domingo, 16 de septiembre de 2012

POLIO: CUARTO Y ÚLTIMO ACTO

LA VACUNA DE LA GUERRA FRÍA


Mientras las superpotencias amenazaban con destruirse mútuamente con armas nucleares, Albert B. Sabin recurrió a un aliado insólito, un científico soviético con el fin de ensayar su nueva vacuna oral contra la polio.


Aunque sus países se hallaban enfrentados, Albert B. Sabin (a su izquierda) y Mikhail P. Chumakov (a su derecha) demostraron que una vacuna oral podría proteger de la polio a millones de personas.


Para muchos estadounidenses, la guerra fría es historia antigua. Hace tan sólo unas décadas que el mundo se hallaba peligrosamente dividido en dos bloques, los países del Este y los de Occidente, y la política mundial venía definida por el antagonismo entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Sucesos como la "acción policial" en Corea, que mató a millones de personas a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado, y la crisis cubana de los misiles, diez años después, llevó a ambos Gobiernos y a sus aliados al borde de la guerra nuclear.



Al mismo tiempo, los estadounidenses experimentaban pánico ante un enemigo mucho más cercano a su hogar. Se trataba de la polio, abreviatura de poliomielitis, también conocida como parálisis infantil debido a su prevalencia entre niños y adultos jóvenes. El agente causal, un virus que se difundía a través del contacto con materia fecal, se conocía desde los años treinta del pasado siglo, pero no se sabía cómo controlarlo. Durante los brotes epidémicos esporádicos, las autoridades cerraban las piscinas, los cines y otros lugares habituales de reunión con la esperanza de detener la enfermedad, que atacaba al sistema nervioso central y, a menudo, paralizaba e incluso mataba a sus víctimas. Los informativos en que aparecían niños con extremidades deformes y adolescentes inmóviles, metidos en pulmones de acero semejantes a ataúdes, aterrorizaron a la población como pocas otras imágenes de la época lo hicieron.

PULMONES DE ACERO
En el decenio de los cincuenta del siglo XX, miles de niños permanecían
en respiradores mecánicos como estos debido a que sus músculos respiratorios
mostraban parálisis. Los cambios de presión en el interior del habitáculo forzaban
al tórax a expandirse y contraerse, lo que permitía respirar a los pacientes.

Por aquel entonces, durante el crudo invierno de la Guerra Fría, dos científicos extraordinarios, uno estadounidense y otro ruso, formaron una poderosa alianza. De haberla conocido, su empresa conjunta habría indignado a fanáticos de ambos lados del telón de acero. Su colaboración, puesta de manifiesto en materiales de archivo dados a conocer hace poco por la Universidad de Cincinnati y algunas fuentes contemporáneas, dio lugar a uno de los más grandes descubrimientos del siglo XX y salvó incontables vidas en todo el mundo.

LA BÚSQUEDA DE UNA VACUNA EFICAZ



A comienzos del decenio de los cincuenta se buscaba intensamente una vacuna contra la polio en EEUU. Los virólogos Jonas E. Salk, de la Universidad de Pittsburgh, y Albert B. Sabin, de la Universidad de Cincinnati, destacaban entre las docenas de investigadores financiados por la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil (ahora, Fundación March of Dimes). En 1955, tras ensayarla en casi dos millones de escolares de todo el país, la vacuna de Salk fue la primera en ser aprobada por el Gobierno estadounidense. Mientras Salk se convertía, en palabras del historiador David S. Oshinsky, en "un héroe instantáneo, una celebridad científica", Sabin continuaba trabajando en lo que él consideraba una vacuna mejor.



Ambas estrategias ofrecerían protección frente a la infección, aunque de forma diferente. La vacuna de Salk se componía de poliovirus inactivados (muertos, según la terminología popular) mediante formol. Sabin, en cambio, pensaba que una vacuna fabricada mediante poliovirus atenuados, pero todavía vivos, resultaría más eficaz que la de virus inactivados, ya que produciría una inmunidad de por vida.



