jueves, 29 de noviembre de 2012

EL APRENDIZAJE

NO HACE FALTA SER UN NIÑO PARA APRENDER BIEN UN IDIOMA O A TOCAR UN INSTRUMENTO MUSICAL. EL DIRECTOR DEL CENTRO PARA EL LENGUAJE Y LA MÚSICA DE LA UNIVERSIDAD DE NEW YORK ESTABAN TAN CONVENCIDO QUE LO PROBÓ SOBRE SÍ MISMO. Y CON CASI 40 AÑOS, SIN EXPERIENCIA PREVIA, DEMOSTRÓ QUE ERA CAPAZ DE CONVERTIRSE EN MÚSICO.



Gary Marcus, renombrado psicólogo del desarrollo y asentado catedrático, con casi 40 años y decenas de artículos científicos y dos libros publicados se puso a estudiar música. Cada siete años, a los profesores en EEUU. se les da un año sabático. Y este psicólogo hacía tiempo que buscaba algo estimulante que hacer durante ese período. Desde bachillerato, tenía el deseo de aprender a tocar un instrumento, pero no lo había conseguido nunca. Además, estaba convencido de que nunca habría sido capaz, ya que no tenía ni sentido del ritmo ni del tono ni de la altura de las notas. En definitiva, un desastre musicalmente hablando. Además, en el campo del aprendizaje siempre había sido muy popular la idea de los períodos críticos, esos momentos mágicos de la niñez cuando se es más capaz de aprender un idioma o de tocar un instrumento musical, por ejemplo. Sin embargo, ya en su campo de estudio, el de la adquisición de la lengua, era escéptico de que fuese estrictamente así. No hay suficiente evidencia científica al respecto, y existen muchos casos de personas que han aprendido perfectamente un idioma no materno cuando ya eran adultos. Así que Gary Marcus decidió ser su propia cobaya.


A esta experiencia ha dedicado su tercer libro, Guitar Zero. The new musician and the science of learning (El nuevo músico y la ciencia del aprendizaje). ¿En qué momento pensó que merecía la pena escribir un libro sobre ello? Para él lo primero fue la música. Se metió en su aprendizaje durante un tiempo. Al principio empezó como si fuera un hobby. Luego se dio cuenta de que la única forma de ser bueno era dedicarse a ello todo el tiempo. Su vida profesional tiene dos facetas, la del científico y la de escritor. Así que su enfoque inicial fue el del psicólogo del desarrollo, empezó a escribir un diario, a monitorizar sus avances, de la misma forma que lo hizo para sus estudios sobre bebés aprendiendo un idioma.


La idea de escribir un libro fue la evolución natural de sus observaciones. Como dijo, ya había muchas ideas que estaban en su cabeza antes de empezar, y cuando tuvo la de escribir, al cabo de un día ya tenía claro el contenido y cómo lo quería enfocar. Lo único verdaderamente difícil fue aprender a tocar la guitarra.


Todos sus libros hablan de biología. De alguna forma, todos hablan del origen del conocimiento. El nacimiento de la mente habla de los genes y de cómo cablean el cerebro. Kluge trata de cómo la evolución hizo un trabajo imperfecto de este cableado, y este último cuenta cómo podemos estirar y apretar el cerebro, en otras palabras de cómo se puede volver a cablearlo. El primer libro fue más genético, y hablaba de la diferencia entre precablear y recablear el cerebro. La gran parte del libro se centraba en el precableado, es decir, en cómo la estructura básica del cerebro deriva de lo que está en el genoma, pero ya entonces hacía claramente hincapié en que los genes nos dejan aprender nuevas cosas. Este último se centra justamente en cómo adquirir las nuevas informaciones. De alguna manera los dos libros se compensan. En Kluge la parte más débil era la discusión sobre la creatividad: Guitar Zero le dio la oportunidad de profundizar en el tema.


Evidentemente hay diferencias estructurales importantes entre el cerebro de una persona que se dedica profesionalmente a tocar un instrumento y el de una persona que se ocupa primariamente de otras cosas. Su corteza somatosensorial, por ejemplo, es mucho más organizada y cableada finamente. Así que tienen una sensación mucho más precisa de dónde están sus dedos y son más sensibles a detalles como cuánta presión están ejerciendo sobre las cuerdas y cómo compensarlo. Las mediciones que se hacen son todavía bastante brutas, pero las diferencias se ven.


Hay partes más densas porque hay más conexiones: es lo que pasa cuando aprendes. Hay cosas que todavía no se saben, como por ejemplo lo que pasa dentro de una neurona, en cada una de las proteínas. No estamos preparados para estudiar lo que pasa directamente dentro del cerebro de una persona viva, y nadie está preparado para sacrificar su cerebro para la ciencia.



La ciencia ya cuestiona que exista una división neta para otras funciones como, por ejemplo, el lenguaje. Gary Marcus comparte esa incertidumbre. Lo que queda claro es que es una función que está distribuida por todo el cerebro, es imposible encontrar una parte exclusivamente dedicada a la música. El área de Broca, una zona del cerebro especializada en el lenguaje, seguramente juega un papel muy importante, y sin embargo no exclusivo, en la producción musical. Pero hay muchas otras áreas involucradas, como la corteza prefrontal, la circunvolución temporal superior o la amígdala. Lo que parece es que la música toma prestadas funciones de otras áreas. Es como si la música fuese el segundo empleo de la corteza auditiva, de la amígdala o de la corteza somatosensorial. También para los músicos estas partes han evolucionado para hacer otras cosas y continúan haciéndolas.


