viernes, 8 de marzo de 2013

EL SUEÑO LÚCIDO

CONTEXTO HISTÓRICO
  • 1027 el médico y filósofo persa Avicena (Ibn Sina) escribe sobre los trances en el Libro de la curación.
  • 1779 el médico alemán Franz Mesmer publica Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal.


La práctica de inducir estados de trance como medio de curación no es nueva. En varias culturas antiguas, entre ellas la de Egipto y Grecia, no era nada extraño llevar a los enfermos a "templos del sueño" para que se curaran, en un estado próximo al sueño, mediante la sugestión de ciertos sacerdotes. En 1027, el médico persa Avicena documentó los rasgos del estado de trance, pero su empleo terapéutico quedó prácticamente abandonado durante mucho tiempo hasta que el médico alemán Franz Mesmer lo reintrodujo en el siglo XVIII. El tratamiento de Mesmer consistía en manipular el magnetismo natural, o "animal", del cuerpo, por medio de imanes y de la sugestión. Una vez "mesmerizadas", o "magnetizadas", algunas personas experimentaban una convulsión, tras la cual decían sentirse mejor.



Varios años más tarde, el abate Faria, monje portugués de Goa, estudió la obra de Mesmer y concluyó que era absurdo pensar que el empleo de imanes fuese necesario. La verdad era aún más extraordinaria: el "sueño lúcido" o la capacidad de entrar en trance dependía exclusivamente del individuo en cuestión, sin que hubiera necesidad alguna de otras fuerzas: lo único relevante era el poder de la sugestión.

PENSAR EN EL SUEÑO



Faria consideraba su papel como el de un "concentrador", que ayudaba al sujeto a alcanzar el estado mental deseado. En De la cause du rêve lucide describe su método: "Una vez elegidos sujetos con las aptitudes indicadas, les pido que se sienten y se relajen, que cierren los ojos, concentren la atención y piensen en el sueño. Quedan a la espera de nuevas indicaciones, y de repente, en tono suave o imperativo les digo "¡Dormid!", y entran en el sueño lúcido".



A partir del sueño lúcido de Faria, el cirujano escocés James Braid acuñó en 1843 el término "hipnosis" del griego hypnos ("sueño") y el sufijo -sis (estado o acción). Braid llegó a la conclusión de que la hipnosis no es un tipo de sueño, sino más bien un estado de concentración en una única idea con el resultado de una mayor susceptibilidad a la sugestión. Tras su muerte, el interés por la hipnosis decayó, hasta que el neurólogo francés Jean-Martin Charcot comenzó a emplearla a modo sistemático para tratar la histeria traumática. Esto atrajo la atención de Josef Breuer y Sigmund Freud, quienes se preguntaron por el impulso que movía al yo hipnótico y descubrieron el poder del inconsciente.



1843 James Braid, cirujano escocés, acuña el término "neurohipnotismo" en Neurypnology.

Década de 1880 el psicólogo francés Émile Coué descubre el efecto placebo y publica La maîtrise de soi-même par l´autosuggestion consciente.

Década de 1880 Sigmund Freud estudia la hipnosis y su aparente poder sobre los síntomas inconscientes.

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