sábado, 17 de noviembre de 2012

PROBLEMAS CON LAS DROGAS (3)

DROGAS Y EMBARAZO


Si consumen drogas durante el embarazo -cualquier droga-, las mujeres exponen a sus niños al daño de éstos. Muchos médicos aconsejan hoy a las madres no tomar drogas de ninguna clase durante los tres primeros meses de embarazo y, las menos posibles hasta el final. 


Las drogas psicoactivas no son excepción. En la década de los años 60 nacieron miles de niños con severas deformaciones físicas, cuyas madres habían tomado un sedante, la talidomida, recetado como un "seguro" relajante para favorecer el sueño.


Las drogas recreativas pueden ser también peligrosas para el feto pero, en la mayoría de los casos, los daños precisos no se conocen. Se sabe bien que las madres que fuman muchos cigarrillos de tabaco tienen una alta proporción de abortos, sus niños recién nacidos pesan menos de lo normal, son más susceptibles a las infecciones y mueren con más frecuencia en la infancia. 



Ingerir alcohol durante el embarazo también aumenta los defectos de nacimiento. Desgraciadamente no se conoce la cantidad de alcohol que una madre puede beber sin riesgo para el hijo.


La mayoría de las drogas llegan al feto y lo afecta de alguna manera. Por ejemplo, las madres adictas a la heroína paren hijos con adicción a la droga, quienes deben ser tratados durante los primeros días de vida, por el retiro brusco del opiáceo en el momento de nacer. Dado que éstos son hechos comprobados, las madres deberían hacer un esfuerzo para interrumpir todo uso de drogas psicoactivas hasta después del parto. E incluso después, si dan de mamar al niño tienen que tener mucho cuidado: si toman drogas, la leche puede contener una cantidad suficiente de éstas como para afectar al niño. Fumar alrededor de un niño puede llevar también drogas a su sistema. Los niños recién nacidos son además muy sensibles a los humos de todas clases.



PROBLEMAS PSIQUIÁTRICOS


El problema psiquiátrico agudo más común es el pánico. Lo típico es que la persona que tome la droga sienta que empieza a actuar y se convenza de que se está muriendo o volviendo loca. Las reacciones de pánico se dan por lo general en personas con poca experiencia en drogas y, en especial, en ambientes que provocan ansiedad. Un adolescente que nunca ha fumado marihuana, y se siente presionado por el ambiente al fumar por primera vez, es un buen candidato para sufrir una reacción de pánico. La gente a quien se le da droga sin que se dé cuenta o que, inconscientemente, está llegando a dosis a las cuales no está acostumbrada, tiene también buenas probabilidades de sentir pánico. Los pánicos pueden ser muy dramáticos. Ocasionan agitación, sensación de indefensión e incoherencia y se convierten en una causa de gran ansiedad para los demás. La ansiedad que producen en los demás actúa a su vez, reforzando la reacción de pánico del paciente.


Algunas veces los médicos han diagnosticado mal las reacciones de pánico como episodios psicóticos, con lo cual han prolongado la duración de estos episodios al confirmar los temores del paciente de que se está volviendo loco. Las personas que entran en pánico necesitan que se las tranquilice, dándoles sensación de seguridad, de ser posible a través de alguien con experiencia, por ejemplo un trabajador social de un centro para el control de la adicción. No se les debe administrar sedantes, tranquilizantes u otras drogas psicoactivas. La sala de emergencias de un hospital no suele ser un buen sitio para el tratamiento del pánico porque puede producir más ansiedad que sensación de seguridad. La mayoría de las reacciones de pánico termina rápidamente... siempre que no se la prolongue con un tratamiento inadecuado.


Las pseudoparanoias y los "malos viajes" son similares a las reacciones de pánico y son también, en gran parte, resultado de la actitud y el ambiente. Como el pánico, éstos ceden si se los deja evolucionar por sí mismos.


Las reacciones psicóticas verdaderas se desencadenan ocasionalmente por experiencias con la droga, pero no son ni mucho menos tan frecuentes como las reacciones de pánico. Así como la primera experiencia sexual, el abandono de la casa para marchar al colegio o la pérdida de un trabajo pueden desencadenar una psicosis, también lo puede hacer una experiencia estresante con la droga. Una persona que sufre un trastorno mental después de tomar una droga y continúa perturbado cuando el efecto de ésta ya ha desaparecido, tiene que consultar con un profesional.


La salida de la droga (crashing) presenta problemas especiales. Las personas que han tomado drogas para sentirse bien, pueden sentirse deprimidas cuando el efecto pasa. No sólo puede ocurrir que esta depresión induzca una mayor frecuencia del uso de droga y el aumento de dosis, sino que la situación puede transformarse en un problema psicológico crónico. Los psiquiatras ven hoy frecuentes casos de depresión en consumidores contumaces de cocaína. Una depresión similar puede ocurrir con el uso de cualquier droga psicoactiva. La depresión es un componente común en quienes consumen simultáneamente alcohol y depresores, y en los dependientes de estimulantes.


A los cruzados contra la droga les gusta citar muchos otros problemas psicológicos crónicos, que suponen conectados al consumo. Pero hay poca evidencia en apoyo de estas afirmaciones. Parece haber una base farmacológica para paranoias y alucinaciones que ocurren en personas que se "chutan" anfetaminas. El alcohol puede ciertamente causar daño cerebral y producir claros perjuicios en la función mental. El uso abusivo de cocaína causa a menudo cambios de personalidad del tipo de la irritabilidad, la paranoia y la hostilidad. El uso abusivo de otras drogas puede estar también relacionado con otros problemas psicológicos mayores, pero no está claro si estos trastornos son consecuencia directa de la droga.

Por ejemplo, se ha utilizado mucho la expresión "quemados por la droga" (gente joven que se supone permanentemente dañada por el uso abusivo de la marihuana, los psicodélicos y otras drogas ilegales). No hay duda de que hay muchas personas que terminan como confusos despojos sin propósitos en la vida, después de haber tomado montones de drogas. Pero ¿cómo estaban esas personas antes, y qué otros factores desempeñaron un papel en el cambio? En los años sesenta, muchos de ellos vivían en comunas o eran miembros de sectas religiosas exóticas antes de abusar de las drogas. Es fácil culpar a las drogas, pero falta evidencia sobre su papel como causa.

Un ejemplo todavía más claro de la falsa causalidad de la droga en el problema es el síndrome de falta de motivación. Como ya se sabe, tiene mucho más sentido ver el fumado abusivo de marihuana como resultado de la falta de motivación, que como su causa. Muchas personas sin motivación fuman montones de marihuana, pero también lo hacen personas motivadas. Si no existiera la marihuana, los no motivados actuarían de alguna otra manera no productiva. La tendencia  a mirar las drogas que se rechazan como causa de conducta reprobable es fácil de entender, pero no es científicamente válida y no ayuda a resolver los problemas reales asociados a las drogas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario