sábado, 18 de mayo de 2013

LA NUEVA AMENAZA DE LOS POXVIRUS

LA VIRUELA PUEDE HABER DESAPARECIDO, PERO SUS PRIMOS VÍRICOS, LA VIRUELA DEL SIMIO Y LA BOVINA, ESTÁN ORGANIZANDO SU REGRESO.


Hace 10.000 años, cuando apareció la viruela, la humanidad no pudo hacer mucho más que rezar a los dioses para pedir ayuda. El virus que causaba la enfermedad atacaba primero el revestimiento de la nariz o de la garganta y se extendía por todo el cuerpo hasta provocar una erupción cutánea característica, seguida de la formación de ampollas llenas de virus sobre la piel. A lo largo de la historia, el "el monstruo moteado" mató hasta un tercio de las personas que infectaba. Solo durante el siglo XX fallecieron más de 300 millones de hombres, mujeres y niños.


Sin embargo, a finales de los años 70, la lacra mortal fue eliminada de la faz de la Tierra gracias a las campañas de vacunación masiva que protegieron a millones de personas, que se quedaron con una pequeña cicatriz en el brazo. Sin ningún sitio donde esconderse en el mundo natural (los humanos son el único huésped del virus), la viruela fue llevada a la extinción. En la actualidad, las únicas muestras víricas conocidas se hallan encerradas en dos laboratorios gubernamentales especializados, uno en EEUU. y el otro en Rusia. Si no se produce un accidente catastrófico de laboratorio o una liberación intencionada ni se vuelve a crear el virus mediante ingeniería genética, la viruela nunca más volverá a sembrar la muerte y la miseria en el mundo.

Cuando se erradicó la viruela hace 35 años, los humanos dejaron de vacunarse frente a ella. En los años siguientes, la población general ha perdido la inmunidad, no solo al virus de la viruela, sino también a otros poxvirus a los que la vacuna de la viruela ponía en jaque. El número de casos de viruela del simio y bovina ha empezado a aumentar, lo que ha elevado la posibilidad de que una nueva lacra mundial se extienda en lugar de la viruela tradicional.



La Organización Mundial de la Salud (OMS), que había organizado la campaña de erradicación, hizo ésta pública en 1979, dos años después de registrarse el último caso esporádico en un trabajador de un hospital somalí. Desde entonces, ningún país ha vacunado de forma sistemática a sus ciudadanos frente a la viruela, aunque los EEUU. empezaron a inocular a cierto personal sanitario y a determinados miembros  de sus fuerzas armadas después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Por tanto, toda una generación ha llegado a la edad adulta sin ninguna exposición a la enfermedad o a la vacuna, que a veces causaba efectos secundarios graves.

Y ahí está el problema. La vacuna contra la viruela no solo protege contra el virus variólico. Cualquier persona  que se haya vacunado también ha desarrollado inmunidad frente a otros virus emparentados con él, como la viruela del simio y la bovina. Dada la mayor magnitud de las infecciones de viruela en ese momento, tal protección secundaria se vio como un beneficio menor.

Ahora que la vacuna contra la viruela ya no se administra de forma generalizada, la pregunta es: ¿podrían estos patógenos desconocidos, que al igual que la viruela, pertenecen al género Orthopoxvirus, representar un nuevo peligro para los seres humanos? Hay motivos para preocuparse. A diferencia de la viruela tradicional, la del simio y la bovina se esconden de forma natural en roedores y otros animales, por lo que nunca se eliminarán por completo. El número de casos de viruela del simio y bovina en los humanos ha aumentado de manera constante en los últimos años; ambos virus han comenzado a infectar a otros animales más allá de sus huéspedes normales, lo que ha aumentado la posibilidad de que se propague a través de nuevas vías por todo el planeta.

Nadie sabe cómo evolucionarán la viruela del simio y la bovina a lo largo del tiempo. A los virólogos les preocupa que, si los virus mutan y se propagan con mayor facilidad de una persona a otra, podrían devastar amplias zonas del mundo. Esta sombría posibilidad impulsa a un pequeño grupo de investigadores a aprender más acerca de la aparición de estas o de cualquier otra plaga de poxvirus, lo que les permitirá dar la alarma si observan que los virus muestran signos de convertirse en formas más amenazadoras.

