sábado, 15 de diciembre de 2012

ALTERNATIVAS AL CONSUMO DE DROGAS



La razón por la cual los seres humanos consumen drogas es para satisfacer el deseo básico de variar la experiencia normal. Incluso los niños de corta edad sienten la necesidad de experimentar técnicas con la finalidad de modificar sus estados de conciencia. ¿Por qué es tan atractivo cambiarlo, y qué tienen las drogas que ver con eso?




A las personas que aprenden a modificar su estado de conciencia de manera segura y positiva parece sentarles bien. Están más sanos física y mentalmente, son más creativos y productivos, colaboran más con la sociedad y son más interesantes para quienes los rodean. El deseo de explorar las múltiples facetas de la conciencia es algo que está dentro de la normalidad y beneficioso, pero la preocupación está en la forma o la manera en que se hace.




Estar entonado no quiere decir estar drogado. Está claro que las drogas pueden conseguir algunas veces que la gente se entone, es decir, se sienta mejor que nunca, llena de energía, realizada, expansiva, creativa y en buena comunicación y empática con los demás. Pero ¿por qué hay muchas personas que logran entonarse sin haber probado nunca una droga, y por qué quienes más drogas consumen dejan de sentir los efectos que buscaban? La respuesta es que las drogas no contienen el tónico. Los tónicos existen dentro del sistema nervioso del ser humano; todo lo que hacen las drogas es liberar tónicos o proveer un motivo para que podamos reconocerlos.




Que las personas no puedan sentirse entonadas cada vez que quieren, es una de las curiosas frustraciones de la condición humana. Parece necesario esforzarse por conseguir el estado de entonamiento o evocarlo, buscando las herramientas precisas fuera de uno mismo. Al hacer que uno se sienta diferente por un tiempo, las drogas consiguen este propósito. Actúan directamente sobre el sistema nervioso y el cuerpo de maneras evidentes. Por ejemplo, los estimulantes hacen que las personas se sientan despiertas y enérgicas; los psicodélicos cambian las sensaciones del cuerpo y las percepciones de los estímulos exteriores. Diferentes drogas producen distintos efectos y consiguen así que la gente se sienta diferente de maneras variadas.




No hay droga que entone a las personas automáticamente. Tenemos que aprender a interpretar los efectos físicos de las drogas como liberadores del tónico que está en nosotros. Lo que nos empuja a asociar las experiencias internas con las sensaciones físicas que las drogas producen son las expectativas del individuo y de la sociedad; es decir, la actitud y el ambiente. Si estas asociaciones no consiguen desarrollarse, o se quiebran, se pueden consumir las más altas cantidades de drogas imaginables, sin conseguir sentirse entonado. Sólo se sentirá uno drogado. Éste es precisamente el problema de las personas que entran en mala relación con la droga, por tomarla demasiado a menudo: a medida que la novedad del efecto de la droga disminuye con la repetición, deja de producir la señal deseada. La primera experiencia es, en cambio, tan poderosa porque la novedad del cambio es más grande.


Es muy fácil confundir la señal con la experiencia deseada; es decir, la droga con el tónico interno. Muchos consumidores de droga están convencidos de que las experiencias que desean y les gustan vienen desde fuera de ellos en forma de bebida, porro, píldoras o polvo. Ésta es la confusión que lleva al abuso de la droga. Las personas consumen cada vez más y cada vez con más frecuencia, en persecución de tónicos que cada vez se desvanecen más.




El hecho de que los tónicos existan dentro de nuestro organismo es causa de optimismo. El potencial de estos estados está pues siempre presente en uno y existen muchas técnicas para desencadenarlo. Esas técnicas son alternativas reales para la droga porque los tónicos que libera la droga difieren sólo en apariencia de muchos otros tónicos. Algún día los científicos sabrán lo que pasa en el cerebro cuando uno se siente entonado. Puede ser que estos estados estén en realidad mediados por las propias sustancias químicas del cerebro, las cuales pueden ser estimuladas de manera similar por muchas influencias diferentes, incluido el pensamiento individual. Todos hemos pasado por la experiencia de estar sumergidos en la melancolía y, ante una simple frase de elogio, una demostración de afecto o un cheque que por fin nos trae el correo, sentirnos desbordantes de entusiasmo. Este cambio de ánimo podría ser exactamente el mismo en el nivel celular, que la rápida euforia que sigue a una inhalación de cocaína en polvo. En efecto, tal vez no sea riguroso hablar de tónicos naturales y tónicos de la droga, dado que los dos pueden depender de las drogas endógenas del cuerpo.