No parece sensato que una cosa tan reciente en la historia como la música sea el producto de la evolución. Nuestros impulsos sexuales han sido moldeados por la evolución, así como la forma de nuestro cuerpo. La música es más como un invento cultural, como los sistemas de escritura o un iPhone. A pesar de que a los más jóvenes pueda parecerles imposible, hace 10 años no había iPhones. Nuestro cerebro no ha evolucionado para que le gustara el móvil, no ha sido una fuerza sustancial que ha moldeado el contenido genético de nuestra especie. Simplemente está diseñado para que nos guste, con sus colores bonitos y sus pantallas de alta definición. Utiliza, igual que la música, nuestro amor hacia la novedad y, a la vez, la familiaridad. Si tuviésemos que decirle a un ser de otro mundo (si existiera) en pocas palabras qué es la música humana sería "repetición, con variación". Cuando se escucha música ambos elementos son los que, bien mezclados, dan el placer, es decir, provocan el desprendimiento de dopamina. Lo que a veces se olvida es que cosas como la armonía o el blues de 12 compases son invenciones muy recientes. Hay mucha tecnología dentro de la música.

EL GEN EGOÍSTA

Existe una teoría que se llama la del gen egoísta. Según esta teoría o esta idea lo único que les importa a nuestros genes es reproducirse. Si es cierto que todo lo que hacemos es para el interés de nuestros genes, no se entendería bien para qué se hace música. En un capítulo de Kluge se explicaba que Gary Marcus no creía que todo el placer se hace en beneficio de estos. La masturbación no se hace por nuestros genes: es un despilfarro de energía y no produce descendencia, sin embargo todo el mundo lo hace. Cierto, es más fácil que aprender a tocar la guitarra, y por eso se cree que hay más gente que goza más del primer placer que del segundo. Pero es análogo: se puede sentir placer sin que eso sea consecuencia directa de la evolución.

ANALOGÍAS ENTRE LENGUAJE Y MÚSICA


A pesar del férvido debate al respecto, de momento queda claro que al menos algo relativo al lenguaje es innato. Nacemos buscando el lenguaje, tenemos un cableado  en nuestro cerebro que otras especies no tienen. Sin embargo, Gary Marcus está menos convencido que así sea para la música. Todas las personas normales aprenden a hablar, pero hay gente -un 4% de la población- que padece un trastorno llamado amusia para la que la música es puro ruido, como por ejemplo les pasaba al Che Guevara o Sigmund Freud. Sin embargo, estas personas desarrollan sus vidas perfectamente. Gary Marcus cree que la música es una capacidad que la mayoría de la gente adquiere y que gusta. Es un poco como leer, la mayoría de la gente aprende a hacerlo, pero no es innato en el cerebro. Como la música, requiere práctica, ejercicio y se aprende en la escuela. Se tarda años en dominar la lectura. Nacemos de una forma que nos hace receptivos a la música, pero para entenderla se ha de realizar un trabajo duro. Los bebés reconocen la consonancia y la disonancia, pero no saben reconocer cuándo una pieza se acaba, no saben que un acorde menor es más triste que uno mayor o que las notas son discretas. Todo ello hay que aprenderlo.

CULTURAS Y MÚSICA


Todas las culturas tienen música, pero eso no vale para los individuos. Hay también rasgos universales: para todo el mundo la música suena o transmite más felicidad cuando es más rápida, por ejemplo, al contrario de lo que pasa cuando escuchas un idioma que no hablas. Pero no sé si esta universalidad de la música ocurría también cuando no teníamos la posibilidad de estar expuestos a la música de otras partes del mundo.

CAMBIOS DE EXPERIENCIA

Gary Marcus ha empezado toda una serie de experimentos sobre la música con los bebés que estudian. Cómo el cerebro procesa la música, cómo los niños adquieren la música, cómo se entienden los tiempos de la música... Pero este tipo de estudios tardan años antes de poder dar resultados. Su primer artículo sobre la música ha sido una discusión sobre la evolución de la música. Lo interesante es que ahora su investigación es una combinación de lo que estaba estudiando antes para el lenguaje aplicado a la música.

Recientemente, ha publicado un artículo para el New Yorker sobre la inteligencia artificial y Google. Es un tema que encuentra muy interesante y sobre el que le gustaría profundizar.

"No hay evidencia científica para decir que los períodos críticos del aprendizaje más eficaz se limitan a la niñez"
Gary Marcus, 2012



Biografía: Gary Marcus, profesor de psicología en la Universidad de New York y en su laboratorio estudia la mente, el lenguaje y la biología en bebés. Sus nuevas investigaciones  en el campo del desarrollo cognitivo le han merecido el premio Robert L.Fanz. Estudió con Stephen Pinker y, como él y Noam Chomsky, defiende el innatismo.

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