Las vacunas con virus vivos ofrecían también la posibilidad de producir una inmunización secundaria, ya que los niños vacunados infectarían de forma pasiva a las personas no vacunadas próximas a ellos, que de este modo quedarían protegidas. Además, mientras que la preparación de Salk debía inyectarse, la de Sabin podía administrarse por vía oral por medio de un pequeño terrón de azúcar o una cuchara. Ello permitía vacunar de forma rápida y barata a decenas de miles, incluso a millones de personas, sin necesidad del molesto pinchazo de la inyección. Por esas razones, Sabin creía que su vacuna no solo constituía la mejor manera de controlar la enfermedad, sino de erradicarla de la faz de la Tierra.



Los principales medios de comunicación contribuyeron en buena parte a la competitividad entre Sabin y Salk, aunque otros importantes científicos participaban también en la pugna por hacerse con el mercado estadounidense. Había algo de verdad por debajo de las exageraciones de la prensa. Salk y Sabin, a pesar de compartir la misma ascendencia ruso-judía, fuente de financiación y enemigo vírico, se hallaban muy enfrentados. Sabin se burlaba de la "química de cocina" de Salk e insistía en que este no había descubierto nada. Salk creyó que Sabin, celoso de su temprano éxito, deseaba desafiarle desde el principio. Sin duda, Sabin se resentiría del reconocimiento del que disfrutaba Salk tras la aprobación de la vacuna con virus inactivados, mientras que Salk se enfurecía cuando un contemporáneo suyo le calificó de publicista pretencioso, y a Sabin de científico verdadero.

Jonas E. Salk

En 1955, Sabin había identificado las tres cepas del poliovirus que pensaba debían incluirse en la vacuna para que resultara eficaz (Salk había utilizado cepas distintas), pero aún carecía de las pruebas que lo demostraran. A principios del decenio de los cincuenta, Sabin había ensayado su vacuna en cientos de voluntarios, entre ellos, adultos jóvenes encarcelados en la prisión federal de Chillicothe, en Ohio, así como en sí mismo, su mujer y sus dos hijas, y en vecinos y amigos. Pero sabía que esas pruebas resultaban insuficientes, incluso aunque contara con cientos o miles de participantes más. Necesitaba millones de personas para demostrar la eficacia y seguridad de su vacuna. Debido a que la preparación de Salk ya se había utilizado de forma generalizada en todo el país, no quedaban suficientes personas sin vacunar en EEUU. que le sirvieran para su estudio.



Mientras tanto, en la Unión Soviética la incidencia de la polio aumentaba con rapidez. Durante los años de la dictadura de Iósif Stalin, las autoridades negaron que la enfermedad representara un problema. Sin embargo, la aparición de brotes epidémicos en Moscú, Minsk y poblaciones remotas de Siberia lo desmintieron y los científicos soviéticos, igual que sus homólogos estadounidenses, empezaron a buscar una solución. Los investigadores de ambos países habían unido en algunas ocasiones sus esfuerzos en el cuarto de siglo comprendido entre la Revolución Bolchevique de 1917 y el final de la II Guerra Mundial. No obstante, toda cooperación se desvaneció cuando el Este y Occidente se enfrentaron a raíz de la victoria aliada en 1945. Tras la muerte de Stalin, en 1953, sus sucesores, no tan rígidos y más alarmados por el incremento de las cifras de polio, permitieron que los investigadores buscaran ayuda más allá de sus fronteras.



Los dos virólogos rusos de mayor reputación en ese momento eran Anatoli Smorodinstev y Mikhail P. Chumakov. En enero de 1956, Smorodinstev, Chumakov y la mujer de este último, Marina Voroshilova (también una reconocida investigadora), viajaron a EEUU. para entrevistarse con varios científicos estadounidenses, entre los que se encontraban Salk y Sabin. Aunque aprobada discretamente por ambos Gobiernos, la visita se vio ensombrecida por las pesadillas de la Guerra Fría: los rusos fueron obligados a cruzar el país en tren en vez de hacerlo en avión, la opción más cómoda, mientras que los estadounidenses estaban convencidos de que al menos uno de los "doctores" que acompañaban a los visitantes era un miembro de la KGB. A pesar de todo, ambas partes calificaron la visita de exitosa. Se intercambió una valiosa información científica y, lo que es más importante, como más tarde se supo, Chumakov y Sabin congeniaron y establecieron los lazos que darían lugar a una relación muy productiva.

EL DOCTOR SABIN VIAJA A RUSIA

En junio de 1956, Sabin, autorizado por un cauteloso Departamento de Estado de EEUU. e investigado por el siempre vigilante FBI, voló a Rusia. Durante las semanas siguientes se reunió con Chumakov, Voroshilova, Smorodinstev y otros investigadores clave.

