sábado, 1 de diciembre de 2012

PROBLEMAS CON LAS DROGAS (6)

DEPENDENCIA Y ADICCIÓN



La carcterística principal de una mala relación con la droga es la incapacidad de abandonarla. La dependencia de la droga es un hecho común y provoca tanta censura y tanto miedo que hace difícil reconocer que la dependencia es un problema humano de fondo, que no se limita a las drogas. 



Se puede ser dependiente de muchas sustancias y de muchas prácticas. La búsqueda de placer es obviamente la causa más frecuente: comida, sexo, drogas. 



Las personas se pueden hacer también dependientes de ciertas experiencias -tales como enamorarse o hacer el amor-, y buscar esta experiencia de manera tan compulsiva, que excluye cualquier otra actividad. 



Es también frecuente que una persona se haga dependiente de otra. Tales relaciones humanas tienen muchos aspectos en común con la dependencia de drogas, por ejemplo la tolerancia (disminución del placer con la frecuencia de la exposición a la experiencia) y la privación (dificultad de separación del hábito). 



La gente se hace dependiente del jogging, el juego, la televisión, el shopping (el placer de comprar por comprar en la jerga norteamericana), el trabajo y las llamadas telefónicas. Estas observaciones corrientes sugieren que la dependencia tiene más que ver con el ser humano que con la droga. 



Cuando se habla de "el potencial adictivo" de una sustancia, se está hablando en verdad de la tendencia del ser humano de hacerse adicto a ella.


Las palabras "adicción" y "dependencia" se usan hoy indistintamente. Propiamente hablando, la adicción a la droga es un tipo especial de dependencia, marcada por cambios físicos: tolerancia que requiere dosis crecientes de la droga para lograr los mismos efectos y síndrome de privación si se abandona la droga. 



Las personas que se hacen dependientes de la marihuana no demuestran la misma tolerancia y privación que los adictos a la heroína. Este hecho ha llevado a muchos expertos a hablar de "dependencia psicológica". 



Sin embargo, la dependencia psicológica es un concepto confuso. ¿En qué difiere de hacer una cosa repetidamente porque a uno le gusta?¿Hay algo malo en hacer una cosa muchas veces si eso no hace daño?


El problema real de la dependencia es que limita la libertad personal. Por supuesto, todo el mundo depende de los alimentos, el agua, el aire y de otras personas. Nadie puede ser completamente autosuficiente. La dependencia se convierte en un problema cuando requiere grandes cantidades de tiempo, energía y dinero; cuando genera sentimiento de culpa y ansiedad, y cuando domina la vida personal. 


Es fácil para una persona no darse cuenta -o no querer darse cuenta- de hasta qué punto las dependencias rigen su vida. Es frecuente que otras personas lo vean con más claridad.


La dependencia de cualquier cosa no es fácil de romper. Las más de las veces uno cambia simplemente una dependencia por otras sin conseguir mayor libertad. Y, sin embargo, es sin duda mejor depender del ejercicio físico que de sentarse a mirar la televisión. Tal vez la tendencia a hacerse dependiente sea incurable pero, hasta cierto punto, las personas tienen la opción de elegir su tipo de dependencia. Un fumador de tabaco que consigue dejarlo convirtiéndose en un trotador compulsivo, puede no ser más libre que antes, pero puede vivir más tiempo, más sano y sentirse más satisfecho de sí mismo.


Depender de las drogas puede ser mejor que depender de otras cosas y peor que depender de otras. Pero estos juicios de valor son difíciles de hacer fuera del contexto de referencia de cada individuo y de cada situación particular. ¿Es mejor depender del paracaidismo o de inhalar cocaína?¿De masturbarse o de comer chocolate?¿De buscar pelea o de chutarse heroína?


Las buenas relaciones con la droga no son compatibles con la dependencia. Una vez llega a la dependencia de una droga puede ser difícil o imposible volver a establecer una buena relación con ella. La mayor parte de los especialistas en alcoholismo dice que los alcohólicos no pueden aprender a ser buenos bebedores en sociedad. Su única opción es: alcoholismo o abstinencia total. Casi todas las personas que fuman de manera no adictiva nunca fueron fumadores adictos: establecieron una buena relación con el cigarrillo desde el principio y la mantuvieron. La manera más segura de evitar la dependencia de la droga es no ponerse nunca en contacto con ella. Si uno usa drogas y quiere evitar hacerse dependiente, tendrá que tomar medidas para conservarse en buena relación con ellas desde el primer momento.


El tratamiento de la adicción de la droga se ha convertido en un gran negocio en Estados Unidos principalmente, pero también a nivel global. Los centros privados de tratamiento cobran miles de dólares por semana para librar a la gente de la cocaína, el alcohol, la marihuana, los narcóticos y los tranquilizantes. Programas en doce etapas tomados del modelo de Alcohólicos Anónimos han proliferado en todas las ciudades. Hoy existen programas especiales para tratar a los parientes de las personas dependientes, Adult Children of Alcoholics (Hijos adultos de alcohólicos) y Codependent Anonymous (Codependientes anónimos), por ejemplo. A pesar del boom en la industria del tratamiento, la tasa de adicción no ha disminuido sino, todo lo contrario, ha aumentado.


Se cree que la adicción es un problema muy profundamente arraigado en el ser humano. La mayor parte de nosotros ha sufrido algún tipo de herida profunda, fuere cual fuere la clase de familia en la que se haya crecido o en qué clase de sociedad se viva. Tenemos ansia de plenitud y de realización y, muy frecuentemente, buscamos la satisfacción de esas aspiraciones fuera de nosotros mismos. Lo irónico es que, sea cual sea la satisfacción que conseguimos con la droga, la comida, el sexo, el dinero y otras "fuentes" de placer, la satisfacción viene en realidad de dentro de uno mismo. Esto es, proyectamos nuestro poder sobre sustancias y actividades externas, con lo cual les permitimos que nos hagan sentir mejor por algún tiempo. Es una clase de magia muy extraña. Cedemos nuestro poder a cambio de una sensación transitoria de plenitud; y después sufrimos porque los objetos por los cuales nos hemos apasionado parecen dominarnos. La adicción puede curarse sólo cuando nos hacemos conscientes del proceso, reclamamos nuestro poder de vuelta, y reconocemos que nuestras heridas sólo podemos curarlas desde dentro, desde nuestro interior, desde nuestro propio ser.


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