jueves, 4 de abril de 2013

CONCIENCIA (I)

"SABEMOS LO QUE SIGNIFICA CONCIENCIA MIENTRAS NADIE NOS PIDA QUE LA DEFINAMOS"
WILLIAM JAMES (1842-1910) 



CONTEXTO HISTÓRICO:
  • 1641 René Descartes define la conciencia de sí en términos de capacidad de pensar.
  • 1690 el filósofo y médico inglés John Locke define la conciencia  como "la percepción de lo que pasa en la propia mente.
  • 1781 el filósofo alemán Immanuel Kant afirma que los sucesos simultáneos se experimentan como una "unidad de conciencia".
El término "conciencia" suele emplearse referido a la percepción de nuestros propios pensamientos, incluyendo aquí sensaciones, sentimientos y recuerdos. Solemos dar dicha conciencia por supuesta, excepto cuando tenemos dificultades, como cuando tratamos de hacer algo estando muy cansados. Por otro lado, cuando prestamos atención a la conciencia, comprobamos que las experiencias conscientes cambian sin cesar. Por ejemplo, en plena lectura de un libro algo puede traer el recuerdo de experiencias pasadas o inconvenientes presentes que interrumpen la concentración; también puede suceder que vengan a la mente espontáneamente planes de futuro. Los pensamientos están en constante cambio, y no obstante, parecen fundirse y seguir su curso como un todo.

William James, psicólogo estadounidense, comparó la experiencia cotidiana de la conciencia a una corriente de agua que fluye continuamente, pese a ocasionales interrupciones y cambios de dirección. James sostuvo: "Un "río" o "corriente" son las metáforas con las que se describe de forma más natural. Al referirnos a ello en adelante, lo llamaremos el flujo del pensamiento, de la conciencia..."

Casi todo el mundo puede identificarse con la famosa descripción de James del flujo de la conciencia, ya que todos lo experimentamos. Y sin embargo, como señalaba James, es algo muy difícil de definir: "Cuando digo que todo pensamiento es parte de una conciencia personal, "conciencia personal" es uno de los términos en cuestión [...] dar cuenta de él con precisión es la más difícil de las tareas filosóficas. 

Esta tarea filosófica tan difícil cuenta con una larga historia. Los antiguos griegos abordaron el tema de la mente, pero no emplearon el término "conciencia" ni equivalente alguno. Sin embargo, se debatía sobre la existencia de algo separado del cuerpo. En el siglo IV a.C., Platón distinguía entre alma y cuerpo; y Aristóteles añadía que, aun siendo distintos, el alma y el cuerpo, eran inseparables.

PRIMERAS DEFINICIONES

A mediados del siglo XVII, René Descartes fue uno de los primeros filósofos en tratar de describir la conciencia, y sugirió que esta era res cogitans, perteneciente al dominio de lo inmaterial o "ámbito del pensamiento", en contraste con el dominio físico de las cosas materiales (res extensa) o "ámbito de la extensión". Sin embargo, el primero al que se atribuye el concepto moderno de conciencia como sucesión continua de percepciones individuales es John Locke, filósofo inglés del siglo XVII. A James le atrajo la idea de Locke de las percepciones transitorias, y también la obra del filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant. A Kant le impresionaba la manera en que nuestras experiencias se unen, y señalaba que si oímos un sonido y a la vez sentimos dolor, lo experimentamos como un único acontecimiento; a esto lo llamó "unidad de conciencia", concepto que influyó en muchos filósofos posteriores, entre ellos William James.



James consideraba que la cuestión más importante acerca de la conciencia es que no es una "cosa", sino un proceso: es aquello que hace el cerebro para "gobernar un sistema nervioso que se ha vuelto demasiado complejo para regularse a sí mismo". Nos permite reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro, planificar y adaptarnos a las circunstancias, y de ese modo cumplir lo que para James es el fin principal de la conciencia: seguir vivos.

Sin embargo, a James le costaba imaginar la estructura de una conciencia unificada, y desarrollaba la siguiente comparación: "Tómese una docena de palabras, doce hombres, y désele a cada uno una palabra. Póngase a los hombres en fila o revueltos, y piense cada uno en su palabra tanto como quiera; en ninguna parte habrá conciencia de la frase entera". Si la conciencia es un flujo de pensamientos distintos, para James era un problema cómo se combinaban. Tal y como lo expresó él: "La idea de A más la idea de B no es idéntica a la idea de (A+B)". De la suma de dos pensamientos se obtiene más bien una idea enteramente nueva. Así, por ejemplo, si el pensamiento A es "son las nueve", y el pensamiento B es "el tren sale a las 9:02", podría seguirse un pensamiento C "¡voy a perder el tren!"

COMBINACIÓN DE PENSAMIENTOS

James concluyó que la manera más simple de comprender cómo se pueden combinar con sentido los pensamientos del flujo de la conciencia es suponer que las cosas que se conocen juntas se conocen en pulsos únicos de ese flujo. Algunos pensamientos, o sensaciones, creía, están inevitablemente ligados, como en el ejemplo de Kant de oír un sonido y sentir dolor exactamente al mismo tiempo, porque los pensamientos que entran en nuestra conciencia en el mismo momento se combinan formando un pulso, o corriente, dentro del flujo. Puede haber muchas de estas corrientes fluyendo a través de nuestra conciencia, rápida o lentamente. James afirmaba que hay incluso paradas o puntos de reposo en que nos detenemos para formar imágenes mentales que podemos contemplar con calma. A tales puntos de reposo los denominó "partes sustantivas", y a las corrientes móviles, "partes transitivas"; y explicaba que nuestro pensamiento se ve trasladado de forma constante de una parte sustantiva a otra, impelido por las partes transitivas. Nos vemos, por lo tanto, "empujados" de una a otra conclusión por el constante flujo de los pensamientos, que de este modo nos arrastra siempre hacia adelante. No hay conclusión final; la conciencia no es cosa sino proceso, en evolución constante.


James subrayó asimismo el carácter personal de la conciencia, al sostener que los pensamientos no existen con independencia de un pensador: son tus pensamientos, o los míos. Todos ellos pertenecen a alguien, y nunca "se encuentran directamente con un pensamiento de otra conciencia personal que la propia". Y son estos pensamientos "conectados tal y como sentimos que están conectados" lo que constituye el yo. Como los pensamientos no se pueden separar del yo, James sugería que el estudio de tal yo debería ser el punto de partida de la psicología. Los psicólogos experimentales discreparon, pues "el yo" no está disponible para la experimentación, pero James consideraba suficiente trabajar con nuestra comprensión de un yo que hace ciertas cosas y siente de determinadas maneras. A esto lo denominó el "yo empírico", que se manifiesta a través de su conducta y que se compone de varias partes -el yo material, el yo espiritual y el yo social-, cada una de las cuales se puede estudiar por medio de la introspección.

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