martes, 17 de julio de 2012

UNO DE LOS TANTOS MECANISMOS CEREBRALES



Una curiosidad puede resultar el mecanismo cerebral de la indignación; pero tiene mucho que ver con el otro mecanismo: el del asco físico. En ambos casos, activamos una zona cerebral en común, la ínsula, en la corteza cerebral. 



El asco ya sabemos que tiene una función básica en la supervivencia de la especie: nos permite distinguir aquello que no nos conviene comer, como productos en descomposición, olores putrefactos, olores contaminantes, e incluso olores indefinidos.



La indignación es otra forma de asco, un asco mucho más sofisticado, como diría el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, catedrático de Psicología en la Universidad de Princeton y profesor de Asuntos Públicos en la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales, pertenecería al Sistema 1 y 2 de nuestra mente. 



Al Sistema 1 porque opera de forma rápida y automática, con poco o ningún esfuerzo y sin sensación de control voluntario y al Sistema 2 porque centra la atención en las actividades mentales esforzadas que lo demandan para identificar la procedencia del asco, que incluso realiza cálculos complejos, para llegar a saber cuánto tiempo lleva en descomposición una materia que produce un olor putrefacto, de tal manera que nuestro asco aumenta hasta incluso poder provocar arcadas. Pero el Sistema 2 de nuestra mente es un sistema mucho más complejo que el primero y se asocia a la experiencia subjetiva de actuar, elegir y concentrarse. Actuar contra ese asco o repugnancia que nos provoca la indignación, a elegir otras alternativas que dejen de provocarnos el asco o la indignación y a concentrar todos nuestros esfuerzos por luchar contra la indignación producida que nos ha provocado ese asco más sofisticado.



La indignación es un asco más sofisticado porque nos permite identificar conductas que no son beneficiosas para el grupo, para la colectividad, para la sociedad, para el país, para la nación, para el Estado, para el Gobierno. 



Se produce, sobre todo, cuando vemos a alguien que es tratado de forma injusta por otro ser humano; o que hay un tratamiento no igualitario en seres humanos de una misma colectividad. 



Y es que el sentimiento de injusticia, y la indignación / asco que provoca, es algo biológico, escrito en nuestros genes, como arma de defensa, mucho más de defensa que cultural. Lo llevamos de serie incorporado en nuestro ADN, aunque algunos seres humanos lo tengan más desarrollado que otros, evidentemente.


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