¿Es verdaderamente mejor entonarse sin drogas que con ellas? La mayor ventaja de las drogas, comparadas con otras técnicas, es que operan inmediata y poderosamente. La mayor desventaja es que refuerzan la idea de que el estado deseado viene desde afuera de nosotros mismos. Esta idea no sólo puede crear problemas con el uso de drogas, sino que hace sentirse a las personas ineptas e incompletas. Hasta aquellos que están en las mejores relaciones con la droga sienten a menudo cierto grado de culpa por necesitar apoyarse en ellas. Tal vez este sentimiento sea tan común porque la mayoría de la gente duda de su propio valor y teme que sus propias capacidades no sean suficientes para satisfacer las exigencias de la vida. Necesitar de drogas para sentirse entonado refuerza estos temores. En todo caso, sentirse culpable no es agradable.




Por supuesto, los tónicos que no vienen de la droga pueden plantear los mismos problemas. Las personas que dependen de estar enamoradas, están también a merced de fuerzas exteriores. Muchas personas experimentan un verdadero latigazo de placer al hacer dinero y consumen sus vidas persiguiendo ese objetivo. Una variante del tema es la adicción al juego. Hemos visto también a fanáticos del jogging experimentar molestias mentales y físicas, si las circunstancias les impiden correr aunque sea un solo día; una especie de síndrome de privación, penoso para ellos y para quienes los rodean. Si la única manera efectiva que uno tiene para sentirse entonado es el lanzamiento en la rampa de esquí o el deltavelismo, está abocado a gastar tanto tiempo y tanto dinero como un severo abusador de droga, y se está exponiendo a un riesgo físico igual o mayor que el de un drogadicto. Hay personas que se entonan matando; otras encuentran papeles que a la sociedad le parecen más aceptables haciéndose soldados profesionales; otras se convierten en criminales o terroristas.




El objetivo debiera ser aprender a entonarse de maneras que no dañen a uno ni a los demás, y que no requieran gastos extraordinarios de tiempo y dinero para conseguir los materiales o el equipo necesario. Es más, uno debiera ser capaz de conseguir la experiencia esté donde esté, incluso si sus recursos exteriores son mínimos. Y uno debiera estar dispuesto a experimentar con nuevos métodos para entonarse, a medida que madura o cambia.




La meditación, el canto, la oración, la comunión con la naturaleza, la ejecución musical y la expresión artística de todas clases son maneras especialmente atractivas de cambiar el estado de conciencia porque casi no exigen nada que no venga de uno mismo. Esto no quiere decir que no se tenga que jugar al polo si jugar al polo entona, pero se debería contar además con alguna otra manera más simple de lograr el mismo efecto.




Las técnicas para cambiar el estado de conciencia sin recurrir a las drogas no actúan tan deprisa ni tan intensamente como tragarse una píldora. Para manejar estas técnicas se necesita invertir algún tiempo y algún esfuerzo. Muchas personas se sienten poco atraídas por la necesidad de hacer tal esfuerzo, sobre todo en vista de que la sociedad ni reconoce la realidad de otras maneras de cambiar de conciencia ni nos enseña maneras prácticas de llegar a ellas. A las personas que usan drogas con regularidad, les puede costar bastante trabajo entonarse de otras maneras porque se acostumbran a las sensaciones físicas de la droga que consumen y las consideran parte necesaria de la experiencia. A las personas que consumen formas diluidas y las toman por la boca les será más fácil apreciar y disfrutar los sutiles cambios que logran estas prácticas. En cambio, a quienes se meten en la sangre drogas más concentradas y con más frecuencia, les será más difícil porque no habrán aprendido a distinguir entre los efectos psicoactivos de la droga -el entonamiento- de los intensos efectos farmacológicos.