DISTINTA GRAVEDAD

La historia y la biología de los poxvirus ofrece algunas pistas sobre lo que puede esperarse de los parientes de la viruela en el futuro. Históricamente, el 60% de los patógenos que asolan a la humanidad, incluidos los ortopoxvirus, se han originado en el cuerpo de otros vertebrados. El pariente vivo más cercano de la viruela, el taterapox, se aisló a partir de un jerbo salvaje en África en 1968. Los análisis moleculares sugieren que el ancestro evolutivo de la viruela quizá tuvo su inicio en una especie de roedor africano, al parecer hoy extinguido. Del mismo modo, la viruela del simio y la bovina, a pesar de sus nombres, viven en topillos, ardillas y otros roedores silvestres.

Cuando el ancestro de la viruela se propagó por primera vez a los humanos, seguramente no era muy contagioso, afirma el microbiólogo Mark Buller, de la Universidad de San Luís. Pero, según él y otros investigadores, en algún momento apareció una variante mucho más transmisible. El cambio crítico permitió que el virus se propagara a través de la tos, exhalaciones o estornudos de una persona infectada. Mientras tanto, los humanos comenzaron a vivir en lugares más densamente poblados, lo que hizo más probable el contagio de una persona a otra. La combinación del cambio biológico y del nuevo entorno dio al virus emergente la ventaja necesaria para convertirse en una lacra mundial.

Sin embargo, el hecho de que un virus se transmita con facilidad no lo hace necesariamente letal. De hecho, todavía se desconoce por qué la gravedad de los poxvirus resulta tan variable. En la mayoría de las personas, las infecciones por viruela bovina, del camello o del mapache desencadenan poco más que una erupción en la piel, con pústulas llenas de virus que desaparecen por sí solas. En cambio, la viruela del simio puede resultar mortífera para los humanos. Aun así, no todos los virus de esta enfermedad presentan la misma virulencia. El peor subtipo, descubierto en la cuenca del Congo, mata a cerca del 10% de las personas que infecta, mientras que otra versión de África Occidental rara vez provoca la muerte. Precisamente esta última cepa causó en 2003 los primeros casos registrados de viruela del simio en el hemisferio occidental. El brote, que tuvo lugar en seis estados de EEUU., obligó a hospitalizar a 19 personas, entre ellos un niño que sufrió encefalitis y una mujer que se quedó ciega y necesitó un trasplante de córnea. Los investigadores siguieron el rastro de la infección y localizaron su origen en roedores importados de Ghana. Estos habían pasado el virus a perritos de las praderas domésticos que, a su vez, habían infectado a sus dueños. Los hospedadores intermedios permiten que un virus que normalmente vive en animales con escaso contacto con los humanos se propague a un gran número de personas.

Pequeñas diferencias genéticas podrían explicar la gravedad variable de las infecciones por viruela. Por ejemplo, algunos poxvirus poseen genes que codifican proteínas que impiden una respuesta inmunitaria eficaz contra la infección. Al comparar diferentes poxvirus, los expertos se centraron en un gen que se hallaba en varios tipos de ellos. En las cepas más mortíferas de viruela, el gen daba lugar a la síntesis de una proteína que, según se ha demostrado, dificulta la coordinación de algunas células del sistema inmunitario para contraatacar al virus. Pero el gen equivalente en las cepas de la viruela del simio de la cuenca del Congo (menos mortales que la viruela), contenía las instrucciones para la síntesis de una proteína mucho más corta. Cuando los investigadores examinaron la versión más leve de viruela de África occidental, observaron que el virus carecía del gen y la proteína en cuestión no podía fabricarse. Luego los datos indicaban que la proteína más corta de las cepas de viruela del simio de la cuenca del Congo las hacía, de alguna manera, menos letales que la viruela tradicional.

El debate científico sobre el modo en que las diferentes especies de poxvirus adquirieron este y otros genes hace plantear la cuestión de si el virus de la viruela del simio y sus parientes podrían convertirse en amenazas más peligrosas de loq ue son ahora. Los genes, que no resultan imprescindibles para la replicación del poxvirus, parecen copias fieles de otros que los virus adquirieron de organismos que infectaron en algún momento del pasado evolutivo. Sin embargo, en el transcurso normal de un ciclo infectivo, los virus no se sitúan cerca de material genético almacenado en el núcleo de las células del huésped.