Aunque Salk también había sido invitado, Sabin participó solo en la misión. Años más tarde, Peter, el hijo de Salk, contó a Oshinsky que su padre había rechazado la invitación rusa porque su mujer, cansada de las frecuentes ausencias del marido, "se había plantado". El relato de Oshinsky sugiere otra posibilidad. Cuando era joven, Salk había sido uno de los miles de estadounidenses que defendió públicamente posturas de izquierdas, por lo que había llamado la atención del FBI. Quizá Salk temiera que una visita a la Unión Soviética se interpretaría mal. O más probablemente aún, siendo un científico de renombre, rico y famoso gracias a su innovadora vacuna, pensaría que el viaje le aportaría poco. Al contrario que Sabin, no tenía nada que demostrar.



Sabin, por su parte, regresó a sus orígenes. Había nacido en 1906 en Bialystok, una ciudad polaca que formó parte del imperio ruso y, posteriormente, de la Unión Soviética. Provenía de una familia pobre. El padre, tejedor, fue el sostén de la familia; la madre, como él recordó más tarde, llevaba la iniciativa. Después de que la familia Sabin emigrara a EEUU. en 1921, Albert aprendió con rapidez el idioma y las costumbres del país. Tras graduarse en medicina por la Universidad de New York en 1931, se hizo un nombre como investigador en New York, Londres y Cincinnati, al estudiar la polio, la encefalitis y otras enfermedades neurológicas. Fue uno de los que pusieron en entredicho la idea que se tenía sobre la forma en la que el virus de la polio se introducía en el organismo. Según él, la vía de entrada no eran las fosas nasales, tal y como Simon Flexner, el padre de la investigación sobre la polio, había afirmado, sino el tracto alimentario; el virus, tras penetrar por la garganta, viajaba hasta el tubo digestivo, pasaba al torrente sanguíneo y, desde allí, al sistema nervioso central. Estos nuevos conocimientos resultaron cruciales para dar el siguiente paso: desarrollar una vacuna que activara la respuesta del sistema inmunitario contra el virus.



En la Unión Soviética, Sabin se enfrentó a nuevos desafíos, como integrarse en un grupo de investigadores y defender su vacuna ante ellos. Se encontró con el escollo del idioma, ya que nunca dominó el ruso, ni tampoco sus colegas soviéticos hablaban inglés con fluidez. Contaban con intérpretes, pero la colaboración habría resultado más sencilla si los investigadores se hubieran comunicado  con el mismo idioma. Cabe preguntarse si Sabin aún conservaba los miedos y prejuicios de su infancia en Bialystok, donde los judíos vivían con el temor constante de ser atacados y donde, como recordó una vez, creció "pensando en los soldados rusos como asesinos". Si Sabin albergó tales pensamientos durante su visita a la Unión Soviética, aparentemente los guardó para sí. Más tarde insistió en que fue acosado por agentes soviéticos y estadounidenses, que siguieron todos sus movimientos y grabaron sus intervenciones públicas.

A pesar de todas las complicaciones, Sabin estableció en los años siguientes unas valiosas relaciones de trabajo, que en algunos casos fueron también personales, con sus anfitriones rusos. Ninguna fue tan beneficiosa como la amistad mantenida con Chumakov.

"EL GENERAL" Y EL TELÉFONO ROJO

Chumakov resultó ser el compañero perfecto para Sabin. Había nacido en 1909 en el Cáucaso, en el seno de una familia humilde. Su padre era veterinario militar; su madre, una campesina que no aprendió a leer y escribir hasta los 70 años. Konstantin, el hijo de Chumakov, contó que cuando su padre tenía 16 años se trasladó a Moscú para ingresar en la universidad. Fue admitido en la Facultad de Derecho y en la de Medicina; eligió entrar en esta última.

