías tendrán una enorme ventaja sobre aquellas en las que el software no se utilice bien y los maestros crean que son la fuente de toda la información y todo el conocimiento. Porque en la actualidad, los estudiantes no paran de decir: "Eso no es correcto" o "lo acabo de buscar" y, por supuesto, levantan la mano. Quien levanta la mano no siempre tendrá la razón, pero probablemente tenga más razón que uno mismo. Así pues, la idea de que los maestros son la fuente de toda la sabiduría alimenta su sensación de poder, pero ya no es cierto.

A lo largo de la vida, los seres humanos han hecho muchas cosas a solas, pero ahora todo consiste en trabajar en equipo, en red, en llegar desde distintos lugares a un mismo sitio, trabajar eficientemente y no volver a ver a esa persona. Esto es saber cómo hacernos una idea de la situación, colaborar afectivamente, construir confianza, combatir las reacciones propias, que quizás puedan ser demasiado impulsivas, o demasiado arrogantes, o insuficientemente colaboradoras. Estos factores sociales, emocionales, entran en la categoría de la comprensión de uno mismo. Refiriéndose a la inteligencia interpersonal. Si no nos conocemos bien a nosotros mismos, no tomaremos buenas decisiones vocacionales, ni eligiremos bien a nuestro compañero, porque hoy en día somos nosotros los que decidimos dónde vivimos, con quién, a qué nos dedicamos...  Las escuelas deberían cambiar de nombre por el de escuela del aprendizaje de por vida, porque todo ser humano comenzará a ser disfuncional  si deja de aprender. Se puede decir sin reparos que las mediciones de la educación, el sistema educativo, ha cambiado más a lo largo de nuestra vida que probablemente en siglos pasados.

Los seres humanos tienen, hoy en día, una mayor esperanza de vida y algo debe cambiar en el sistema de aprendizaje. Lo importante es lo nuevo, la confianza; pero ningún estudiante no sabe cómo se puede fiar de una determinada institución o de un determinado maestro, nadie les enseña qué hace falta para fiarse de alguien.

En la actualidad existen muchos maestros e instituciones que no merecen confianza. Sin embargo, por otro lado, si sospechas de todos o te muestras escéptico ante todos, no se podrá crear ninguna conexión significativa, ningún tipo de sinergia relevante. Es muy difícil y, gracias a las ciencias sociales, se sabe que una de las mayores diferencias entre las sociedades es el grado de confianza. Escandinavia siempre obtiene puntuaciones muy elevadas en las medidas de confianza. Si vas a África, la confianza es prácticamente inexistente. En EEUU. se ha producido una especie de descenso constante del índice de confianza, lo que es muy triste.

La cooperación o el trabajo en equipo es muy importante y se debería hacer creando, dentro de las escuelas, entornos que modelen este tipo de comportamiento entre los maestros, entre maestros y padres, y entre los estudiantes mayores y los menores. Porque cuando ves lo que puedes conseguir si trabajas en equipo con los demás, en especial con personas que tienen distintas perspectivas, es muy liberador. Trabajar con personas que son réplicas de uno mismo es una estupidez. Se han de formar equipos en los que las personas tengan habilidades, intereses y pasiones complementarias y en los que todos puedan sumar. Por supuesto, todo el mundo sabe que disfrutamos más en un entorno social en el que no oigamos siempre lo mismo, donde se hagan otros tipos de contribuciones. Si carecemos de esos modelos en casa y en la escuela, y probablemente la religión no los proporciona, cuando llegamos al lugar de trabajo, tenemos una tarea de 30 años para construir la confianza y desarrollar los músculos de la colaboración. Es realmente una locura. El coeficiente intelectual y la visión estándar de la inteligencia, en realidad, tienen que ver con si tienes éxito en un determinado tipo de escuela. Una escuela en la que las lenguas y las matemáticas son importantes. Son importantes, nadie lo discute. Pero cuando dejas la escuela y sales a la autopista, vas a la tundra o a la sabana, te sumerges en el agua o sales al escenario, es el momento para las otras inteligencias.

Saber trabajar en equipo, en red y con desconocidos es un activo para la inteligencia. Gardner entiende como parte de la inteligencia interpersonal saber cuál es nuestra vocación y rodearse de personas que te aporten, que te sumen a tu inteligencia, no que te resten.






Autor: Howard Gardner, profesor de la Cátedra de Cognición y Educación John H. & Elisabeth A. Hoobs en la Graduate School of Education de Harvard y director del Harvard Project Zero. Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011, autor de obras como La nueva ciencia de la mente e inteligencias múltiples (Paidós).


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