lunes, 22 de abril de 2013

CONDUCTISMO: UNA RESPUESTA AL MEDIO



En la década de 1890 la psicología ya era conocida como una ciencia independiente de la filosofía. En Europa y en EEUU había laboratorios y departamentos universitarios de psicología, y estaba surgiendo ya una segunda generación de psicólogos.



En EEUU, psicólogos deseosos de dotar a la nueva disciplina de cimientos objetivos y científicos reaccionaron frente al enfoque introspectivo y filosófico de William James y otros. La introspección era para ellos subjetiva por definición, y las teorías basadas en ella no podían demostrarse como ciertas o como falsas. Para que la psicología fuera considerada una ciencia, tendría que basarse en fenómenos observables y medibles. Su propuesta consistía en estudiar la manifestación del funcionamiento de la mente -la conducta- bajo condiciones de laboratorio muy controladas. Como dijo John B. Watson, la psicología es "aquella parte de las ciencias naturales que tiene como objeto de estudio la conducta humana: hechos y dichos, tanto aprendidos como desaprendidos". 



Los primeros conductistas, como Edward Thorndike, Edward Tolman y Edwin Guthrie, diseñaron una serie de experimentos para observar la conducta de animales en determinadas situaciones, y a partir de estas pruebas infirieron teorías sobre cómo interactúan los humanos con el medio, así como sobre el aprendizaje, la memoria y el condicionamiento.



RESPUESTAS CONDICIONADAS

Los experimentos conductistas se inspiraban en parte en experimentos semejantes ideados por fisiólogos para el estudio de procesos físicos, y fue un fisiólogo ruso, Iván Pavlov, quién aportó involuntariamente la base para la psicología conductista emergente. Pavlov, en su famoso estudio sobre la salivación en los perros, describió cómo un animal responde a un estímulo en el proceso de condicionamiento,  y proporcionó a los psicólogos el punto de partida para desarrollar la idea central del conductismo. La noción de condicionamiento, o teoría del estímulo-respuesta, definió la forma que iba a adoptar el conductismo.



El enfoque conductista se centró en la observación de las respuestas a los estímulos externos, ignorando los estados y procesos mentales internos, que consideraba imposibles de estudiar científicamente y que por tanto no podían incluirse en ningún análisis de la conducta. La sustitución de la mente por la conducta como base del estudio de la psicología fue un cambio revolucionario, y vino acompañado incluso de una especie de manifiesto, la conferencia titulada "Psychology as the Behaviorist Views It", que Watson pronunció en 1913.

En EEUU., país a la cabeza de la ciencia psicológica, el conductismo fue el enfoque predominante durante los cuarenta años siguientes. Tomando como base la idea del condicionamiento pavloviano o clásico, Watson sostuvo que los estímulos ambientales conforman por sí solos la conducta, sin que intervengan factores innatos o heredados. Entre la generación siguiente destacó el "conductista radical" B.F. Skinner, quien propuso un replanteamiento de la noción de estímulo-respuesta en su teoría del "condicionamiento operante", según la cual la conducta es conformada por las consecuencias, no por un estímulo previo. Aunque esta tesis era similar a las ideas propuestas por William James, alteró radicalmente el rumbo del conductismo, al tener en cuenta factores genéticos y explicar los estados mentales como resultado (y no causa) de la conducta.



LA REVOLUCIÓN COGNITIVA

A mediados del siglo XX, los psicólogos cuestionaron el enfoque conductista. La etología, el estudio del comportamiento animal, demostró la importancia de la conducta instintiva, además de la aprendida, lo cual casaba mal con las estrictas ideas del condicionamiento. Una reacción ante las ideas de Skinner desencadenó asimismo la "revolución cognitiva", que volvió a desviar la atención de la conducta hacia la mente y sus procesos. Una figura clave de esta época fue Edward Tolman, un conductista cuyas teorías no habían prescindido de la importancia de la percepción y la cognición, debido a su interés por la psicología alemana de la Gestalt. Los progresos de la neurociencia, estudiada por otro conductista, Karl Lashley, contribuyeron también a desplazar el énfasis de la conducta al cerebro y su funcionamiento.

El conductismo se había agotado y se vio desbancado por las diferentes ramas de la psicología cognitiva. Aun así, su legado fue duradero, especialmente su aportación de una metodología científica y unos modelos útiles para la experimentación psicológica. Hoy día la terapia conductista aún se aplica, como parte fundamental de la terapia cognitivo-conductual. 

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