Una posible explicación, aceptada entre los virólogos de la viruela, postula la infección simultánea de un huésped humano a otro vertebrado con un poxvirus y un retrovirus. Tales coinfecciones parecen producirse con frecuencia. Se sabe que los retrovirus incorporan sus propios genes en el ADN del huésped (alrededor de un 8% del genoma humano consiste en ADN procedente de retrovirus). Tal vez la actividad bioquímica excepcional del retrovirus dentro de la célula permitiese al poxvirus capturar los genes del huésped. 

De ser cierta esa hipótesis, se augura un mal presagio. Los poxvirus son genéticamente estables y no suelen mutar con rapidez. Si tienen la capacidad de robar genes de sus anfitriones que los hacen más virulentos, entonces resulta imposible predecir qué daños ocasionará un poxvirus poco agresivo, por no hablar de uno mortífero, en las circunstancias adecuadas. El camio desde una amenaza leve hasta una grave podría ocurrir de forma más rápida e imprevisible de lo que nadie podría haber sospechado antes.

EL VIRUS MEJOR PREPARADO 
QUE LA VIRUELA

En la actualidad, el virus de la viruela del simio está mejor preparado que cualquiera de sus parientes víricos para convertirse en una amenaza mundial. Los virólogos se refieren a él como el "primo pequeño" de la viruela, en parte porque ocasiona una enfermedad clínicamente indistinguible de esta. Descrito por primera vez en monos en cautividad en 1957, el virus suele residir en roedores africanos, posiblemente en la ardilla Funisciurus congicus. Hasta ahora, la mayoría de los brotes se han producido en África Central, con las notables excepciones de los EEUU. en 2003 y Sudán en 2006.

En 2002, la epidemióloga Anne W. Rimoin, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), se hallaba en Kinshasa, en la República Democrática del Congo, cuando oyó por primera vez que algunos miembros de la población local habían contraído la viruela del simio. Desconocía el número de individuos infectados, el modo en que se había propagado a otras personas. Pero sabía que la enfermedad era potencialmente mortal y deseaba aprender más sobre ella.

Rimoin empezó preguntando a su alrededor y se percató de que probablemente había muchos más casos de los que se estaban informando. Pero ¿cómo determinarlos? Como era de esperar, dada la escasez de centros sanitarios en el Congo rural, solo unas pocas personas enfermas solicitaban ayuda médica. Y aquellas que se habían recuperado no podían identificarse fácilmente a través de análisis  sanguíneos, porque no había forma de saber si la presencia de los anticuerpos frente al poxvirus se debía a una vacunación anterior contra la viruela o a otra infección por un poxvirus. La evaluación de la incidencia de la viruela del simio requirió hallar personas que padecieran una infección aguda a causa de la enfermedad, momento en el que era posible comprobar la presencia del virus a partir de las pústulas de la piel.

Rimoin comenzó su búsqueda tras establecer un centro de investigación en las profundidades del bosque. No había carreteras, ni cobertura de telefonía móvil ni señal de radio. Fletaba aviones para desplazarse y pasó días caminando y viajando en canoa o en moto para localizar los casos de viruela del simio entre los habitantes del interior del Congo.

Los resultados fueron alarmantes. En comparación con datos similares recopilados por la OMS entre 1981 y 1986, Rimoin halló que el número de casos de viruela del simio en humanos se había multiplicado por veinte. Aun así, cree que esas cifras, que se publicaron en 2010, representan  una estimación a la baja. "Es la punta del iceberg", asegura. Después de todo, la OMS realizó una operación de mayor envergadura y mejor financiada hace treinta años. Sin duda, el equipo de Rimoin pasó por alto muchos más casos, en términos relativos, que la OMS.

AUMENTO DE LA VIRUELA DEL SIMIO

Aunque el aumento de los casos de viruela del simio era mayor de lo previsto, no despertó asombro. Después de todo, la mayoría de la población del país no estaba vacunada frente a los poxvirus. (La República Democrática del Congo dejó de vacunar frente a la viruela en 1980).

Pero otras investigaciones indicaban que estaba pasando algo más. El ecólogo James Lloyd-Smith, uno de los colaboradores de Rimoin en la UCLA, utiliza modelos informáticos para estudiar el modo en que las enfermedades se propagan de los animales a los humanos. Tras analizar los datos de Rimoin, pensó que la suspensión de la vacuna de la viruela y la posterior pérdida de inmunidad frente a los poxvirus no podían explicar por completo el aumento de los casos. Sin duda, los acontecimientos en que los roedores infectados trasmitieron el virus a los humanos debieron al menos quintuplicarse.

