domingo, 9 de junio de 2013

¡LA IMPRONTA NO SE PUEDE OLVIDAR!

CONTEXTO HISTÓRICO

  • 1859 el biólogo inglés Charles Darwin publica El origen de las especies, donde expone la teoría de la selección natural.
  • 1898 el mentor de Lorenz, el biólogo alemán Oskar Heinroth, estudia el comportamiento de patos y gansos y describe el fenómeno de la impronta.

El zoólogo y médico austriaco Konrad Lorenz fue uno de los padres de la etología, el estudio comparativo del comportamiento animal en el medio natural. A partir del estudio de los gansos y patos de la residencia de verano de su familia en Altenberg (Austria), se dio cuenta de que las crías establecían un vínculo con la madre en cuanto salían del huevo y que, si faltaba aquella, podían hacer lo mismo con una madre adoptiva. Tal fenómeno, al que Lorenz llamó "impronta", ya se había observado antes, pero él fue el primero en estudiarlo de forma sistemática (logrando incluso que los patitos y gansos le aceptaran como madre adoptiva).

Lo que distingue la improntación del aprendizaje, averiguó Lorenz, es que aquella solo se da en una fase específica del desarrollo del animal, a la que denominó "período crítico". A diferencia del aprendizaje, es rápida, funciona con independencia de la conducta, y parece ser irreversible: la impronta no se puede olvidar.

Lorenz observó otros comportamientos instintivos y ligados a ciertas fases del desarrollo, como el cortejo, y los describió como "patrones fijos de la conducta". Estos comportamientos están latentes hasta que estímulos específicos los desencadenan durante un período crítico particular. Lorenz subrayaba que los patrones fijos de conducta no son aprendidos sino genéticamente programados, y como tales han evolucionado por medio de la selección natural.

Después:
  • 1959 los experimentos del psicólogo alemán Eckhard Hess demuestran que en la improntación, lo primero que se aprende es lo que mejor se recuerda, mientras que en el aprendizaje asociativo es lo más reciente lo que se recuerda mejor.
  • 1969 John Bowlby afirma que el apego del recién nacido a su madre es una predisposición genética.

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