Ni Chumakov ni Sabin soportaban a los necios y ambos estaban convencidos de que estos se hallaban por doquier. La brillantez de Sabin como científico tan solo rivalizaba con su temible reputación como jefe y competidor. Muy exigente consigo mismo, pedía al equipo una atención enfermiza a cada detalle. Seguro de sus opiniones, arremetió en público contra las conclusiones de sus adversarios. Philip Russell, prestigioso virólogo y uno de los fundadores del Instituto de Vacunación Sabin con sede en Washington D.C., conoció a Sabin y a muchos de los que trabajaron en su laboratorio. Haciéndose eco de la opinión generalizada sobre él como hombre y como investigador, Russell afirmó: "Sabin era impulsivo y meticuloso, un científico visionario. También era duro, arrogante y creía no equivocarse nunca". Los conocidos de Sabin se habrían sorprendido de haber sabido que Chumakov poseía un carácter aún más volcánico. En 1958, en una carta dirigida a Sabin, Chumakov se quejaba de "las intrigas de los cobardes y pseudoespecialistas" a quienes no vacilaba en citar por su nombre.

"Fue una suerte que se conocieran", comenta Konstantin, quien vive en EEUU. desde 1989 y es en la actualidad director adjunto de la Oficina de Investigación y Revisión de Vacunas de la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos. "Sabin tenía la vacuna que podía salvar de la muerte o la parálisis a innumerables personas, y mi padre halló el modo de superar los obstáculos burocráticos para llevarla adelante. Sabin llamaba a mi padre "el General", porque conseguía que las cosas se hicieran".

Los virólogos rusos habían experimentado con la vacuna de virus inactivados de Salk, pero Chumakov buscaba una forma más sencilla, barata y eficaz de ofrecer protección contra la polio a la inmensa población de la Unión Soviética. En 1959, Chumakov decidió organizar los primeros ensayos clínicos a gran escala con la vacuna oral de cepas atenuadas que Sabin había desarrollado en EEUU. Se trataba de una empresa monumental y repleta  de problemas, el primero de ellos, lograr la aprobación de las autoridades.

"Sabin dio credibilidad a mi padre y al sistema soviético, cuya organización hizo posible los ensayos a gran escala", añade Konstantin. "Sin embargo, dudo que mi padre contara alguna vez a Sabin la verdadera historia que había detrás. Según me explicó más tarde, mi padre jamás obtuvo permiso para llevar a cabo un gran ensayo clínico. Numerosas personas del Ministerio de Sanidad se oponían a ello. Le argumentaban que ya disponían de la vacuna de Salk, que daba buenos resultados, por lo que no había motivos para ensayar el virus vivo". Entonces mi padre decidió dar un rodeo y esquivarlos.

"En la Unión Soviética, la autoridad suprema era el Politburó (conocido entonces como el Presídium del Comité Central), formado por un pequeño grupo de oficiales del Partido Comunista que podían rechazar cualquier propuesta. En aquella época, Anastas Mikoyan era el miembro del Politburó responsable de la salud pública. No era médico, sino una figura política que venía de la revolución. Sin embargo, él y mi padre se conocían bien. Mikoyan debió colocarle al frente de la iniciativa de la polio como tema prioritario". Chumakov, que no aceptaba la negativa del ministro para ensayar la vacuna oral, cogió uno de los teléfonos rojos reservados únicamente para las personas más poderosas del Kremlin  
-entre las cuales no se hallaba- y marcó el número de Mikoyan.

Tal y como Chumakov relató la historia a su hijo, fue directo al asunto y preguntó a Mikoyan si aprobaba los ensayos con la vacuna de virus vivos.

"¿Estás seguro de que se trata de una buena vacuna, Mikhail?", pregunto Mikoyan. "¿Y es inocua?".

"Sí", contestó el virólogo. "Estoy completamente seguro".

"Entonces, adelante", dijo Mikoyan.

"Y así fue", dice el joven Chumakov, cuyo relato coincide con el de otras personas que conocían a los dirigentes. "El único permiso que obtuvo fue verbal, gracias a esa línea directa con el Politburó. Por supuesto, el ministro de sanidad se molestó, pero no pudo hacer nada en contra".

ÉXITO DURADERO

En 1959, Chumakov ensayó la vacuna oral en 10 millones de niños de toda la Unión Soviética. Se instauraron centros de vacunación no solo en los hospitales y clínicas, sino también en colegios, guarderías y otros establecimientos no sanitarios. Durante los meses siguientes, casi todos los menores de 20 años (unos 100 millones de personas) recibieron la vacuna, bien con un cuentagotas o con un terrón de azúcar. El resultado justificó el esfuerzo realizado. Chumakov se mostró eufórico con la aplicación generalizada del medicamento. Un año después, un representante de la OMS reconoció la seguridad de la vacuna y la importante disminución de los casos de parálisis.