El motivo por el que la viruela del simio se propaga a los humanos con mayor frecuencia es motivo de discusión. Tal vez el desmonte continuado de las tierras para su uso agrícola y para la quema de madera haya facilitado el contacto de las personas con ardillas, ratones y otros roedores infectados. Además, la población puede haberse visto obligada a comer animales potencialmente infectados como consecuencia de la guerra civil congoleña. Un estudio realizado en 2009 y publicado en octubre de 2011 señaló que un tercio de la población del Congo rural se alimenta de roedores hallados muertos en el bosque y que, curiosamente, el 35% de los casos de viruela del simio tienen lugar durante la temporada de caza y de labranza. La mayoría de las personas contraen la viruela del simio por contacto directo con animales infectados, al manipularlos o comerlos.

Rimoin y otros virólogos temen que con las mayores oportunidades de infectar a las personas, la viruela del simio pueda adaptarse mejor al cuerpo humano. Buller estudia las formas en las que los ortopoxvirus causan las enfermedades en los humanos y en los animales. La viruela del simio "ya puede matar a la gente", dice, y también puede propagarse entre las personas, solo que no tan bien. Lo único necesario para transformar la viruela del simio en un patógeno humano mucho más contagioso serían unos pocos ajustes sin importancia en un rasgo vírico actual.

PROPAGACIÓN DE LA VIRUELA BOVINA

Los informes sobre personas y animales infectados por roedores con el virus de la viruela bovina también están aumentando, en este caso en Europa.

Las infecciones por esa viruela resultan leves en la mayoría de las personas. Después de que el virus se introduzca en las células y desarme la respuesta  inmunitaria inicial del huésped, una descarga de anticuerpos fabricados por la víctima frente al virus evita que patógeno se propague a los tejidos del cuerpo. No ocurre así en las personas con el sistema inmunitario debilitado, ya sea a causa de infección por VIH, quimioterapia o tratamiento para evitar el rechazo de un trasplante. Según Malcolm Bennett, de la Universidad de Liverpool, esas personas pueden sufrir una enfermedad parecida a la viruela y fallecer. Los expertos en salud pública estiman que, desde 1972, el número de personas inmunodeprimidas en EEUU. con propensión a padecer una enfermedad grave debida a la viruela bovina y a otros poxvirus ha aumentado en 100 veces.

Bennett, patólogo veterinario, estudia la ecología y la evolución de la viruela bovina en la fauna salvaje. En el Reino Unido, el virus reside en los topillos rojos, topillos de campo y ratones campestres sin causar daños. Los gatos domésticos lo contraen de los roedores que cazan y pueden exponer a las personas que cuidan de ellos a la enfermedad, una cadena de eventos que explica la mitad de los casos de viruela bovina en humanos en el Reino Unido.

Al igual que la viruela del simio, la bovina ha empezado a hacer incursiones en animales distintos de sus reservorios normales. Con las poblaciones de topillos rojos en auge gracias a los inviernos suaves y otras condiciones climatológicas favorables, las ratas tal vez hayan empezado a desempeñar la función de intermediario en la transmisión de esa enfermedad, como la que tuvieron los perritos de las praderas en el brote de la viruela del simio de 2003. Mary Reynolds, epidemióloga en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los EEUU., apunta que ha habido un aumento de los informes sobre casos de viruela bovina asociados a ratas, ya sean relacionados con animales o con mascotas. Esa tendencia resulta preocupante, porque las ratas pardas y negras se multiplican con gran eficacia por todo el mundo. Si la viruela bovina se establece en las ratas, podrían infectarse varios millones de personas más que con los topillos y los ratones de campo, a causa de una mordedura de rata o el contacto con sus excrementos.

De hecho, los ortopoxvirus presentan una enorme capacidad para colonizar especies nuevas. El virus que se utilizó para crear las vacunas modernas contra la viruela ahora se propaga libremente en el ganado lechero de Brasil, así como en los búfalos de la India. Y hay una serie de ortopoxvirus que nunca se han aislado o caracterizado por completo, señala Reynolds. Dadas las oportunidades adecuadas, las cepas de viruela menos conocidas podrían extender sus áreas de distribución en nuevas regiones y especies. Algunas se volverán patógenas para los humanos, añade Bennett. "Simplemente, todavía no han logrado dar el salto a nuestra especie".

