domingo, 2 de diciembre de 2012

LA DISCAPACIDAD NO REPRESENTA A UNA PERSONA EN SU TOTALIDAD


EL CAPITAL MENTAL DE UN PAÍS SERÍA MUCHO MAYOR SI SE VALORASE TODO LO QUE PUEDE APORTAR LA POBLACIÓN DESAMPARADA.



La caída del Sr. Eduard Punset en Londres rompiéndose la tibia y el peroné le sirvió para enterarse de que el 9% de la población española tiene serias limitaciones físicas que afectan a su movilidad, a su vida doméstica y a su autocuidado, y por supuesto a su integridad social. Por encima de todo, la deficiencia que causa mayor número de discapacidades por persona es la mental. Enfermedades como la esquizofrenia, la depresión, la demencia y las derivadas del abuso del alcohol y otras sustancias, constituyen el 13% de todas las enfermedades a nivel mundial (por encima de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer).



Desde su cama en el hospital londinense no paraba de pensar en la soledad que puede afectar a las personas tristes, estresadas o que presentan alguna discapacidad mental, a pesar de la riada de descubrimientos científicos que inundan los laboratorios de los científicos jóvenes. En el primer lugar de esos descubrimientos figura, por supuesto, la nueva ciencia del aprendizaje social y emocional. Aunque pocos hacen caso de ello, hoy se puede utilizar la experiencia individual para corregir la estructura genética o cerebral.



Llama la atención que de los casi 4 millones de personas que afirman tener alguna discapacidad o serias limitaciones para desempeñar las actividades básicas de su vida diaria, el 60% son mujeres mayores de 45 años. También son las mujeres las que generalmente asumen el papel de cuidadoras de las personas con discapacidad. La dependencia, es decir, la necesidad de ayuda para realizar actividades básicas del día a día, afecta a 2,8 millones de personas en nuestro país (el 6,7% de la población). Estas personas necesitan ayuda la mayor parte del día, especialmente, si tienen una deficiencia mental. El perfil del cuidador es una mujer, de entre 45 y 64 años, que reside en el mismo hogar que la persona a la que presta cuidados. Las consecuencias en la salud y la vida personal de estas cuidadoras, cuya vida laboral, situación económica y tiempo de ocio empeoran considerablemente, deberían ser consideradas también a la hora de evaluar el impacto de las discapacidades.



Uno de los grandes problemas que debe resolver la sociedad para lograr la integración de los discapacitados, además de la eliminación de las barreras físicas que también es una asignatura pendiente (al menos la mitad de las personas con discapacidad física declaran tener serias dificultades para desenvolverse con normalidad en su entorno), es la percepción de que estas personas son ciudadanos que deben ser tratados aparte. La discapacidad no representa lo que es esa persona en su totalidad. Sin embargo, para que esas personas se sientan integradas en su comunidad es necesario desarrollar un sistema de protección integral, asegurando la atención sociosanitaria y proporcionando protección económica tanto a los afectados por la discapacidad como a sus familias.



El capital mental del país, es decir, los recursos emocionales y cognitivos con los que los individuos contribuyen a la sociedad, se verá positivamente incrementado si integramos a ese elevado porcentaje de personas desamparadas. Pero si los humanos no somos capaces de hacerlo, quizá el futuro pase por diseñar robots que ayuden a las personas a superar las barreras físicas y a enfrentarse a la soledad y a la depresión. 



Para la neurocientífica e informática Maja Mataric, de la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, esto ya es posible. En su equipo diseñan robots que ayudan a las personas a superar sus trabas físicas, motivándolas para hacer sus ejercicios de rehabilitación, pero también dándoles ánimos o compañía. 



Para esta experta en robótica, este tipo de tecnología jugará un papel decisivo en el cuidado de los mayores en las próximas décadas, cuando la población de más de 65 años sea tan numerosa como la que está en edad de trabajar.



Autor: Eduard Punset. Barcelona, 9 de noviembre de 1936, jurista, escritor, economista y divulgador científico español. Fue político en la Transición democrática de España y eurodiputado.





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