domingo, 5 de mayo de 2013

CONDUCTISMO DE JOHN B. WATSON

"CUALQUIER SER HUMANO PUEDE SER ENTRENADO PARA SER CUALQUIER COSA"
JOHN B. WATSON 
(1878-1958)



CONTEXTO HISTÓRICO

  • Década de 1890 el biólogo alemán Jacques Loeb, profesor de Watson, explica en términos puramente físico-químicos el comportamiento animal.
  • Década de 1890 Ivan Pavlov establece el principio del condicionamiento clásico en sus experimentos con perros.
  • 1905 Edward Thorndike muestra cómo los animales aprenden al obtener resultados favorables con su conducta.
Muchos psicólogos habían concluido ya a principios del siglo XX que la mente humana no se podía estudiar debidamente a través de métodos introspectivos, y defendían el estudio de la mente basado en distintas pruebas de conducta obtenidas en experimentos de laboratorio.


John Watson no fue el primer abogado de este enfoque cabalmente conductista, pero fue el más destacado. Watson se convirtió en uno de los psicólogos más influyentes y controvertidos del siglo XX. Gracias a su trabajo sobre la teoría del aprendizaje de estímulo y respuesta lanzada por Edward Thorndike, vino a ser considerado "padre fundador" del conductismo, término que él mismo contribuyó a popularizar. En su conferencia titulada "Psychology as the Behaviorist Views It", de 1913, considerada por los psicólogos posteriores como el "manifiesto conductista", planteó la revolucionaria idea de que "una psicología verdaderamente científica dejaría de hablar de estados mentales [...] para centrarse en la predicción y control de la conducta.


Antes de lo estudios de Watson en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, la mayoría de los experimentos sobre la conducta se habían realizado sobre animales, extrapolando luego los resultados a los humanos. El propio Watson había estudiado a ratas y monos para realizar su tesis doctoral, pero (quizá influido por su experiencia con soldados durante la I WW.) estaba deseoso de hacer experimentos con sujetos humanos. Watson quería estudiar el modelo de estímulo-respuesta del condicionamiento clásico y cómo se aplicaba a la predicción y el control de la conducta humana. Creía que había tres emociones humanas fundamentales -amor, ira y miedo- y quería averiguar si se podía condicionar a las personas para sentirlas en respuesta a un estímulo.

EL PEQUEÑO ALBERT


Junto con su ayudante Rosalie Rayner, Watson inició una serie de experimentos con Albert B., un bebé de nueve meses procedente de un hospital infantil próximo. El objetivo de las pruebas era comprobar si era posible enseñar a un niño a temer a un animal haciendo que este apareciera al mismo tiempo que se oía un ruido fuerte. Watson también quería saber si tal miedo se transfería a otros animales u objetos, y cuánto duraba. Hoy en día sus métodos se considerarían poco éticos e incluso crueles, pero entonces resultaban una prolongación lógica y natural de los estudios precedentes con animales.

En el hoy día famoso experimento del "pequeño Albert", Watson colocó al bebé, sano pero "en general impasible e indiferente", sobre un colchón y observó sus reacciones al presentarle un perro, una rata blanca, un conejo , un mono y varios objetos inanimados, entre ellos papel ardiendo y máscaras humanas. Albert no mostró miedo ante ninguno de estos animales ni objetos, e incluso alargó la mano para tocarlos. Watson estableció así un punto de partida sobre el que medir cualquier cambio en el comportamiento del niño hacia los objetos.



En otra ocasión, estando Albert sentado sobre su colchón, Watson golpeó de pronto una barra de metal con un martillo para producir un ruido fuerte. Como cabía esperar, el niño se asustó y comenzó a llorar. Watson tenía entonces un estímulo incondicionado (el ruido fuerte) que suscitaba una respuesta de temor en el niño. Combinando tal estímulo con la visión de la rata, según su hipótesis, podría condicionar al pequeño Albert para que tuviera miedo al animal.

Cuando Albert tenía apenas 11 meses, Watson realizó el experimento. Dejó a la rata blanca sobre el colchón con Albert, y golpeó con el martillo la barra de acero cuando el niño tocó la rata. El niño rompió a llorar. Watson repitió dicho procedimiento 7 veces en dos sesiones separadas por una semana, después de lo cual Albert se agitaba en cuanto la rata llegaba a la habitación, aunque no fuera acompañada del ruido.

Al emparejar repetidamente la rata con el ruido fuerte, Watson aplicaba el mismo tipo de condicionamiento clásico que había utilizado Pavlov en sus experimentos con perros. La respuesta natural del niño al ruido -miedo y agitación- se había asociado a la rata. Se había condicionado al niño para responder con miedo ante la rata. En términos de condicionamiento clásico, la rata fue en un comienzo un estímulo neutro que no suscitaba ninguna respuesta particular; el ruido fuerte era un "estímulo incondicionado" (EI) que suscitaba una "respuesta incondicionada" (RI) de miedo. Después del condicionamiento, la rata había pasado a ser un "estímulo condicionado" (EC) que suscitaba una "respuesta condicionada" (RC) de miedo.

Pero este condicionamiento parecía ir más allá de un simple miedo a la rata blanca, y no parecía ser ni mucho menos algo pasajero. A fin de comprobar si el miedo del pequeño Albert se había "generalizado", esto es, si se había extendido a otros objetos similares, cinco días después del condicionamiento original se le presentaron objetos de piel blancos, entre ellos un conejo, un perro y un abrigo de borreguillo. Albert mostró la misma respuesta temerosa y agitada que ante la rata.