Aunque entonarse por métodos simples exige más esfuerzo inicial, el esfuerzo puede merecer la pena a la larga, porque no dejan de producir los efectos deseados con el uso repetido, como ocurre con los métodos rápidos. Es más, los métodos que no dependen de la ayuda exterior se hacen más efectivos con la práctica. Quienes hacen ejercicio físico, meditan o hacen yoga, por lo general dicen que sus experiencias mejoran con el tiempo. Esto es todo lo contrario de lo que se oye decir a quienes hacen uso intenso de las drogas.



Hay tantas maneras de cambiar el estado de conciencia, que no merece la pena tratar de nombrarlas a todas. Métodos efectivos en algunas personas dejan a otras totalmente frías. Conocemos personas que han aprendido a sentirse entonados con danza sufí, una versión elaborada de girar sobre sí mismos que tanto les gusta a los niños. Otras dicen que la técnica sólo consigue marearlas. Los deportes que exigen contacto físico aportan estupendos entonamientos a algunas personas, en tanto ofenden la sensibilidad de otras (la versión más frecuente es la lucha cuerpo a cuerpo, con el cuerpo totalmente desnudo). Otros métodos pueden tener más adeptos y parecer más atractivos, pero lo importante es que operen o no en uno.




Como hemos hecho notar, hay personas que toman drogas por otras razones que no son el deseo de entonarse; también hay alternativas para ellos. Por ejemplo, no es necesario consumir drogas para tratar la enfermedad. Existen muchos sistemas terapéuticos sin drogas, como la acupuntura, el masaje y la regulación de la dieta. Se puede cambiar de ánimo y mejorar el rendimiento, variando los hábitos de comida, sueño y ejercicio físico. La creatividad puede ser estimulada por los viajes, la lectura de libros, la conversación con otras personas y las nuevas experiencias en general. Es posible explorar la propia mente con ayuda de la psicoterapia, la hipnosis; escribiendo o cantando las experiencias personales. Como el consumo de drogas se ha hecho tan habitual en ciertas actividades (un vaso de vino en las comidas, un porro antes de una película), para algunas personas puede ser difícil imaginar la vida sin ellas. Sin embargo, la realidad es que si se está decidido, es posible eliminar las drogas y no echarlas nunca de menos, para prueba los miles de personas que han dejado de fumar y nunca más han probado un cigarrilo o puro habano.




El tema de las drogas es un tema controvertido, para unos dar información a la gente joven la motivará o no a probar las drogas, pero la realidad sobre las drogas no puede hacer daño a nadie. Puede ofender la sensibilidad de algunos y perturbar a otros, que no quieren ni oír hablar del problema. Pero no puede hacer daño a nadie. Por el contrario, la falsa información puede conducir -y conduce- a que la gente se haga daño a sí misma y se lo haga a los demás.




No se intenta fomentar el consumo de drogas, pero tampoco desaprobarla. Para aquellos que consumen drogas sólo queda decirles que hagan un uso racional de ellas, en vez de caer en hábitos de exceso, dependencia y abuso.

Todos los seres humanos tomamos decisiones a lo largo de nuestras vidas sobre la base de la información que poseemos. Cuanto más verídica sea la información, más acertadas serán sus decisiones.

No hay drogas buenas o malas, solamente buen o mal uso de las drogas. El abuso de droga no es cualquier consumo de una sustancia no aceptada. El abuso es el consumo de una droga de manera que perjudique la salud física o mental o el buen comportamiento social y la productividad. El abuso se desarrolla a partir de una mala relación con la droga y, aprender a distinguir a tiempo estas malas relaciones, es la clave para poder prevenir el abuso. Las malas relaciones con la droga empiezan por la ignorancia o pérdida de conciencia de la naturaleza de la sustancia, la falta de información sobre sus efectos, y el excesivo consumo de la droga, hasta hacer que se pierda el efecto inicialmente deseado. A su vez, el consumo excesivo lleva a la dificultad para abandonarla y, con el tiempo, a dañar la salud y el rendimiento.


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