Algunos científicos occidentales se negaron a aceptar los brillantes informes procedentes del otro lado del telón de acero. La reacción habitual, por lo general no expresada en público, era de desconfianza, solía quejarse Sabin. En última instancia, el logro documentado de la colaboración entre Sabin y Chumakov triunfó sobre las diferencias ideológicas. Su vacuna oral de virus vivos se convirtió en el instrumento de elección contra la polio en todo el mundo. En EEUU. lo fue durante tres decenios, después de obtener la licencia federal definitiva en 1962. En 1972, Sabin donó sus cepas de polivirus a la OMS, con el fin de fabricar una vacuna accesible para los países más pobres.

En la actualidad, la polio constituye una enfermedad grave solo en ciertos lugares de Pakistán, Afganistán y Nigeria. Si se logra erradicarla del planeta, lo que cada vez parece más factible, el mundo deberá agradecérselo a lo poco conocida e insólita colaboración entre Albert Sabin y Mikhail Chumakov.

SÍNTESIS

Cuando la Guerra Fría se hallaba en su apogeo, la polio paralítica constituía una de las pocas cuestiones que despertaban mayor temor entre estadounidenses y rusos que sus respectivos enemigos.

Documentos hechos públicos recientemente detallan la insólita colaboración entre Albert B. Sabin, de Estados Unidos, y Mikhail P. Chumakov, de la Unión Soviética, en la lucha contra la infección. 

Sabin y Chumakov comprobaron juntos que una vacuna contra la polio fabricada con cepas atenuadas del virus resultaba segura y eficaz. La campaña mundial llevada a cabo contra la polio mediante vacunas de virus vivos ha disminuido el número de casos de polio en todo el mundo, desde 350.000 en 1998 hasta 650 en 2011.

HERRAMIENTAS PARA LA JUGADA FINAL

Las autoridades de salud pública han utilizado dos tipos principales de vacunas para proteger a los niños frente a la polio, una fabricada con virus vivos atenuados y otra con virus inactivados. La eliminación de la enfermedad conllevará una difícil transición, de la vacuna de virus vivos con tres componentes, muy extendida, a una nueva versión con dos componentes y, por último, la retirada total de la vacuna. Los riesgos y beneficios de ambos tipos son los siguientes:


  • VACUNA TRIVALENTE DE VIRUS VIVOS: contiene versiones atenuadas de las tres cepas del poliovirus (tipos 1, 2 y 3). 
      • A favor:
            • Administración oral, por lo que solo se necesita una formación mínima para dispensar la vacuna.
            • Es barata.
            • Los niños no vacunados se pueden beneficiar de ella.
      • En contra:
            • En casos excepcionales, los virus atenuados de la vacuna pueden producir polio paralítica; el virus natural del tipo 2 ya no circula, por lo que todos los casos de polio de tipo 2 proceden ahora de la propia vacuna.

  • VACUNA BIVALENTE DE VIRUS VIVOS: contiene solamente los tipos 1 y 3 del poliovirus.
      • A favor:
            • Todos los beneficios de la vacuna trivalente, pero no causa la polio de tipo 2.
      • En contra:
            • Su aplicación no es segura si el poliovirus vacunal de tipo 2 sigue propagándose de forma inadvertida.

  • VACUNA DE VIRUS INACTIVADOS: contiene versiones químicamente inactivadas de las tres cepas del poliovirus.
      • A favor:
            • No produce la polio.
      • En contra:
            • Es cara.
            • Es inyectable, por lo que debe ser administrada por personal sanitario (escaso en los países pobres).




Bibliografía:

  • Vaccines for poliomyelitis. Jonas E. Salk en Scientific American, vol. 192, nº 4, págs. 42-44, abril de 1955.
  • Estructura de los polivirus. James M. Hogle, Marie Chow y David J. Filman en Investigación y Ciencia, nº 128, págs. 22-30, mayo 1987.
  • Polio: An American Story. David M. Oshinsky. Oxford University Press, 2006.
  • Centro Hauck para los archivos de Albert B. Sabin, Universidad de Cincinnati: sabin.uc.edu.

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