Con estos experimentos Watson demostró que las emociones humanas son susceptibles al condicionamiento clásico. Se trataba de un verdadero descubrimiento, ya que los experimentos de estímulo-respuesta precedentes se habían centrado en el aprendizaje de comportamientos físicos. Watson había averiguado que la conducta humana no solamente se puede predecir -dados ciertos estímulos y condiciones-, sino que además se puede controlar y modificar. Un mes más tarde una nueva comprobación de las reacciones de Albert ante la rata, el conejo y el perro apuntaba a que los efectos del condicionamiento eran duraderos, pero esto no pudo probarse, ya que muy poco después la madre de Albert se llevó al niño del hospital; se ha sugerido que esto se debió a un enfado de la madre, pero según Watson y Rayner la madre se llevó al niño en la fecha acordada de antemano.

INFINITAMENTE MALEABLE



La carrera de Watson tocó a su fin un poco después de los experimentos con Albert, cuando se vio obligado a renunciar a su cátedra a raíz del escándalo causado por su relación con su ayudante Rosalie Rayner. Pese a lo incompleto de su estudio, Watson se sintió respaldado en su defensa del conductismo, y en particular en la aplicación del condicionamiento clásico de estímulo-respuesta a los humanos. Debido quizá a su expulsión del mundo académico (que le llevó al de la publicidad, donde tuvo un gran éxito), tendió a exagerar el alcance de sus hallazgos, y aprovechando un talento natural para la autopromoción, siguió publicando libros sobre psicología.

No contento, por ejemplo, con sostener la tesis de que es posible condicionar las respuestas emocionales, presumió que sobre la misma base se podría controlar o modificar casi cualquier aspecto de la conducta humana, por complejo que fuese. Igual que se había condicionado al pequeño Albert para que tuviera miedo de ciertos objetos blancos y peludos en contra de su tendencia natural, Watson creía que "cualquiera, sea cual sea su naturaleza, puede ser entrenado para ser cualquier cosa". En su obra de 1924, Behaviorism, sentenciaba lo siguiente: "Denme una docena de bebés sanos, bien formados, y mi propio mundo especificado en el que criarlos: garantizo que puedo elegir a cualquiera de ellos y formarlo para hacer de él cualquier tipo de especialista que quiera: médico, artista, abogado, comerciante, o bien incluso mendigo o ladrón, sin importar su talento, aficiones, tendencias, capacidades, vocación, ni la raza de sus antepasados". En el debate innato versus adquirido, Watson estaba firmemente del lado de lo adquirido.

CRIANZA SIN EMOCIONES



Al no poder seguir con sus investigaciones académicas, Watson desvió su atención al ámbito de la crianza de los niños. Fue aquí donde sus ideas alcanzaron mayor resonancia pública, y donde con el tiempo resultaron más controvertidas. Como se podía prever, defendió métodos estrictamente conductistas para educar a la infancia, y en las décadas de 1920 y 1930 sus libros sobre el tema alcanzaron una popularidad inmensa. En retrospectiva es fácil ver que su enfoque, basado en un extremo desapego emocional, estaba desencaminado y era potencialmente dañino, pero el hecho es que millones de padres adoptaron sus métodos, incluidos Watson y Rosalie Rayner.

El niño, según Watson, es formado por el entorno, y dicho entorno lo controlan los padres. Watson consideraba la crianza como un ejercicio objetivo de modificación de la conducta, y en particular de las emociones del miedo, la ira y el amor. De manera tal vez comprensible, dada su propia infancia infeliz, Watson rechazaba el cariño como algo sentimental y que producía en el niño una dependencia excesiva de los padres; pero también se manifestó contrario al extremo opuesto, y estaba en contra de los castigos físicos.



Su cuestionable aplicación del condicionamiento de estímulo-respuesta a la educación infantil acabó siendo objeto de críticas. Las generaciones posteriores lo consideraron un medio frío y manipulador que insistía excesivamente en la eficiencia y el resultado más que en el bienestar del niño. El daño causado a largo plazo a los niños criados según el modelo conductista se fue manifestando de forma gradual, pero significativa. La popularidad de sus obras como "biblias" de la crianza dio como resultado toda una generación afectada por lo que hoy día puede considerarse una crianza disfuncional. La propia familia de Watson sufrió por ello: Rosalie acabó percibiendo los fallos de las teorías de su marido y publicó en Parent´s Magazine un crítico artículo titulado "I am the mother of a Behaviorist´s Sons"; la nieta de Watson, la actriz Mariette Hartley, ofrece un perturbador testimonio de su historia familiar en su obra autobiográfica Breaking the Silence

Pronto aparecieron enfoques alternativos de la educación, incluso entre conductistas convencidos. El psicólogo B.F. Skinner, aceptando el principio básico del condicionamiento de Watson (pese a lo éticamente dudoso del experimento del pequeño Albert), y tomándolo como punto de partida de su propio "conductismo radical", aplicó el conductismo a la crianza de niños de un modo mas benigno (si bien excéntrico).

1932 mediante su teoría del aprendizaje latente. Edward Tolman introduce la cognición en el conductismo.

Década de 1950 la psicología cognitiva se centra en aquellos procesos mentales que subyacen a la conducta humana y la producen.


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