TODA VIGILANCIA ES POCA

A medida que va aumentando el número de personas que nunca han recibido la vacuna contra la viruela, los virólogos esperan que la incidencia de la viruela del simio, la bovina y otros tipos de poxvirus siga creciendo en los humanos.

Si alguno de esos virus adquiere la capacidad de infectar a las personas, se necesitarán nuevos fármacos y vacunas (y los recursos necesarios para utilizarlos) para contener la amenaza. Debido al temor de la liberación intencionada del virus de la viruela, surgido a raíz del 11-S, se están desarrollando una serie de nuevas vacunas y fármacos para combatir la enfermedad. Tales fármacos quizá proporcionen también protección frente a los poxvirus que aparezcan de forma natural. Pero la producción y la distribución de estos, así como la protección frente a sus inevitables efectos adversos, constituirá una tarea más compleja y costosa. Las nuevas vacunas contra la viruela, como Imvamune, de Bavarian-Nordic, se han diseñado para administrarse de forma segura, incluso para las personas inmunodeprimidas; pero deben ofrecerse en dosis más elevadas y en dos aplicaciones en lugar de una, lo que las hace más caras que las vacunas tradicionales contra la viruela. Un fármaco nuevo, ST 246, fabricado por Siga Technologies, evita que los ortopoxvirus pasen de aprobado por lo Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de los EEUU., el gobierno federal ya ha comprado una gran cantidad del medicamento y lo ha incorporado a la reserva nacional de defensa biológica.

En lugares como la cuenca rural del río Congo, con limitaciones en la financiación sanitaria para nuevas vacunas y fármacos de vanguardia, la mejor opción por ahora tal vez consista en realizar una mayor vigilancia y desarrollar programas de educación de la comunidad. Gracias a un programa de educación sobre la viruela del simio llevada a cabo por los CDC, junto con funcionarios locales de salud y organizaciones no gubernamentales de la República Democrática del Congo, la proporción de la población que supo reconocer los casos de viruela del simio aumentó del 23 al 61%. La difícil vigilancia de Rimoin sobre esa enfermedad también continúa. La investigadora lleva a cabo nuevos estudios encaminados a la secuenciación de los genes de variantes que infectan hoy a animales y personas para ver cómo puede estar cambiando el virus. Una mejor detección significa más oportunidades de atender y aislar a las personas infectadas, lo que reduce la posibilidad del virus de mutar en nuevas formas que se propaguen con mayor eficacia entre las personas.

La antigua guerra de los poxvirus y los humanos quizá no terminará cuando aquel trabajador de 21 años de edad de un hospital somalí se deshizo de la infección de viruela en 1977. Con las nuevas herramientas y medidas de vigilancia, los expertos se hallan mejor armados y se mantienen más alerta que nunca. Pero para evitar que otro virus de la viruela asole a la humanidad, la sociedad deberá mantener esas defensas durante algún tiempo más.


Autora: Sonia Shah, periodista científica y autora de The fever: how malarias has ruled humankind for 500.000 years ("La fiebre: cómo la malaria ha dominado a la humanidad durante 500.000 años") Actualmente escribe un nuevo libro sobre enfermedades emergentes.

Bibliografía:
  • Extended interhuman transmission of monkeypox in a hospital community in the Republic of the Congo, 2003. Lynne A. Learned et al. en American Journal of Tropical Medicine and Hygiene, vol. 73, nº 2, págs. 428-434, agosto de 2005. www.ajtmh.org/content/73/2/428.full
  • Monkeypox virus and insights into its immunomodulatory proteins. Jessica R. Weaver y Stuart N. Isaacs en Immunology Reviews, vol. 225, págs 96-113, octubre de 2008. www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2567051
  • Major increase in human monkeypox incidence 30 years after smallpox vaccination campaigns cease in the Democratic Republic of Congo. Anne W. Rimoin et al. en Proceedings of the National Academy of Sciences USA, vol. 107, nº 37, págs 16.262-16.267, 14 de septiembre de 2010. www.pnas.org/content/107/37/16262.full
  • Página web del laboratorio de Anne W. Rimoin, de la Universidad de California en Los Ángeles: www.ph.ucla.edu/epi/faculty/rimoin/rimoin.html




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